La charrería es considerada el deporte nacional por excelencia y su práctica es parte de una tradición que por generaciones mantiene viva la identidad así como el patrimonio cultural. Sus orígenes se relacionan con las actividades en el campo y las haciendas; se conforma por nueve suertes, que son las habilidades demostradas por el charro a pie o cabalgando, entre las que están la cala de caballo, manganas a pie, piales en el lienzo, coleadero, manganas a caballo, terna en el ruedo, jineteo de toro, paso de la muerte y jineteo de yegua.

Alejandro Álvarez Rugarcía tiene 41 años y ha sido charro desde los 14; él, como muchos, viene de una familia donde su madre era escaramuza, por otro lado sus abuelos, su padre, sus hermanos así como sus primos practican la charrería, “Yo creo que ya se nace con el gusto pero también es lo que ves en tu contexto, de chiquito me ponían sombrero de charro y andaba corriendo por toda la casa. Después mis tíos, hermanos de mi mama ya practicaban la charrería y yo los iba a ver todos los domingos; siempre estuve seguro de querer ser como ellos, así que cuando tuve la oportunidad entré de lleno”.

Él ha sido contratado por varios equipos y tuvo la oportunidad de participar en competencias nacionales, así como ser campeón del estado en varias ocasiones, “Para tener un buen nivel en la charrería es importante mantenerte y entrenar, tomarlo como una disciplina que profesionalmente puede dar frutos, pues actualmente muchos charros son pagados y viven de esto. Personalmente decidí alternar mi pasión con mis estudios, pues creo que la vida activa es corta; si tienes un accidente o algo sale mal, ¿de qué vas a vivir después?, así que actualmente trabajo en otra cosa y dedico mis fines de semana o tardes para charrear”.

Alejandro nos contó que para ir a un nacional de charrería, el equipo tiene que ser campeón del estado, para lo cual hay dos oportunidades. Al nacional van alrededor de 100 equipos de toda la República Mexicana y Estados Unidos, “ahí empiezan las eliminatorias hasta que se van haciendo las finales y semifinales, si eres el campeón nacional tienes tu pase directo al campeonato del siguiente año para defender el título. Personalmente yo destacaba en jineteo de toro, jineteo de yegua y paso de la muerte, para lograr esto también es importante la actividad física, tener condición es una de las claves”.

En el Estado existe una tradición muy grande en torno a la charrería, nos contó que Tlaxcala es cuna de los hombres de a caballo, “se dice que aquí estuvieron los primeros indígenas que anduvieron a caballo, hablando de la charrería hay bastante tradición; en las ganaderías de toros bravos hubo muchos toreros charros. Esto se ha mantenido y ha costado mucho porque tiene poca difusión y poco apoyo, lo que se ha hecho es por los logros de la propia comunidad, en Tlaxcala, por ejemplo, las charreadas de feria funcionan mucho gracias a la difusión que se le hace y siempre está llenísimo de gente”, asimismo mencionó que existen alrededor de 15 equipos de charros, y entre ellos hay campeones en su suerte, así como equipos destacados a nivel nacional.

“En el Estado hay varios grupos que dan clases a niños, incluso mi hijo va a entrenar con un equipo infantil de Tlaxcala, por lo que si un joven quiere incursionar en la charrería puede acercarse a alguna charreada o lienzo y preguntar, al final lo principal que se necesita son ganas”, sin embargo mencionó que el deporte es caro ya que debes tener y mantener un caballo, por otro lado la vestimenta suele ser completamente artesanal, y no es muy accesible, “pero al final el que tiene ganas lo logra… digo, yo empecé con ropa prestada y regalada, con lo que vas pudiendo comienzas tus sueños. No todos tienen la posibilidad de llevar un caballo, por lo que en los equipos te ayudan, te los prestan y conforme mejores, las necesidades cambian y el apoyo también”.

Sobre todo, para Alejandro, ser charro lo llena de orgullo, “Soy mexicano y es algo muy nuestro, cuando lo practicas y enseñas a los demás, es padre que te vean, que te aplaudan, te admiren; a veces es indescriptible porque se enchina el cuero, es muy emocionante la adrenalina, pero eso después se transforma, pues ahora que tengo un hijo al que también le gusta; verlo que inicia y quiere ser como yo, me trae recuerdos de cuando yo estaba así y también soñaba con hacer algo dentro de este hermoso deporte”.