Ser transeúnte en Tlaxcala es una aventura hacia el pasado que transformó el arte prehispánico al sobreponerse la cultura y las tradiciones españolas tras la conquista. Como sabemos, los tlaxcaltecas fueron pieza fundamental de la colonización para dar pie al sincretismo cultural, el cual hasta hoy no sólo construye la identidad colectiva sino que acompaña la rutina de nuestros pasos.

Desde los paseos dominicales en la infancia hasta las reuniones adolescentes en los principales cafés de los portales nos acompañamos de la arquitectura del principal cuadro de la ciudad; el perfecto cronotopo de nuestras historias de vida. La capital del estado concentra los centros de trabajo de muchas personas y a pesar de disfrutar el andar, entre la cotidianidad de la vida podríamos perdernos de apreciar el contexto estético que nos rodea y llena la pupila.

Pongámonos los audífonos y comencemos una caminata húmeda en este junio de 2019, ¿qué sería perfecto para acompañarnos?; para mí, lo gris del cielo provoca una nostalgia que pone en alerta los sentidos, entonces pondría Arturo Márquez con el Danzón No. 2, los diez minutos perfectos para este paseo.

El primer paso comienza en la Iglesia del Cristo del Buen Vecino, edificada en el siglo XVIII cuya arquitectura es muy sobria y se acompaña por un cementerio de pocos metros, por el que caminamos en medio para descender por la escalinata que nos dirige al centro, la cual es coronada por dicha iglesia y es la zona perfecta de descanso para admirar una de las más bellas postales que brinda la ciudad.

Posteriormente llegamos al Ex Convento de San Francisco, una construcción fundamental durante la evangelización católica, ya que alberga en sus adentros la primera pila bautismal del Continente Americano; su fachada es sencilla y se adorna de una calzada que acompaña a los transeúntes con un camino de árboles que abrazan sus pasos. En la misma zona encontramos la Capilla Abierta y una vista memorable hacia la plaza de toros Jorge “El Ranchero” Aguilar.

Al terminar la calzada nos encontramos un espacio para el turismo a pie; el parque Xicohténcatl cuenta con una oferta artesanal que nos hará recorrer atentos cada uno de los puestos mientras tomamos una nieve de maracuyá. Después están los portales, ese punto de reunión que acuerdan las amistades tlaxcaltecas “para que no haya pierde”. Posteriormente vemos el Zócalo radiante de movimiento entre los viejitos que bailan los danzones, los que cruzan de la mano, los que cruzan ensimismados, los que cruzan en familia y los que toman fotos a “Timo”. En sus inmediaciones tenemos La Casa de Piedra que ahora alberga un hotel; esa construcción tiene una historia bastante interesante ya que el antiguo dueño era un benévolo abogado que pedía a sus clientes de escasos recursos pagarle con una piedra para la construcción de su casa. Es aquí cuando recuerdo a mi abuelo que me contó hace poco de esos espacios que funcionaron como lugar de alojamiento de los turistas años atrás: El Oriental ubicado frente al Teatro Xicohténcatl –que antes era un cine- y el Hotel Princesa donde ahora se ubica Italian Coffee; qué increíble sería poder viajar al pasado y conocer ese antes. Igualmente en el Zócalo encontramos el Palacio de Gobierno, un lugar que alberga en sus murales la historia de Tlaxcala desde la mano de Desiderio Hernández Xochitiotzin. Al cruzar la calle encontramos la Capilla Real de Indios donde hasta hace unos años se ubicaban las oficinas del Poder Judicial y mucho antes de eso fungía como un centro religioso.

Continuamos caminando y encontramos la Parroquia de San José, cuya arquitectura se caracteriza por su estilo barroco al exterior. Desde su edificación en el siglo XVII ha albergado a feligreses católicos, pero actualmente se encuentra en un proceso de restauración ya que sufrió daños durante el sismo de septiembre de 2017. A espaldas de la Parroquia encontramos la Plaza Juárez y el Palacio Legislativo, que se caracteriza por el bello vitro mural que representa los cuatro señoríos tlaxcaltecas: Ocotelulco, Quiahuiztlán, Tepeticpac y Tizatlán.

Poco a poco nuestra ruta nos ha alejado del cuadro principal y es cuando encontramos las Escalinatas de los Héroes; llamadas así, justamente como homenaje a personajes de la Independencia de México y aunque es una construcción más reciente, no deja de ser uno de los principales miradores donde se dan cita desde turistas hasta parejas de enamorados a contemplar el hermoso paisaje que nos regala, sobre todo en primavera, cuando las jacarandas florecen y pintan de morado la ciudad.

Es así como poco a poco ascendemos a la Central de Autobuses dejando atrás la arquitectura de un pasado que nos acompaña. Nuestra canción termina y seguimos andando en modo aleatorio…