Tlaxcala, Tlax. Este día recordamos el sismo del 19 de septiembre de 2017, que dejó como saldo 369 muertos y miles de damnificados, pero también desencadenó la solidaridad que unió a todo el País. En Tlaxcala, la fuerza y el apoyo de la gente se vio reflejada en los múltiples centros de acopio que recibían grandes cantidades de donaciones, muchos de ellos encabezados o liderados por jóvenes. Ayudona es un colectivo de jóvenes que buscan ayudar a grupos vulnerables en Tlaxcala a partir de eventos, donaciones y talleres sobre violencia, género y sexualidad. Héctor Hernández, vicepresidente del colectivo platicó con Escenario Tlaxcala acerca de cómo vivieron el voluntariado tras el sismo.

Para comenzar, entramos en tema sobre la labor de Ayudona; “comenzó con la intención de ayudar a sectores vulnerables de Tlaxcala, al colectivo lo conforman jóvenes desde los 15 años y hay algunos miembros que son itinerantes. Comenzamos cinco personas y con el tiempo se agregaron más”. Para ellos es importante el vínculo con grupos, asociaciones o instituciones de ayuda como la Casa del Migrante, el asilo de Españita, con el orfanato de Ocotlán, y es así como buscan la manera de ayudarlos a partir de sus necesidades. En 2017, tras el sismo, se preguntaron cómo ayudar, qué hacer por las personas afectadas, por lo que se reunieron en la Plaza Xicohténcatl para recibir víveres, comenzaron a publicar en Instagram y Facebook; fue así como comenzó esta semilla que se traduciría en alrededor de ocho toneladas de ayuda.

“Llegamos a instalarnos con una lona y tres bolsas de ropa que teníamos de una donación anterior, otras bolsas y cajas para recibir más donaciones. Posteriormente más personas se fueron sumando a la causa, de ser cuatro personas con una lona y tres bolsas pasamos a tener toldos, varias lonas, 20 cajas llenas de víveres, 50 personas ayudando y eso se escaló durante tres días hasta que llegamos a tener 250 voluntarios”; en un solo día juntaron cuatro toneladas de ayuda y tuvieron centros de acopio en Huamantla, Apizaco, Chiautempan, Nanacamilpa y Tlaxcala centro, así como otros más pequeños.
Los voluntarios fueron llegando hasta hacer una comunidad; se hizo una cadena de ayuda gracias al flujo de voz en voz y las publicaciones en redes sociales. También se sumaron otros colectivos como Mujer Utopía, ONU Mujeres, un grupo de estudiantes del COBAT con alrededor de 20 jóvenes; “Dijeron que no tenían dinero, somos estudiantes pero queremos ayudar. Igualmente un grupo de ciclistas, otro que rescataban perros. Eramos fuertes por los voluntarios por la gente de Tlaxcala que la hace fuerte”.
Para Héctor, fue importante la difusión en redes sociales, pero cree que no lo es todo, ya que en Tlaxcala aún no representan una fortaleza informativa; “Existe pobreza y algunos jóvenes no tienen acceso tan fácil, tal vez tienes un celular pero no tienes datos”; por lo que apostaron por ir de persona en persona, recibir a quienes querían ayudar y teniendo contacto con las instituciones y otros colectivos.

Es importante destacar que a los centros de acopio llegaban niños con sus papás; “Eran los niños los que querían ayudar aunque sea con una botella de agua, llegaron personas de todas las edades cuya única intención era ayudar. Alumnos de un COBAT y un CECyTE fueron a pedir donaciones a mercados ubicados en el Estado y recibieron desde maíz, frijol, comida enlata. En alrededor de tres horas tenían cinco cajas de cartón llenas de ayuda. El grupo de ciclistas se encargó de ir de casa en casa. Yo estaba muy feliz, era mucho trabajo, pero la unión de la gente es algo que contagia”.

El colectivo calcula que todo lo recaudado fueron alrededor de ocho toneladas, que fueron destinadas gracias al vínculo con asociaciones en Morelos, Puebla y Ciudad de México; “Por ejemplo, recibimos croquetas y todas se fueron a Ciudad de México porque es donde hay más animales, por otro lado las medicinas y los alimentos a comunidades rurales entre Morelos y Puebla, yo fui a una llamada Alpanocan que es una comunidad de escasos recursos”, otros víveres fueron enviados en camiones de Grupo Modelo hacía la ciudad de Morelos. La ayuda humanitaria fue también muy importante; varios contingentes con médicos voluntarios se fueron a las comunidades a ayudar.

En cuanto a su experiencia personal nos contó que fue muy trascendente: “Dormí durante cuatro horas cada día porque eran las 6 de la mañana y me levantaba a resolver los problemas que se presentaban para los traslados o algunos permisos que se debían gestionar, y me iba a dormir ya muy noche, pero no sólo era yo, éramos muchos los voluntarios que hacíamos eso con toda la emoción. No es algo personal, no es que yo sintiera que hacía algo bueno, sino, era lo que contagia ver cómo la gente le interesaba apoyar; había niños, ancianos, estudiantes, trabajadores y trabajadoras, eso llena, no importa que no comas, sentir la unidad y poder ayudar, saber que los tlaxcaltecas no son apáticos ante los problemas de otros me hizo feliz”.

Posteriormente, Ayudona reafirmo su sentido, el voluntariado creció y el alcance del colectivo fue de mayor impacto, por lo que sintieron que debían hacer más por la gente. A partir del sismo y cuando todo comenzó a marchar con normalidad hicieron una red más grande; “Si llegábamos antes a 500 personas, ahora podíamos llegar a 6000”, esto influyó en que las donaciones aumentaran y a partir de eso han continuado con su labor a través de asociaciones. Asimismo, empezaron a impartir talleres en secundarias sobre sexualidad y equidad de género para tratar de contrarrestar la cultura machista que vive Tlaxcala.

Por último Héctor nos regaló una reflexión que surgió cuando lo cuestionamos sobre la importancia de la solidaridad; “Una sociedad es tan fuerte como su grupo más vulnerable, si nosotros permitimos que al migrante, a la mujer, a aquel que perdió su casa se le denigre, nos somos una sociedad unida ni fuerte; lo que nos puede llevar a delinquir, a la pobreza… necesitamos como sociedad aprender a apoyarnos, y que cuando apoyas a alguien más, también lo haces para ti.

Hay un poema que dice más o menos: Cuando retiemblen las campanas no me preguntes en qué nombre, porque retiemblan en ti. Si la tierra perdiera una isla eso le dolería a todo el mundo, ¿por qué?; porque una persona de Tijuana es tan mexicano como un tlaxcalteca de Totolac y poder apoyar a nuestros compañeros, a nuestra gente, nos da unidad como seres humanos”.