Totolac, Tlax Al hablar de artesanías lo primero que imaginamos son objetos; desde una canasta, un plato, joyería, decoraciones para el hogar, hasta juguetes; son demasiados los productos que podemos encontrar en nuestro País.

Tlaxcala es uno de los estados más ricos en cuanto a variedad artesanal, tal es el caso del pan de fiesta, que por su proceso de elaboración y valor cultural es considerado una artesanía, así lo señala Alberto Juárez Minor, mejor conocido como Don Quiro, originario de San Juan Totolac. Él tiene 69 años, desde los 10 comenzó a ayudar a sus abuelos y sus padres, Artemio Juárez y Guadalupe Minor, quienes como legado le dejaron un oficio que se ha convertido en su mayor orgullo.

En Totolac, gran porcentaje de las familias se dedican a la elaboración de pan de fiesta, es una actividad que les da identidad, representa la preservación de técnicas heredadas por sus antepasados, ya que desde el encuentro entre españoles e indígenas vieron gestar una tradición que con los años se ha mantenido viva.

Don Quiro es un hombre afable y empático, desde que llegas a su taller te recibe como si te conociera de hace mucho tiempo e inmediatamente otorga esa confianza tan peculiar que los adultos mayores transmiten con la tradición oral, esta entrevista fluyó entre un delicioso olor que brotaba del pan recién hecho, y aunque estaba muy apresurado porque tenía un pedido de pan de muerto, amablemente nos contó su historia de vida al ritmo de su trabajo, mientras, nosotros comíamos el pan que nos iba regalando.

“Esta gran artesanía viene desde mis ancestros, mis bisabuelos, mis abuelos, mis padres, y ahora nosotros. El horno que dejó construido mi padre lleva aproximadamente 60 años y está elaborado con ladrillo y pegado con barro, nuestra artesanía tratamos de conservarla como lo hacían ellos, es importante que el pan sea artesanal, no comercial, desde su elaboración debe ser hecho con las mejores materias primas; anteriormente, por ejemplo, se conocía como pan de pulque porque no existían las pastas industrializadas como hoy, por lo que nuestros ancestros amasaban su pan con un derivado del pulque y este hacía fermentar la masa para al otro día ser horneado”.

Para el proceso de elaboración del pan de fiesta, Don Quiro señala que se utilizan entre 3 a 5 bultos de harina de 44 kilos cada uno. El pan tradicional lleva harina, azúcar y manteca, se puede degustar con helado, mole poblado y tlatlapas, los ingredientes se amasan a partir de las 7 u 8 de la noche para poder comenzar a elaborarlo desde las 4 de la mañana y se concluye aproximadamente a las 5 de la tarde, “realizamos el pan tradicional que es de escalerita, también cocolitos, así como panes especiales en cuanto a su diseño, pero por ejemplo, los primeros panes que se elaboraron fueron uno redondito y pequeño que en la época de mi abuelo costaba dos centavos, y llevaba un hilito atravesado de masa, ese era el primer pan de fiesta. Después vino la famosa pechuga con forma de cocol y una ranurita en medio, después el pan en gajo, los redondos y los especiales”.

Asimismo, mencionó que el pan de muerto es muy diferente desde su preparación, “al pan hay que elaborarlo en su momento, de otra manera se nos puede echar a perder la masa o se le va el dulce, hasta para hornearlo hay que tener mucho cuidado, cuando están los panes adentro hay que cuidar no sacarlos porque les pega el viento y se bajan, entonces ya parecerían una tortilla, no un pan, el pan tiene que estar abultadito. Además aquí, en su mayor parte horneamos con leña de encino que deja un sabor muy especial”.

Don Quiro cuando se refiere al pan, afirma que es una artesanía, al preguntarle por qué, lo define de la manera más poética posible, “se trata un proceso que percibo, que siento en el corazón, lo veo, lo elaboro, decir que es artesanía debe ser como quien confecciona algo que quiere y es de su creatividad, porque se ha valido de los recursos naturales, de la tierra, todo viene de ahí. Además desde el lado histórico, esta gran y bonita artesanía es parte del intercambio cultural entre indígenas y españoles”, por otro lado señaló que San Juan Totolac es cuna del pan de fiesta, “aquí se venera a Santa María de las Nieves que anteriormente tenía su iglesia en lo que ahora es el recinto ferial, pero las inundaciones eran tremendas y nuestros ancestros en 1860 construyeron en la parte alta de la iglesia para venerar a San Juan Bautista,  fue así como un día grandes franciscanos y españoles, así como pueblos vecinos vinieron a la fiesta el dos de enero, día del Dulce nombre de Jesús, fue ahí donde se repartió por primera vez el pan a todos los asistentes”.

Asimismo mencionó que los artesanos de San Juan Totolac han puesto en alto a su municipio y sobre todo al estado de Tlaxcala, “afortunadamente todos mis paisanos tienen un gran prestigio pues así como yo realizan esta actividad con esfuerzo y entusiasmo, esto es lo que nos forma, aquí hay grandes artesanos. El pasado mes de agosto tuve la oportunidad de poner un stand en el World Trade Center de Ciudad de México, a donde acudieron varias autoridades y personalidades de primer nivel, así que con orgullo representé a Tlaxcala a través de mi pan, de mi artesanía y eso es muy importante para mí”.

Su pan llega a varios puntos de Tlaxcala, Hidalgo y Puebla, he incluso se ha distribuido en Estados Unidos, Canadá, Perú, Bolivia, Argentina y Europa, por lo que ser reconocido por su trabajo lo hace comprometerse más, “primero debo dar gracias a Dios por tener padres artesanos, por ser totolaquense y sobre todo ser tlaxcalteca. Cuando yo elaboro mi pan me persigno y le pido a Dios que me permita seguir haciendo con entusiasmo, con el corazón, con mis manos el pan sagrado, y en el proceso de elaboración recuerdo a mis padres porque somos de una familia sencilla y humilde que salió adelante gracias a este sagrado pan, yo entrego el corazón para su elaboración en el horno, me entrego para llevar el alimento a quien nos hace favor de comprar nuestro producto”.

Después de elaborar el pan de fiesta en familia, lo empacan con hojas de sapote y utilizan huacales hechos con varas de las faldas del Popocatépetl, es ahí donde acomodan su pan y posteriormente se distribuye en todas las fiestas patronales, donde nosotros, los simples mortales compramos y llevamos a los moles en señal de agradecimiento por la invitación o  a nuestras casas, algo así como nos contó Erika González y su esposo, originarios de Tlaxco, quienes fueron a una junta a la escuela de su hijo en Totolac y mientras bajaban en su auto para regresar a casa, el olor del pan los hizo dar la vuelta para comprar, así conocieron a Don Quiro. Ellos consideran que el sabor del pan es mejor cuando es hecho a la antigua, hecho a mano y en un horno de leña, “tenemos que valorar lo que nos llevamos a la boca y si tiene estos procesos es mejor, en casa somos bien paneros y este olor fue irresistible”, dijo Erika entre risas, quien tras disfrutar -como nosotros- de la plática tan amena de este gran artesano, se llevaron pan de muerto para poner en su ofrenda y posteriormente compartir en familia. Ellos nos regalaron queso y tlaxcales, fue ahí cuando nos encontramos en un ambiente de felicidad, unido por el placer de comer, por el gusto por compartir una plática llena de orgullo por ser tlaxcaltecas y tener la dicha de disfrutar todo lo que nuestro Estado nos brinda.