Vivimos en una sociedad donde lamentablemente la violencia hacia las mujeres se ha normalizado a tal grado que, para los ojos comunes es ya cada vez más inidentificable, a pesar de que las vivimos o ejercemos, llegando a decir en muchos casos que “ya no existe como antes” “el lugar más seguro para las mujeres es su casa” o que “hombres y mujeres vivimos las mismas violencias”, pero ¿Qué hay de cierto en ello? Analicemos algunos datos para sacar algunas conclusiones.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que en el mundo algunos países han alcanzado niveles de violencia hacia las mujeres realmente alarmantes, sobre todo en aquellas que se viven en las relaciones de pareja, ha documentado que hasta un 70% de las mujeres ha experimentado violencia física y/o sexual por parte de sus parejas a lo largo de su vida.

Este organismo, estima que durante 2017 fueron asesinadas en el mundo 87 000 mujeres, de las cuales alrededor del 58% (más de 50,000) fueron asesinadas por sus parejas u otros miembros de su familia.

De acuerdo con el Informe Mundial de Homicidio 2012, de la ONU, del total de homicidios de mujeres en el mundo, el 47% fueron cometidos por su pareja (o un familiar); en el caso de los hombres, los homicidios perpetrados por su pareja (o un familiar) fueron el 6%.

Para el caso mexicano, datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) documentan que, de enero de 2015 a lo que va de 2019, en promedio casi 9 mujeres al día son asesinadas (muchas de ellas por sus esposos o parejas), es decir, aproximadamente cada dos horas y media una mujer es asesinada en nuestro país.

Respecto a otras violencias extremas que viven las mujeres y niñas, el INEGI identificó a través de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016 que del total de mujeres que fueron abusadas sexualmente durante su infancia (menores de 15 años) casi el 70% reportó que el perpetrador de la violencia sexual fue alguno de sus familiares.

En Tlaxcala la violencia y violencia extrema hacia las mujeres y niñas está  a la vista de todos y todas. Datos del SESNSP documentan que hasta septiembre del presente año han sido asesinadas 22 mujeres, muchas de ellas asesinadas por supuestos “amigos” o por sus propias parejas, tan solo recordemos el caso del feminicidio en Acuitlapilco, Tlaxcala o el de la joven quemada en Terrenate. Además, la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) documentó que de enero a octubre del presente año suman ya 42 casos de violaciones y abusos sexuales, de los cuales 38 de los casos (ósea el 92%) han sido mujeres las víctimas.

Es evidente que quienes vivimos la violencia en las relaciones de pareja y el hogar, somos las mujeres pero ¿Dónde está el punto de quiebre? ¿Por qué sucede esto y no lo vemos? El problema tiene nombre, es el sistema patriarcal y neoliberal que sigue sofisticándose para: reproducir las relaciones de superioridad de los hombres hacia las mujeres; Apropiarse del cuerpo de las mujeres como si fuéramos cosas; someter a la mujer en lugar de consensar qué es lo que quieren ambos; sostener los mitos sobre la sexualidad incontrolable de los hombres; viciar el consentimiento de las mujeres y obtener lo que los hombres quieren, entro otros aspectos más.

Se necesitan que los hombres se responsabilicen de sus violencias y se ponga un alto a la reproducción de una masculinidad machista y patriarcal. También que el gobierno del Estado en sus tres niveles (federal, estatal y municipal) elabore e implemente políticas de prevención que desestructuren todas estas relaciones de poder, dominación, que aseguren a las mujeres vivir libres de violencias y que enseñe a los hombres a reconocer sus violencias y a transfórmalas.

Que esta reflexión sirva para no continuar justifiando ningún tipo de violencia: “Es que ella se lo busco”, “No es violación si es su esposa”, “las mujeres provocan a los hombres”, “Yo digo que ella está mintiendo”. Y a los hombres en concreto a hacerse responsables de las violencias que ejercen, a no minimizar, a no culpabilizar, a repensarse como hombre en relaciones con las y los demás.

Marisol Flores Garcia

Centro Fray Julián Garcés Derechos Humanos y Desarrollo Local A. C.