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Porros en la UNAM: agresiones en rectoría, estereotipos en redes sociales

El lunes pasado, un grupo numeroso de estudiantes del CCH Azcapotzalco realizaba una manifestación pacífica en rectoría de la UNAM, cuando un grupo de porros irrumpió en las inmediaciones y con petardos, bombas molotov, piedras y armas punzocortantes, los agredió.

Seguí la noticia ese mismo día por la tarde y a la mañana siguiente. Los medios y los estudiantes en redes sociales hablaban de, por lo menos, 2 personas con heridas graves y otras 12 con heridas menores. Asambleas de distintas facultades se han estado organizando para realizar marchas y pronunciamientos en los próximos días.

De entre toda la información y las imágenes de lo sucedido, dos fotografías (las que aquí se muestran) llamaron mi atención. En la primera aparecen jóvenes vestidos de negro, algunos encapuchados y portando palos, piedras o cualquier artefacto que pudieran utilizarse como arma. En redes sociales se les empezó a identificar como los presuntos agresores, como un grupo de anarquistas, como los supuestos porros.

En la otra fotografía se ve a un joven lanzando un golpe a otros dos que intentan cubrirse (uno de ellos herido). El agresor porta una sudadera del equipo de fútbol americano del CCH, mientras que los segundos están nuevamente ataviados de negro, con el cabello largo y pintado, con un look –diríamos- punk.

Si uno mira únicamente la primera fotografía, así, de bote pronto, sin mayor información, diría que ellos eran los porros. No es sino hasta que llegamos a la segunda fotografía que dudamos de quién es quién.

Resulta que los porros portaban, en su mayoría, jerseys del equipo de americano del CCH para confundir a la gente. Por su lado, los estudiantes que se estaban manifestando –insisto, de manera pacífica- iban de ropa normal, sin un emblema o ropa que los identificara como del CCH o de la UNAM. Y, cuando los porros llegaron a agredir a los estudiantes, el grupo de negro -que también estaba en la asamblea- se interpuso entre los porros y los estudiantes, y repelió la agresión. Sí, los de negro no son los porros, defendieron a los estudiantes.

Esa imagen preconcebida que tenemos de las cosas, de las personas o las situaciones, como sabemos, se llama estereotipo. Y no, en esencia los estereotipos no son malos.

Para Walter Lippmann (1922) el estereotipo es perfectamente normal e, incluso, deseable. Gracias al estereotipo cuando pensamos reducimos la complejidad social y nos la explicamos de manera más rápida y sencilla. Esto funciona anclando conocimientos nuevos con conocimientos anteriores. El conocimiento se va construyendo y modelando conforme recibamos nueva información que confirme lo inicialmente aprendido. Por ejemplo, si una persona de edad mayor entra a un salón de clases y además está vestido con estilo formal o semi formal, usa lentes y corbata, es común que los alumnos piensen que se trata de un profesor (tal vez uno nuevo). Esto sucede porque tienen una idea preconcebida de cómo luce un profesor.

No obstante, puede ser que esta persona sea un nuevo alumno a pesar de su edad, o alguien que no tenga nada que ver con lo que los alumnos imaginaron.

Así pasa también con las noticias. Si escuchamos sobre un conflicto o un bombardeo, seguramente lo primero que llegará a nuestra mente –y sin tener mayor información- es que el hecho sucedió en Irán, en la Franja de Gaza o en otro lugar de Medio Oriente. Difícilmente pensaríamos en Australia, por ejemplo.

El problema con los estereotipos es que les hemos dado una carga connotativa negativa. Por ello la esencia cambió, ahora cuando hablamos de estereotipo nos referimos a la manera exagerada o incorrecta con la que prejuzgamos personas, hechos o situaciones.

Sobre el enfrentamiento en la UNAM, el estereotipo (negativo) dictaba que los porros eran las personas vestidas de negro quienes, además, tenían piedras y palos en mano, eso hipotéticamente los incriminaba. Pero no fue así, en este caso los porros portaban los jerseys de americano.

Afortunadamente, pasadas las horas los mismos estudiantes comenzaron a desmentir la información de redes sociales. Aún con esto, hubo quienes insistían en que la apariencia de ‘los anarcos’ y los estudiantes del CCH hacía que confundieran quién era quién en el conflicto. Porque claro, si vemos a un chico vestido de negro y con estilo punk no hay duda de que es un revoltoso (eso último fue sarcasmo).

Vale recordar lo importante que es consultar distintas fuentes de información, contrastarlas y revisar su autenticidad, así como la de las fotografías. Hacerlo, aunado al estereotipo (el que nos ayuda a explicar las cosas, no al negativo), hará que nos acerquemos lo más posible a la realidad.

#FueraPorrosDeLaUNAM  #UNAMEnPaz

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