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Presenta Solalinde presenta libro autobiográfico en Tlaxcala; aborda niñez, clero y defensa de los migrantes

Tlaxcala, Tlax. La biografía de Alejandro solalinde se emparenta con la de los santos de la iglesia católica que probaron la mundanidad, iniciaron el proceso de ascesis y retornaron al mundo para cumplir con la misión mirándose en los otros menos favorecidos.

Durante la presentación la tarde de ayer del libro autobiográfico “Confesiones de un misionero: mi vida itinerante”, en coautoría con la periodista Karla María Gutiérrez bajo el sello de la casa Editorial Harper Collins México, el periodista tlaxcalteca Martín Rodríguez sintetizó la vida itinerante del sacerdote que llamó a la iglesia católica “administradora pragmática capitalista” de la fe.

Solalinde pasó de una niñez “rebelde” a la decisión de hacerse sacerdote, de ser “padrecito catrín” para retornar por conciencia social y católica a la defensa de los derechos humanos de los migrantes que durante el sexenio de Felipe Calderón padecieron el auge de la violencia.

En el prólogo, que fue escrito por Bernardo Barranco, periodista y especialista en temas de religión, se describe la conversión de Solalinde que recuerda en mucho, antes de Confesiones de San Agustín, a la conversión moral platónica: estar en el mundo, ascender a las Ideas y retornar al mundo.

Por lo menos así lo dejó ver Martín Rodríguez y Karla María Gutiérrez al relatar los amores del sacerdote nominado al premio nobel; la búsqueda misionera; la prisión; las innumerables amenazas de delincuentes, burócratas de medio pelo y altos funcionarios de los tres niveles de gobierno; así como la defensa desinteresada por el prójimo, la fundación del albergue Amigos en el Camino y su viraje a la teología de la liberación que descubrió con Samuel Ruiz y Oscar Arnulfo Romero.

El tono cambia cuando Alejandro Solalinde toma la palabra: su vida no es tanto de él como de los demás, de los migrantes del albergue de Ixtepec en Oaxaca, de sus recorridos de sur a norte en defensa de los migrantes.

Ahora, colocado como figura pública “con calidad moral”, el sacerdote “deja testimonio del revoltoso que un día decidió hacerse sacerdote, que ofició junto a un Papa, que fue encarcelado en una mazmorra en Oaxaca, amenazado de muerte, casi linchado y ahora voz de los migrantes” en México.

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