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¿Qué supone votar y no votar?

Frente al panorama político-electoral  que se vive en México es necesario hacer un análisis reflexivo que permita entender la gran carga histórica de los movimientos sociales y sus trayectorias hacia la “democracia”.

El surgimiento del voto como la expresión de la voluntad ciudadana, es el elemento fundamental dentro del ejercicio democrático, y que atiende a las necesidades de la Reforma Política de 1977,  la cual reafirmaba que la sociedad ya no cabía dentro del sistema presidencialista del partido hegemónico[1] y que era necesario una pluralidad de partidos que satisficiera las ideologías de la oposición. Es importante subrayar que diversas luchas sociales permitieron que el voto fuera un derecho constitucional, sin embargo, fue el movimiento de 1968 el que tuvo un impacto social significativo, pues pretendía cambiar las condiciones políticas que se vivían en ese momento y sirvió como llamada a la democracia.

No fue hasta 1990 con la creación del Instituto Federal Electoral (actualmente INE) cuando se pretendió ciudadanizar al organismo electoral responsable de las elecciones en México. Para ese momento los cambios institucionales consideraron emitir diversas normas que permitieran una participación justa de la ciudadanía, entre las cuales se considera como esencial el ejercicio del sufragio a determinada edad; de esta manera se estableció que a los 18 años se podía confiar con el mínimo de madurez para poder participar dentro de las prácticas políticas, y fue mediante una lista nominal que se tuvo control de las personas que tenían credencial de elector y que pudieran ejercer su derecho al voto.

Sin embargo este sistema electoral y de partidos no brindó satisfacción a las expectativas de gran parte de la ciudadanía, pues tras la alternancia política en el 2000 se creía que México podía tener una ruptura con su pasado autoritario, sin embargo, la administración presidencial de entonces demostró que no fue así, lo que empezó a originar un desencanto político frente a los procesos democráticos; el fraude electoral en el 2006 también fue clave para que se empezara a cuestionar la utilidad del voto en las transformaciones sociales y políticas, lo que ha originado diversas determinaciones ciudadanas que manifiestan su inconformidad al sistema electoral con la anulación del voto, abstención del voto o simplemente dejando la boleta en blanco. Pero, ¿qué impacto pueden tener estas acciones para el ejercicio de la democracia en México? Diversos autores han explicado desde sus posturas intelectuales los posibles resultados que emergen sobre estas acciones entorno al ejercicio político del voto.

De acuerdo con Fernando Savater, en su libro, Una política para Amador,  explica que los griegos usaban el vocablo idiotés para describir a aquellas personas que no se interesaban en los procesos políticos, ”una palabra que significaba persona aislada, sin nada que ofrecer a los demás, obsesionada por las pequeñeces de su casa y manipulada a fin de cuentas por todos” (Savater,1992).  Con esto no quiero denostar la lucha que han llevado algunos movimientos que se pronuncian en contra del voto, pues es evidente que el sistema de partidos llega a cometer ilegalidades que ponen en riesgo la democracia, y que es justa y necesaria la manifestación de distintas posturas respecto a la poca reciprocidad del sistema de partidos.

De acuerdo con Vázquez (2012) La práctica del voto nulo (y del voto en blanco) es uno de los desafíos de los sistemas democráticos, pues el ejercicio del sufragio constituye una de las manifestaciones de la ciudadanía. En el 2009, Lorenzo Meyer mencionaba que “la razón de fondo de la actual desilusión ciudadana” tiene entre sus fuentes “la incapacidad de los partidos de tomar en cuenta, de asumir como propios y transformar en políticas efectivas los intereses de la mayoría”[2].

Por tanto la existencia de este tipo de voto se expresa como la emisión de un voto de protesta. Sin embargo, en la actualidad, México no cuenta con una legislación que permita que los votos en blanco sean considerados como una manifestación política y que se actúe en torno a ello. Por otro lado, la abstención al voto es una forma pasiva que expresa también el descontento ciudadano.

Siendo así ¿qué es lo que realmente supone votar o no votar? Hacerlo o no, es tú decisión, sin embargo cuando tú votas, ejerces  un derecho que atravesó años y años de lucha y que costó sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor [3]. Lo importante es generar conciencia frente a éste ejercicio democrático y repensar cuáles han sido los eventos sociales que han fracturado a nuestra sociedad, para así poder elegir y decidir libremente éste primero de julio.

[1] Retomado del libro de José Antonio Crespo ¿Tiene futuro el PRI? Entre la supervivencia democrática y la desintegración total. 1998. Capítulo 1. El PRI como partido hegemónico.

[2] Lorenzo Meyer, “Agenda ciudadana/El voto nulo o consecuencias de la inconsecuencia”, en Reforma, 2 de julio de 2009.

[3] Winston Churchill, 1940.

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