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Regidurías, una figura que ensucia las estructuras municipales

Actualmente existe un mercado negro de compra y venta de espacios políticos dentro de los municipios del país. Estos espacios son negociados como parte del botín de los operadores políticos dentro de las corrientes de los partidos. Las regidurías se han convertido en un negocio tanto para candidatos a presidentes municipales como para líderes políticos, pues existe un intercambio de dinero y favores que son pagados con el espacio.

Esto desencadena un ciclo vicioso y perverso donde las complicidades son las ligas que mantienen unido al cabildo municipal. Pocos son aquellos regidores o regidoras que desafían la decisión del alcalde. Prácticamente el equilibrio entre los poderes municipales no existe: Los habitantes del municipio dejamos en manos de personas que muchas veces son desconocidas en nuestra comunidad; además, no son electas de manera directa y pueden aprobar o desaprobar las acciones, programas y presupuestos municipales de desarrollo en sectores como salud, obra publica, servicios municipales, desarrollo del campo, etc.

En Tlaxcala hay un grave absurdo político, nuestros diputados locales quitaron recientemente el voto a los presidentes de comunidad quienes fueron electos mediante un proceso democrático electoral y dejaron en manos de las y los regidores el rumbo de nuestra comunidades. Vaya perversión, se premia la complicidad y se castiga la voluntad de las personas.

Finalmente los tlaxcaltecas pagamos una obesa, inútil e ineficiente estructura municipal, pues los presidentes de comunidad bien podrían hacerse cargo de las funciones del cabildo y así ahorrarnos salarios, prestaciones y moches de personas que muy pocas veces defienden los intereses de nuestras comunidades.

Como le he dicho anteriormente, cualquier ente con fines o sin fines de lucro que carezca de competencia se pervierte y corrompe, además sufre una caída en la calidad del servicio o producto; esto también aplica en nuestra micro política, en nuestros municipios, en la célula de lo que llamamos gobierno. El punto a donde quiero llegar es poner en reflexión que una sana competencia mediante la votación directa en las regidurías sumada a varias acciones, podría dignificar este espacio político. Se crearía una inercia donde las y los regidores colaboren realmente entre sí para llevar beneficios a sus comunidades; con esto empezaremos el camino para el desarrollo municipal, calles alumbradas, drenajes funcionales, agua potable para todos, mejores servicios municipales, apoyos para el campo y el comercio local, institutos de la juventud que realmente impulsen el emprendimiento; que nuestros institutos municipales de la mujer sean espacios dignos, y sumerjan a los ayuntamientos en una verdadera transversalidad en la equidad y genero; que haya más espacios para el arte y deporte.

Por supuesto que esta gestión sería aplaudida y premiada por las personas en las carreras políticas de aquellos que desarrollen honestamente, con transparencia y eficacia su trabajo.

Marco Valencia

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