Los hoteles son lugares que albergan múltiples historias, cuando llegamos a alguno gustamos de encontrar un espacio que nos brinde una sensación de confianza y tranquilidad. Las personas que se encargan de darle ese ambiente tienen una historia, así como experiencias que nos llenaron de curiosidad, por lo que entrevistamos a Guadalupe Camacho Castellanos, una mujer de 58 años, de los cuales 30 se ha dedicado a ser recamarera en un hotel de la capital tlaxcalteca.

Para comenzar ella nos contó que antes ya se había desempeñado laboralmente en hoteles, y en donde está ahora fue gracias a la recomendación de un familiar. Le gusta mucho su trabajo, la prueba es la cantidad de años que lleva trabajando en el mismo hotel; ver su sonrisa y la felicidad que reflejan sus ojos te hace sentir contagiado de lo que cuenta.

La vida de una mucama es igual a la de muchas madres solteras mexicanas, que trabajan para sacar adelante a sus hijos; su vida consiste en una rutina que involucra la responsabilidad de ser ama de casa y trabajadora.  Ella comenzó siendo recamarera y su trabajo consistía en limpiar las habitaciones para que el huésped llegara a un lugar digno. Actualmente se desempeña como ama de llaves, esto quiere decir que es la supervisora de todas las recamareras del hotel, por lo que su trabajo es muy importante ya que se encarga de las habitaciones “rechinen de limpias”.

También nos contó que ha tenido muchísimos halagos por parte de los huéspedes. Debido al buen servicio que brinda como recamarera y lo mucho que le gusta, aprendió a hacer manualidades con rollos de papel y toallas, algo que gusta a los clientes; “Es bonito sentir que te toman en cuenta, que no sólo te vean como la persona que arregla sus cuartos”. Entre risas recuerda la ocasión en que un grupo de muchachas desocupó su habitación al concluir su estancia y cuando entró a hacer la limpieza, abrió el closet y de él salieron muchos globos, además había una carta dirigida a ella donde le escribieron: “muchas gracias a ti que nos tienes limpia la habitación, que eres ama de casa y trabajadora a la vez”, lo que la dejó encantada.

Al evocar anécdotas graciosas menciona que algunas veces llega a tocar para limpiar la habitación y tras no recibir respuesta, ingresa y se encuentra con situaciones o cosas que no tenía que ver. Asimismo, recordó cuando una señora mayor se hospedaba, como muchos; tampoco atendió el llamado a la puerta, cuando Guadalupe entró, las cortinas estaban cerradas y al abrirlas la mujer saltó de su cama; “el susto fue para ambas porque no nos dimos cuenta, además ella llevaba puesta una mascarilla, las dos gritamos mucho”.

Por otro lado, comentó que raro que alguien se lleve algo de las habitaciones, la gente que llega al hotel siempre es muy honesta. Los objetos olvidados regularmente son artículos de uso personal como cremas, shampoos y jabones. Asimismo, menciona que con el paso de los años la gente tiene mucho más cuidado porque ahora traen con ellos dispositivos móviles y cosas de mayor costo que los hace fijarse bien para evitar olvidarlos.

La importancia de su trabajo dentro del ámbito turístico para Guadalupe es la atención a los clientes, recomendar lugares para comer o ir a pasear, pero sobre todo hacerlos sentir bien para que disfruten su estancia. Con los años de experiencia puede descifrar qué clase huésped es una persona; hay personas que les gusta la limpieza extrema y otras que no les gusta que muevas sus cosas, que son muy herméticas, las que no te contestan el saludo; “son fáciles de identificar”, sin embargo, ella nunca ha tenido alguna mala experiencia,  además de que no tiene mucho contacto con el cliente, contrario a lo que muchas personas creen.

Pero también hay momentos guarda con gusto, como la ocasión en que Lyn May se hospedó en el hotel y fue muy amable con las recamaristas; las invitaba a pasar a su habitación para darles consejos de cuidado de la piel.

Algo que le encanta a Guadalupe es el ambiente laboral, porque forma parte de un gran equipo; que es su otra familia, el trabajo le gusta pero la convivencia la hacer olvidar a veces problemas personales, encuentra en ese entorno a amigos en quien confiar; “Aquí, cuando tengo problemas personales llego y se me olvidan, tengo tristezas y se me pasan, es un escaparate de problemáticas, por otro lado mis hijos se sienten orgullosos y cuando les cuento mis experiencias o mi gusto por el trabajo es como si los contagiara con las anécdota sobre el buen trato de mis patrones, de la gente que viene, de mis compañeros”.