20 años de lucha y colaborar en la construcción del bien común: Tiempo de celebrar

Federico Luis Pohls Fuentevilla[1]

Este año se han cumplido ya 20 de que las personas reunidas en la Asamblea de la Pastoral Social de la diócesis de Tlaxcala tomaron la decisión de reunir un grupo de personas que diera seguimiento y las acompañara en la búsqueda de soluciones para los problemas que detectaron y priorizaron, luego de un proceso de diagnóstico bajo el método de Ver – Pensar – Actuar. Método de trabajo que fue asumido en América Latina desde la conferencia episcopal de Medellín en 1968, ratificado en Puebla en 1979, en Aparecida en 2007; y luego vuelto a destacar desde la visión del Papa Francisco considerando ya los pasos de Evaluar y Celebrar, que de por sí ya las comunidades llevaban a cabo.

Así pues, entre finales de 2001 y principios del 2002, desde la dimensión de la Pastoral Social de la diócesis se buscó la forma de estructurar un equipo de trabajo por el que se le pudiera dar cumplimiento a ese mandato de las comunidades parroquiales reunidas en Asamblea. Y para esto fue que, luego de algunos meses de búsqueda y entrevistas con agentes de pastoral de Tlaxcala mismo y de otros lugares, se formó el equipo y se estableció el Centro Fray Julián Garcés Derechos Humanos y Desarrollo Local.[2]

Desde entonces, la misión del Centro se ha definido siempre en el marco de ese mandato inicial: trabajar con y para las comunidades de Tlaxcala, junto con la Pastoral Social de la diócesis y desde la dimensión de la Pastoral de los Derechos Humanos, en la construcción de un sujeto social comprometido con la transformación de su realidad, desde el conocimiento y la lucha por el ejercicio de sus derechos humanos, individuales y colectivos. Y así, a la fecha, lo que se podemos reconocer como Centro Fray Julián en cuanto a los esfuerzos y logros por que se atiendan y corrijan problemas tan graves como la trata de mujeres y niñas para la explotación sexual o la devastación socioambiental provocada principalmente por la contaminación industrial y la urbanización sin control en la Cuenca de Atoyac–Zahuapan, no es más que el resultado del trabajo conjunto de las y los integrantes de los 28 grupos comunitarios y parroquiales con los que trabajamos ahora y de todas las personas que en estos años han participado en el proceso. Igualmente, los avances son fruto del trabajo comprometido de organizaciones hermanas de Tlaxcala y de otras partes del país y hasta de otros países, que han apoyado en las luchas. Y también, claro, mucho de lo que se ha avanzado no sería tan claro hoy sin la participación y el sólido compromiso de las investigadoras y los investigadores que han colaborado con los grupos comunitarios y el Centro, algunas y algunos desde el 2003, con investigaciones directas y muchas reuniones en el territorio para fortalecer los procesos de diagnóstico, los análisis y las propuestas de solución que las mismas personas de las comunidades van formulando. Esta es la manera en la que, durante todos estos años, se han producido y gestionado propuestas normativas, legislativas y de política pública en torno a ambas problemáticas y, a la fecha, se sigue trabajando e insistiendo para que autoridades y las dependencias de los gobiernos estatal, municipales y federal se decidan por fin a trabajar para el bienestar de la población a la que se han comprometido a servir. Hemos aprendido que esto es tan complicado como la solución de las problemáticas que nos afectan en la vida de las comunidades porque, además del trabajo comunitario, se requiere que haya voluntad política para enfrentarse a quienes hacen valer sus intereses particulares a costa de lo que sea y de la vida de quien sea.

Pero la esperanza no se ha perdido ni se perderá. Y esto es posible, también, gracias al entendimiento, desde el inicio, de que la participación de las personas de las comunidades en todas las etapas de los procesos es tanto o a veces más importante que el resultado concreto que se obtenga en el momento; porque esa participación conjunta es la que garantiza que el objetivo no se pierda de vista y que el foco siempre esté apuntando hacia el proceso de la construcción del bien común. Esto nos ha mostrado que sólo así se resisten las tentaciones del interés individual y del protagonismo, las invitaciones confusas, y a veces mal intencionadas, de trabajar sobre los mismos temas, pero al servicio de los intereses de otras personas o grupos que lucran con las necesidades y problemas de las personas, o sobre asuntos y problemáticas serias, sí, pero no sentidas ni actuales en el territorio ni en la vida de las personas con quienes se trabaja.

Durante todos estos años hemos trabajado con el mismo método de construcción comunitaria, eclesial, como se ha definido en Latinoamérica y en México[3]: Ver la realidad, partiendo de los hechos concretos, de la vida cotidiana, buscando sus causas, los conflictos que generan y las consecuencias que se pueden prever para el futuro. Pensar, analizando los hechos a la luz de la ciencia, de la fe, de la esperanza y la experiencia en la vida misma, para descubrir lo que nos está ayudando o impidiendo alcanzar nuestra liberación integral, para vivir como hermanos y hermanas y construir una sociedad en la que todas las personas quepamos y podamos vivir en armonía. Actuar, para que la reflexión no se quede en el aire; es el momento de la definición de las acciones nuevas o renovadas y del compromiso, de la lucha por el cumplimiento y el ejercicio de nuestros derechos individuales y colectivos. Evaluar, que es analizar lo que hicimos antes para mejorar lo que haremos más adelante. Y celebrar, que es el monento en el que las comunidades y el Centro Fray Julián estamos ahora, y que expresaremos el próximo 18 de mayo, como la celebración gratuita y agradecida de la experiencia que hemos vivido.

Con las comunidades, y desde la Pastoral de los Derechos Humanos, podemos afirmar que la gran mayoría de las personas en Tlaxcala vivimos nuestras creencias profundas, nuestra esperanza y nuestra vida diaria de manera integrada, por eso celebramos siempre nuestros logros y fracasos, alegrías y tristezas, angustias y esperanzas, nuestra vida comunitaria y también nuestra organización.


[1] Centro Fray Julián Garcés Derechos Humanos y Desarrollo Local, A.C.

[2] A la fecha 8 de las 10 personas que integran el equipo de colaboradoras y colaboradores son originarias de comunidades de la región y viven en ellas, y brindan su servicio en los espacios de toma de decisiones y determinación del rumbo del trabajo.

[3] Se puede consultar un archivo breve sobre estas definciones de los pasos del método, desde la perspectiva eclesial, en: https://pastoraldejuventud.files.wordpress.com/2008/09/la_metodologia.pdf

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