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Cosas que a todos nos pasaron en la Feria de Tlaxcala… ¡A todos!

Tlaxcalteca que se respeta tiene un cúmulo de historias en la feria desde la infancia hasta ahora –algunas buenas y otras no tanto-, pues este magno evento que se realiza cada año de octubre a noviembre alberga no sólo las tradiciones y artesanías más representativas del Estado, sino harta pachanga, aventuras y descontrol. La Feria de Tlaxcala es la bacanal anual donde nos encontramos con experiencias del tercer tipo, dignas de un análisis metafórico partiendo del dicho “pueblo chico, infierno grande”, tal es el caso del joven que el año pasado cayó de un juego mecánico y fue salvado por la lona de un puesto, o este año, que las palmas -hasta hoy- son del alcalde de Panotla al ser encontrado besando a un supuesto menor de edad.

Yéndonos más a la vida personal de cada uno de nosotros, rasquemos en la memoria y recordemos aquellos días de niños en que la familia se organizaba para ir a “dar la vuelta a la feria”, todos bien tapados con la chamarra más abrigadora, donde por supuesto no faltaba la tía que llevaba un cobija colgando del brazo por si el frío se ponía más perro y había que enrollar cual taco al menor de la familia.

En este contexto nunca falta lo siguiente:

El morro que se perdió

La pérdida de tus progenitores en un lugar concurrido puede llevarte a un camino de tres posibles sensaciones: la angustia clavada en el estómago por miedo a nunca ser encontrado, la felicidad cual Macaulay Culkin pero trasladado a la posibilidad de vivir en una feria el resto de tu vida, o la indiferencia que te hará caminar como sonámbulo en modo automático por todo el recinto, pero gracias a Xicohténcatl el grande y el joven que protegen a todos los asistentes, fuiste encontrado y envuelto en los brazos de tu madre angustiada con los ojos lagrimosos que después son invadidos por la furia que te hará ganador de un regaño en público.

Hacer berrinche

Hay juegos clásicos de feria que nunca te podías perder como las canicas, los caballitos y el gusanito, pero siempre había un maldito juego al que tus padres decían que ya no, entonces uno de morro decidía tirarse el piso, maldecir, llorar, gritar, berrear hasta lograr su objetivo o ser nalgueado, una vez más, en público. Otra razón de este tipo de sucesos es no salir ganador con algún juguetito sobrevalorado del cual, olvidabas su existencia al otro día.

Conforme uno va creciendo se da cuenta del “upside down” de La Feria de Todos los Santos, que lleva a un camino de perdición y excesos al puro estilo local. Digan lo que digan o hagan lo que hagan, al interior de sus instalaciones puedes beber siendo menor de edad, entonces muchos nos hemos encontrado ante nuestras primeras borracheras.

Aventuras de borracho

El arribo del máximo evento se hace sonar desde principios de octubre y conforme más resuena llegan las reminiscencias de años pasados, como aquel en que joven e inexperto empezaste con las chelas de los puestitos, pasaste por los pulques y terminaste en el antro de moda de novedad, donde la joya de la corona fue vomitar en los pasillos, alguna banca o las jardineras del recinto ferial, pero gracias a diosito, tienes amigos que te respaldan y te ayudaron para llegar entero a tu destino. Acá lo interesante es que eras menor de edad, por lo que la feria representa tus inicios en el mundo de la bebedera.

Dentro de esta categoría también figura aquella vez en que terminaste besándote con la morrita/morrito desconocido, pero lo interesante es que la feria une clases sociales y no existía una clara distinción entre ser estudiante del Morelos o del COBAT, a menos que fueras de uniforme –porque eso se podía-, entonces salir triunfante era muy probable, el alcohol desinhibe y une corazones solitarios ansiosos de cariño.

Por otro lado, malacopear en la Feria de Tlaxcala es un clásico, al ser un espacio de convergencia masiva, las probabilidades de pleitos son mayores, por lo que todos hemos sido vístimas o vístimarios según el mood en el que nos encontremos y la cantidad de banda que llevemos.

Conforme pasan los años y vas creciendo aprecias otras cosas de la vida, por lo que un must de estar entrado en años es dar un tour por todos los pasillos probando las clásicas gorditas michoacanas, las pizzas, las banderillas de camarón, elotes, chileatole, tacos de avestruz, alitas, costillas y culminar con un ponche para el frío monumental característico de feria.

El reencuentro con tus ex parejas

Por último dejamos esos encuentros del tercer tipo con tu ex novia o ex novio, eso es algo que te va a pasar alguna vez porque Tlaxcala es el estado más pequeño, porque todo mundo se conoce y aunque la feria esté “hasta su pinche madre de gente” no faltará ese momento en que de frente, mirada con mirada encuentres esos ojos que alguna vez te hicieron sentir mariposas, acá lo incómodo es que viene acompañado de su nueva pareja, que es pariente o amigo de un amigo tuyo que en una de esas se ha besado a tu prima, pero también hay casos escalofriantes donde vas bien pedo caminando y ves de lejos a tu papá comiendo con una señora desconocida y dos niños, esto no aplica para todos, pero nos han contado que sí pasa…

La feria es un punto de encuentro con la entidad cultural y underground de los tlaxcaltecas, que motiva una vez más a compartir lo chingones que somos hasta para echar fiesta.

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Escribir y comer son su pasión.

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