El culto a los muertos en la época prehispánica, los antecedentes de las tradiciones que los tlaxcaltecas vivimos

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Tlaxcala, Tlax. El culto a los muertos en la época prehispánica era durante todo el año y aunque se conmemoraba en todas las estaciones sí había una ofrenda especial para los dioses. ¡Te contamos al respecto!

Los altares de distintos niveles como los conocemos ahora no existían en el México prehispánico, en su lugar se encontraban las ofrendas dedicadas a Tláloc, Huitzilopochtli, Mictlantecuhtli o Tezcatlipoca.

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Ofrendar a los muertos en la época prehispánica

Distinto a lo que se pensaría, el culto a los muertos se asociaba con la época agrícola para tener buenas cosechas. Los rituales se hacían a lo largo del año, con ciclos que comenzaban con la siembra, cosecha, recolección y época de secas.

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Un ciclo de vida y muerte, tal como dice Diana Martínez Yrizar, académica del Instituto de Investigaciones Antropológica de la UNAM.

Los nobles incluso eran sepultados junto con piedras preciosas, artefactos, sirvientes y hasta perros que ayudaban al difunto a cruzar el río de su destino final.

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En cuanto a las ofrendas para los fieles difuntos proviene de la tradición española que llegó a México con la Conquista y la religión católica. En la península les rezaban porque creían que las almas pedían permiso para llegar en días especiales y luego irse.

Sin embargo, un aspecto que compartieron ambas cultura fue que los muertos están presentes en la vida de los vivos. Por ello, se buscó que tanto las fechas religiosas como los días de culto de los indígenas coincidieran.

Las culturas prehispánicas solían rodear el cadáver de semillas para que germinaran y al mismo tiempo alentar la fertilidad de las cosechas.

El culto a los muertos durante el año

Para los pueblos indígenas no existía el cielo o el infierno, sino que el destino de quien moría dependía de cómo murió y cómo vivió.

El sacrificio también era considerado un tipo de ofrenda, y había un cielo para cada fallecimiento así como distintos rituales para traerlos a la tierra en una ocasión particular.

Como ejemplo, el calendario mexica estaba formado por 18 meses, durante los que se celebraban al menos seis festejos o rituales dedicados a los muertos.

El Mictlán y otros destinos para los muertos

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Aquellos que morían de una enfermedad iban al Mictlán, el lugar de los muertos, con siete retos que el difunto debía superar con la ayuda de un perro. Y si bien era el inframundo, no destinaba una condena perpetua (como el infierno católico).

A La casa de la tierra (Tlalocan), llegaban quienes morían ahogados por algún desastre natural o alguna enfermedad. Era el más parecido al «paraíso», pues serían adorado y cuidado por los dioses.

La casa del sol (Tonatiuh ichan), era un lugar donde no existían las sombras porque el resplandor de la estrella de fuego acaparaba todo. A esta casa llegaban los guerreros (quienes murieron frente al enemigo), las mujeres que morían durante el parto o los sacrificados como ofrenda a los dioses.

A Cincalco o la casa del maíz, llegaban quienes se suicidaban, los niños no nacidos. Sus cuerpos eran sepultados en los campos de maíz.

Algunos rituales precursores

La culto a los muertos que iban al Mictlán era una vez al año, se utilizaba una prenda del difunto en un ritual en el que se quemaban las hierbas, los vivos bebían aguardiente y contaban historias del difunto.

Para quienes iban a Tlalocan se dibujaban dos montes, uno con el rostro del difunto y otro con el de una serpiente. El retrato del difunto lo regresaba a la tierra de los vivos. Durante el ritual, el cuerpo permanecía en tierra mientras le ofrecían comida, bebida y ofrendas para que estuviera «contento».

Así mismo, el culto a los muertos que iban a la casa del sol se les celebraba al amanecer, se entonaban canto sagrados. Cada aniversario de muerte, había una ofrenda de flores.

Los dulces y guirnaldas con flores eran dedicadas a los niños que se dirigían a Cincalco.

¿Cuánto de esto aún permanece? Las ofrendas de flores, no pueden faltar. El retrato, tampoco. Además de que colocar aquellos alimentos que disfrutaba en vida el difunto, también es muy particular.


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