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Derechos Humanos

Ires y venires del lenguaje… de los cambios del lenguaje al lenguaje inclusivo

lenguaje inclusivo-historia

Por: Edilberto Mendieta García.

Miembro de la Sociedad de Historia, Educación y Cultura de Tlaxcala

Twitter: @EdilbertoMendi5

Facebook: www.facebook.com/edilberto.mendietagarcia

Correo electrónico: edilbertomendieta@gmail.com

Es inapelable que las lenguas en el mundo van cambiando, no son estáticas, no son monolíticas. También es cierto que en algún momento, cierto grupo puede perfeccionar, embellecer y hasta “pulir” tal lengua, dándole un sentido más culto y refinado, y que aquellos que logran o definen esto, suelen estar asentados con un cierto cúmulo de poder que da la tradición, un status político o intereses ideológicos. Y hay grupos que conservan palabras que en otros contextos ya están en desuso, emplean modismos o localismos muy propios, que terminan transformándose en el transcurrir de los años, como el latín en Europa o el proto-maya en México y América Central. En otros momentos, por diversas circunstancias históricas, mezclan una lengua con otra, como los lenguajes criollos antillanos o el palencano colombiano.

Cada lengua trae tras de sí una poderosa carga ideológica, cultural, afectiva, emocional y cosmogónica, y busca dar respuesta a conceptos e ideas físicas o inmateriales a cierto grupo humano.  En lengua esquimal, hay diversas palabras para definir los tipos de nieve y su blancura, cosa que en el español o el náhuatl no lo tienen, debido a que la gente que emplea tales lenguas no tuvo una necesidad histórica de expresar eso. El náhuatl es muy rico para emplear palabras referentes al maíz, que el español mismo no tiene.


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También es “queja” más o menos recurrente que en alguna lengua exista “cierta dificultad” para definir conceptos y formule nuevas palabras (neologismos) o tome préstamos de otras. Incluso, que ciertos grupos consideren que su lengua sea incapaz de poder traducir sensaciones metafísicas o experiencias espirituales, que al verbalizarlas, se sientan “prisioneras” o “imposibilitadas” por este hecho.

Las sociedades al final van cambiando su lengua, dejan de usar palabras, aparecen otras nuevas, cambian de sentido algunas, alaban unas, denostan otras; pero, desde el surgimiento de Academias de la Lengua, sobre todo en las lenguas europeas, se llegaron a construir ortodoxias del buen decir, del buen pronunciar, de fomento a la belleza y complejidad, que la escuela abrazó y fomentó en sus aulas. Todo esto con resultados muy interesantes. Porque algunos aprovecharon esto para atacar y burlarse de grupos que empleaban arcaísmos (“ansina”, “haiga”), tenían un acento marcado (voces alvaradeñas), empleaban localismos, o mezclaban sus lenguas maternas con el idioma “nacional” (mezcla de náhuatl con español, el spanglish), para “orientarlos” a hablar bien. Sin embargo ¿Hasta que tanto un grupo en el poder impone “su habla, su buen lenguaje”? Y luego otra interrogante ¿Quiénes son los miembros de ese grupo en el poder? ¿Qué motivaciones ideológicas, políticas o cosmogónicas los impulsan a promover tales tipos de expresión que otros grupos se sientan oprimidos? Son preguntas importantes que en este espacio no se responderán.

El lenguaje inclusivo, que ha sido sumamente criticado, es una reacción a ciertos grupos de poder que consideran que el lenguaje español actual invisibiliza ciertos sectores de la población con una preferencia sexual diferente a la heterosexual. En este sentido, si tiene una parte de insurgente y contestatario, cuestiona un status quo que considera excluyente y marginador. Esas letras “e” o “x”, para algunos grupos sociales, se han vuelto incómodas, para otros hace presente a grupos que han sido atacados y vilipendiados por siglos. En este sentido, la propuesta se vuelve atractiva y quizá revolucionaria (la historia lo dirá). Quienes no coinciden con esto, argumentan que la gramática NO es machista o masculinizante, y que palabras surgidas de participios activos (estudiante, cantante) es innecesario feminizarlas (presidente/presidenta). El conocer la lengua española exige tener cuidado con estas formas, mas siendo honesto, pocos son los que analizan la lengua española, la mayoría solo la usa para comunicarse, y sus localismos y modismos sencillamente se hacen presentes.

La polémica del lenguaje inclusivo también ha desatado intolerancia y violencia en ambos bandos (si se me permite la expresión). Unos atacan a quienes expresan su deseo de no usar el lenguaje inclusivo, pese a manifestarse respetuosos de la diversidad sexual. Mientras que otros agreden ferozmente anteponiendo sus filias y sus fobias, a quienes si ocupan el lenguaje inclusivo sin detenerse a pensar y reflexionar porque ha surgido esta propuesta. En ambos lados, hay gente sin crítica y bastante agresiva.

Pero, pese a las intenciones de los defensores del lenguaje inclusivo de visibilizar y no discriminar, una minoría, no puede imponer su forma de hablar al resto de la sociedad. Al final se trata de una decisión personal el adaptarlo o no. Los indígenas en México son una minoría, que por siglos fueron atacados y humillados, han luchado por sus derechos y su reconocimiento, sin embargo, NO obligan al resto de la sociedad a hablar su lengua, y solo en casos específicos como en un juicio penal, deben tener un traductor.

No se puede negar que algunos seres humanos emplean el lenguaje inclusivo por moda, y sí, suele pasar eso mucho, gente que retoma este tipo de habla sin la mayor referencia y reflexión al respecto. Y esto es peligroso para quienes lo defienden, las modas son pasajeras, y sí, engrosan las filas, pero se pierde el sentido de su lucha. Un día vi en YouTube el video de Andra Milla, y sus neopronombres, y en aras de buscar la inclusión sexual y aprovechar la posibilidad de crear neologismos puntualizó: “pero tú puedes crear el tuyo y es lo más genial”. Entiendo que el lenguaje inclusivo está en construcción, pero este lado de creación subjetiva en lugar de abonar, eleva una Torre de Babel que confundirá más a extraños y profanos en el tema.

¿Triunfará el lenguaje inclusivo? Ya tiene pequeños pero importantes éxitos, desde finales de los noventa del siglo XX se habla de “niños y niñas” en la educación, por mencionar un sencillo ejemplo. Pero, regresando a la pregunta inicial ¿Triunfará el lenguaje inclusivo? En palabras de Elena Pérez, profesora argentina de español en Córdoba, solo eso pasará si la gente, lentamente hace suya este lenguaje, en la medida que lo adopte y reflexione, porque como se ha dicho líneas atrás, las lenguas cambian, y “no por una minoría prepotente, las lenguas cambian por miles de minúsculos pactos, pactos a veces silenciosos entre hablantes”, es decir, que la mayoría lo acepte y lo haga cotidiano. Por tanto, de triunfar este lenguaje, pasará un cambio generacional, debe existir educación, un cambio de consciencia y varios años. De no suceder así, el lenguaje inclusivo será una anécdota o una curiosa forma de hablar de inicios del siglo XXI.

Particularmente me quedo con la frase de Elena Pérez de “lenguaje NO sexual”, en lugar de “lenguaje inclusivo”, al final este lenguaje pretende visibilizar e incluir solo a personas con diversas preferencias sexuales o géneros. Pero el concepto de inclusión es mucho más amplio, hay sectores de la población que preguntan ¿Dónde quedan aquellos que leen braille o emplean el lenguaje de señas? Unos podrían decir, pero eso es otro tema, pero temo que no. La inclusión no es solo –y pareciera que unos se quieren quedar con este término de manera exclusiva- para una lesbiana o un no binario, la inclusión es para todos los seres humanos.

Por tanto, tanto defensores como opositores a este lenguaje, deben respetarse y en la medida de lo posible, dialogar para tener una mejor comprensión entre ambos. Escenario Tlaxcala no recibe dinero por convenios oficiales y no pretendemos hacerlo. Necesitamos de ti que eres parte de esta comunidad de lectores. Suscríbete a nuestro ejército de guerreros y luchemos juntos por más periodismo independiente y contra la desinformación.

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