Tlaxcala, Tlax.- En Tlaxcala, el programa federal Jóvenes Construyendo el Futuro ha generado efectos adversos entre personas mayores de 30 años. Aunque el programa busca dotar de experiencia laboral a jóvenes entre 18 a 29 años y alejarlos de contextos de vulnerabilidad; su implementación ha afectado a quienes ya no pueden ingresar al esquema y enfrentan un mercado laboral con contratos temporales, salarios bajos y falta de prestaciones.
De acuerdo con el delegado de Bienestar, Carlos Luna Vázquez, actualmente más de diez mil juventudes tlaxcaltecas son beneficiarias del programa y reciben un sueldo mensual de 8,480 pesos. Esta cifra supera con creces lo que percibe un trabajador en la informalidad, pues, según la Secretaría de Economía, el salario promedio mensual en Tlaxcala durante el primer trimestre de 2025 fue de 5,380 pesos.
Y aunque este programa ha disminuido la tasa de desempleo de jóvenes de 18 a 29 años, deja afuera de condiciones laborales a personas adultas jóvenes, es decir, a aquellos que son mayores de 30 años, incrementando así la precariedad laboral de este sector.
En ese sentido, la académica Olivia Aguilar compartió que los jóvenes nacidos entre 1984 a 1995, son personas que nacieron bajo un contexto de incertidumbre laboral, debido a que no cuentan con prestaciones de ley, ni jubilación. Y que programas como los de «Jóvenes Construyendo el Futuro» los pone aún más en riesgo.
“Lo que podemos identificar es que hay una caída en la ocupación, precisamente porque el programa constriñe a las empresas a contratar personas con una edad menor”- Olivia Aguilar
En ese sentido, señaló que las personas mayores de 30 años tienden a incorporarse al trabajo informal, incluso cuando cuentan con estudios de licenciatura. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) 2025, la tasa de ocupación en el sector informal a nivel nacional aumentó un punto porcentual, al pasar de 27.8% en 2024 a 28.8% en 2025. En el caso de Tlaxcala, cifras del INEGI revelan que, durante el cuarto trimestre de 2024, la informalidad laboral alcanzó al 70.3% de la población ocupada y para el primer trimestre de 2025, la entidad se ubicó entre las tres con mayor tasa de informalidad laboral en el segmento de profesionistas y técnicos.

“Son trabajos temporales en los que no tienes garantía de antigüedad, de prestaciones… es una generación que no va a tener jubilación, que no va a tener acceso a este tipo de recursos de cumplir los años laborales” – Aguilar
Agregó que aunque muchas de estas personas cuentan con experiencia, formación profesional y años de trayectoria, con la conformación de esta política pública, enfrentan condiciones laborales más limitadas que las de los becarios. Como es el caso de Manuel Cuevas de 41 años, que a pesar de tener más de cinco años en el sector restaurantero, ante la alta demanda de establecimientos que están inscritos en el programa de Jóvenes Construyendo el Futuro, le resulta complicado ser contratado.
«Para las personas de mi edad, ya no hay tantas oportunidades de empleo, todos los centros de trabajo, al menos en el centro de Tlaxcala, están contratando solo a jóvenes de 18 a 29 años, y de plano me dicen que no hay espacios.»
Si bien esta política pública atiende la necesidad de jóvenes de 18 a 29 años, también excluye de los espacios laborales a quienes superan los 30. Pero esta no es la única limitante. De acuerdo con Aguilar, el programa enfrenta otro obstáculo, la escasa oferta laboral formal y la falta de certeza en su continuidad. La iniciativa otorga la oportunidad de trabajar durante un año en algún establecimiento registrado, recibiendo únicamente el salario mínimo vigente ($8,480.17). Si bien este ingreso puede cubrir necesidades básicas, no garantiza derechos laborales plenos y, al momento de enfrentarse al mercado de trabajo real, los salarios rara vez se asemejan a lo que se percibe mensualmente dentro del programa.

¿A quién beneficia más el programa de Jóvenes Construyendo el futuro, a los jóvenes o a los empleadores?
Aunque no existen datos oficiales sobre el número de establecimientos integrados a la plataforma de Jóvenes Construyendo el Futuro en Tlaxcala, se sabe que aquellos que sí están inscritos pueden contar con hasta cuatro becarios de manera simultánea, una cantidad suficiente para atender las necesidades de un negocio.
«Los contratadores, se ahorran un buen dinero con el programa, ya no quieren pagar a la gente que sí tiene experiencia» dice Manuel Cuevas
En ese sentido, Aguilar señaló que, hasta el momento, no existe información oficial que permita conocer los resultados o el impacto que generan estos becarios dentro de los centros de trabajo. Esto evidencia que, en los casos donde el equipo está conformado únicamente por personas provenientes del programa, el beneficio podría recaer más en el dueño o empresario que en los propios jóvenes, pues también se omiten las obligaciones que por ley deberían cumplir los empleadores, lo que representa un aspecto que la política pública debería atender.
«Ahí es donde están los vacíos de la política pública. Generalmente, se dice: Implementa este programa, la cobertura será de tantas personas, se utilizarán tantos recursos. Y a partir de ahí construyen sus propias métricas. Pero no se detienen a identificar los vicios ocultos que hay dentro de la implementación. Al final de cuentas, si tienes un patrón que te contrata bajo ciertas condiciones, él se está ahorrando todos esos salarios y beneficios. ¿A dónde va ese dinero?, ¿a quién beneficia? A los particulares, a los dueños de las empresas. Y ahí es donde no hay claridad. Justo esas son las cuestiones que siempre se le cuestionan a la formulación de la política pública.»
A este panorama se suma el fenómeno de la sobrecualificación. Aguilar señala que muchas personas mayores de 30 años, al no encontrar un empleo, optan por emprender o continuar su formación con estudios de especialización, como un posgrado. Sin embargo, esto las enfrenta a nuevos retos debido a que se enfrentan dificultades para insertarse en empleos formales, en un contexto donde no existen suficientes empresas que ofrezcan salarios acordes a su preparación.
En consecuencia, terminan desempeñándose en trabajos por proyecto o empleos temporales, sin garantía de antigüedad ni prestaciones, lo que genera un panorama incierto frente a necesidades futuras, como una jubilación digna.
“Cuando vas a solicitar un empleo con alta calificación… te dicen que estás sobrecalificado, que no te pueden pagar un sueldo de más de 10,000 pesos, que era lo que recibías con una beca”, explicó
En el caso de las mujeres, la problemática se agudiza. Aguilar subrayó que las brechas de género agravan este panorama, ya que la mayoría de ellas, especialmente entre los 30 y 45 años, enfrentan simultáneamente la precariedad laboral y su etapa reproductiva. En este sentido, durante el primer trimestre de 2025, la tasa de informalidad laboral femenina en Tlaxcala alcanzó el 71.2% del total, según datos oficiales.
“Más del 50% de la población de la edad de 30 a 45 son mujeres… están en su etapa reproductiva. eso lleva a muchas mujeres a renunciar a las expectativas personales”
Y es que los problemas que enfrenta la generación mayor de 30 años continúan acumulándose, transformando las dinámicas sociales. Ante este panorama incierto, Aguilar advierte una disminución en la tasa de natalidad, consecuencia directa de la precariedad y la incertidumbre económica. La falta de ingresos estables y de condiciones dignas limita las oportunidades de desarrollo y profundiza las desigualdades.
“Muchas de las condiciones estructurales están determinando esta reducción de la población… no es una cuestión personal, sino que también está determinada por el contexto”
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Ante este escenario, Aguilar propuso la necesidad de generar una política pública específica para personas adultas jóvenes con perspectiva de género, que considere condiciones de salud, empleo, seguridad social y vivienda:
“Lo que hace falta, yo creo, es primero revisar no solo en términos demográficos, sino económicos, macroeconómicos y sociales cómo está este sector de la población. Y a partir de ese diagnóstico… implementar una serie de programas”
Por ello, visibilizar las condiciones que siguen afectando a la generación nacida entre 1984 y 1995 resulta fundamental, a fin de impulsar políticas públicas específicas para este sector, que, a pesar de contar con mayor experiencia en diversos ámbitos, llega a percibir salarios inferiores a los de quienes participan en el programa.

