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La muerte de Xicohténcatl. Algunas ideas.

A 500 años de la muerte de Xicohténcatl Axayacatzin, recurrir a los cronistas de la época como Bernal Díaz del Castillo para describir los hechos, es quedarse con la visión hispánica de la conquista. Frases como esta “y ansi se hizo que en un pueblo subjeto a Tezcuco le ahorcaron, y en esto hobo de para su traición. Algunos tascaltecas hobo que dijeron que don Lorenzo de Vargas, padre del Xicotenga, envió a decir a Cortés que aquel su hijo era malo, y que no se fiase dél, y que procurara de lo matar” (Díaz del Castillo, 1992: 412) le dejan con una negativa imagen.  En resumen, la figura del militar de Tizatlán fue encasillada con el estigma del traidor.

Para mayo de 1521, las huestes de Hernán Cortés estaban a vísperas de sitiar Tenochtitlan, habían conseguido que varios pueblos se unieran a su causa, además de los tlaxcaltecas; y sometieron otras localidades que eran leales a los mexicas. El Señorío de Tlaxcallan envió un gran contingente al mando de Chichimecatecutli (como principal dirigente) y de Xicohténcatl Axayacatzin. ¿Qué pensamientos pasaron en la mente del joven militar? Ahora su genio castrense estaba al servicio de los españoles que bien estuvo cerca de derrotar en Tecoactzinco dos años atrás. Las versiones coinciden que Xicohténcatl el Mozo decidió retirarse, a los ojos hispanos “desertó” y tomó rumbo a Tlaxcallan con algunos de sus hombres. Chichimecatecutli –quien ya tenía rencillas con el oriundo de Tizatlán- notificó a Cortés y éste, según Díaz del Castillo y Antonio de Solís trató de convencerlo, pero secretamente dio la orden de ejecutarlo, fue apresado en algún sitio cercano a su tierra y llevado a algún pueblo de Texcoco para ser ahorcado un 12 de mayo de 1521. ¿Qué motivaciones tuvo Xicohténcatl el Joven para retirarse del campo? Mencionemos algunas.

1.- Como ya se empezó a esbozar con Bernal Díaz del Castillo, el Mozo era alguien “malo” para la causa española, pero, el soldado cronista apuntó a otras causas. Tenía poco que Maxixcatzin, señor de Ocotelulco y principal aliado de Hernán Cortés había muerto, siendo nombrado su jovencísimo hijo como su sucesor. Xicohténcatl tenía la intención de tomar por la fuerza Ocotelulco y proclamarse señor. Además, Axayacatzin no creía que fuera posible la toma de México-Tenochtitlan (Díaz del Castillo, 1992: 411) Ahora bien, pensar que Xicohténcatl el Viejo desconfiaba de su propio hijo, al grado de prevenir a Cortés de “su maldad”, suena inverosímil ¿Acaso conocía las maquinaciones de su vástago? Entonces ni lo hubiese mandado al combate.

2.- Diego Muñoz Camargo, el cronista siempre fue leal a la Corona española, escribió una versión de la historia en la cual tlaxcaltecas e hispanos fueron aliados, al grado de minimizar los sucesos de Tecoactzinco y tuvo una opinión muy mala del joven señor de Tizatlán. Para este autor, Xicohténcatl el Mozo regresó a Tlaxcallan por un motivo más pueril, un amorío con una mujer y por esto fue condenado (Muñoz Camargo, 2000: 171).

3.- Francisco Cervantes de Salazar, un escritor de pluma ágil, describió otra versión. Poco antes de iniciar el sitio a Tenochtitlan, Hernán Cortés solicitó más tropas a Xicohténcatl el Viejo, y estas fueron guiadas por el Mozo. Al final, un indio, primo hermano de otro señor tlaxcalteca llamado Piltecutli, fue lastimado por unos españoles y le fue concedido el permiso de regresar a Tlaxcallan y el caudillo también decidió irse del campo de batalla, pues “como siempre tuvo el pecho dañado y nunca había hecho cosa que no fuese por fuerza, procurando cuanto podía dañar a los españoles” (Cervantes de Salazar, 1985: 665), retirándose secretamente. Cortés lo mandó a buscar, le condenó a la horca y se pregonó el acto que causó miedo entre los tlaxcaltecas.

4.- Antonio de Solís, cronista de Indias en España, publicó en 1684, su historia de la conquista, leyó a otros autores como Bernal Díaz del Castillo y a Francisco López de Gómara, y en la distancia de los años, pudo reflexionar sobre este álgido suceso. Para este historiador, en Xicohténcatl aún tenía rencores contra los españoles, “duraban todavía en su corazón algunas reliquias de la pasada enemistad” (Solís, 1996: 331) y por eso se retiró. Al enterarse, Hernán Cortés decidió que lo aprehendiese un grupo de españoles apoyados por texcocanos y chalcas, y si había resistencia –que la hubo- podían ejecutarle. Fue ahorcado en un árbol cerca de Texcoco. Solís pensó que este acto ocurrió en secreto, para evitar un posible motín de los tlaxcaltecas al saber que uno de sus principales señores había sido ajusticiado. Al final, Xicohténcatl el Viejo y demás nobles, sabían de su “mal comportamiento” que asintieron su muerte, porque era un agravio su comportamiento y deserción, incluso ellos le ejecutarían si hubiese llegado a Tizatlán (Solís, 1996: 332).

Por el momento basten estas versiones, para exponer algunas ideas –no definitivas- sobre los motivos que tuvo Xicohténcatl para abandonar su puesto. Axayacatzin era un inteligente estratega militar y un hábil guerrero, puso en jaque a los españoles en Tecoactzinco, y si no fuera por las disensiones que tuvo con Chichimecatecutli y Maxixcatzin, o por la decisión final de los señores de Tlaxcallan de pactar con Hernán Cortés, probablemente hubiese derrotado a los hispanos. Tizatlán era el brazo armado más importante de los cuatro señoríos, y la rivalidad con Ocotelulco (quien controlaba el mercado) se visualiza muy acentuada. Por tanto, el caudillo nunca estuvo a favor del apoyo brindado a los europeos, como se reitera en las crónicas, y quizá le pareció imposible que éstos lograran doblegar a Tenochtitlan, sabedor del poderío militar de los mexicas. Por tanto, es improbable que los motivos expuestos por Diego Muñoz Camargo o Francisco Cervantes de Salazar hayan sido los impulsores de su “deserción”, más bien estos “argumentos” se hicieron para denostarlo. Particularmente establezco que abandonó su posición no solo por su descontento de auxiliar a los españoles, sino que, al quedar un muy joven señor en Ocotelulco, urdió el plan de tomar control de este señorío, independientemente de que su padre le apoyara o no, para apoderarse de los recursos económicos que ahí habían y después orillar al resto de señores a que le secundaran, y resistir ulteriormente una reacción hispana en su contra. Reitero, quizá en su cabeza estas conjeturas eran altamente probables, sin embargo, la postura tlaxcalteca estaba definida, y de haber intentado “destronar” al imberbe hijo de Maxixcatzin, seguramente se hubiese desatado un conflicto interno en Tlaxcallan que lastimaría su posición frente a Hernán Cortés.

El longevo señor de Tizatlán sabía que su aguerrido hijo no era afín a la alianza con los españoles, pero éste había demostrado obediencia a las decisiones de los altos jerarcas tiempo atrás, por lo que, no dudó en enviarlo a combatir a Tenochtitlan. De otro modo, no lo hubiese mandado a la guerra. Al saber que su vástago fue ahorcado, seguramente antepuso los interese de la alianza sobre sus sentimientos. Los cronistas atribuyeron a Xicohténcatl el Viejo las advertencias que hizo a Hernán Cortés sobre “la maldad de su hijo”, para justificar la ejecución y dibujar un panorama de lealtad pura de los tlaxcaltecas hacia los españoles, y a su vez dañar la figura de Xicohténcatl el Mozo.

La ejecución de Xicohténcatl Axayacatzin se hizo en el más cuidadoso sigilo, para evitar posibles motines y después mandó emisarios a Tizatlán para notificar a su anciano padre este suceso. Fue una jugada muy audaz de Hernán Cortés, porque se arriesgó a perder el favor de los tlaxcaltecas. Sin embargo para ese momento, los españoles ya contaban con el apoyo de Texcoco y sus hombres para el combate (Hassig, 2001: 43) y esto podría compensar la pérdida de tan fuerte aliado.

Xicohténcatl sí puede entenderse como símbolo de resistencia contra los españoles, pero no se debe sobredimensionar esta postura. Él pensaba solo en la independencia del Señorío de Tlaxcallan, el resto de señoríos del Altiplano Central no le importaban. Esa fue siempre su meta. Y no se debe romantizar e interpretar sus actos como un caudillo que protegía la libertad de su pueblo, no era un José María Morelos o un Simón Bolívar. Por tanto, la alianza con los hispanos era el principio del fin del Señorío de Tlaxcallan como él lo conoció.

Bibliografía

Cervantes de Salazar, Francisco, Crónica de la Nueva España, prólogo de Juan Miralles Ostos, México, Editorial Porrúa, 1985.

Díaz del Castillo, Bernal, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, 2° Edición, prólogo de Felipe Castro Martínez, México, Editores Mexicanos Unidos, 1992.

Hassig, Ross, “Xicotencatl: Rethinking an indigenous mexican hero”, en Estudios de Cultura Náhuatl, México, Instituto de Investigaciones Históricas-UNAM, 2001, vol. 32, pp. 29-49.

Muñoz Camargo, Diego, Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala, 2° Edición, prólogo e introducción de René Acuña, El Colegio de San Luis-Gobierno del Estado de Tlaxcala, 2000.

Solís, Antonio de, Historia de la conquista de México, prólogo de Edmundo O’Gorman, notas de José Valero Silva, México, Editorial Porrúa, 1996 (Sepan cuantos…, 89).

Edilberto Mendieta García

Miembro de la Sociedad de Historia, Educación y Cultura de Tlaxcala

Twitter: @EdilbertoMendi5

Facebook: www.facebook.com/edilberto.mendietagarcia

Correo electrónico:edilbertomendieta@gmail.com

Ocotlán, Tlaxcala.

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