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Cultura

Liga de Agricultores: Hacendados tlaxcaltecas unidos contra la Revolución

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Ignacio Torres Adalid, el primer presidente de la Liga de Agricultores en 1912. Foto: Wikipedia

Edilberto Mendieta García.

Miembro de la Sociedad de Historia, Educación y Cultura de Tlaxcala y de la Sociedad de Geografía, Historia, Estadística y Literatura de Tlaxcala.

Twitter: @EdilbertoMendi5

Facebook: www.facebook.com/edilberto.mendietagarcia

Correo electrónico: edilbertomendieta@gmail.com

Si bien los discursos históricos sobre la Revolución Mexicana han empezado a abandonar ese halo casi redentor que se le dio al conflicto y que redimió a las clases más bajas del país, para construir un México más justo y equitativo, todavía existen voces que caen en un exacerbado maniqueísmo que se dedica a denostar a los hacendados y dueños de fábricas, y exaltar a los obreros y campesinos. Ahora bien, exponer la perspectiva de los hacendados o industriales podría suponer equivocadamente para algunos que es una defensa ultraderechista de los grupos privilegiados; y cómo estos, dieron cara a la Revolución Mexicana, la cual los sangró quitándoles recursos y tierras, para entregarlos a las bárbaras huestes de campesinos desarrapados.

Ambas posturas no son la mejor manera para explicar la Revolución Mexicana, y mucho menos en Tlaxcala.

Simplemente, en esta ocasión pretendo esbozar un momento de la historia en donde un grupo de hacendados hizo lo que juzgó pertinente para defender sus intereses durante estos tiempos tan convulsos, al constituir la Liga de Agricultores.

Si bien, no se trata de estigmatizar a aquellos grupos que invierten sus capitales; al final del día, resumiría Karl Marx –siguiendo a Adam Smith- “El único móvil que lleva al poseedor de un capital a invertirlo de preferencia en la agricultura, en la industria manufacturera o en determinada rama del comercio al por mayor o al por menor, es el lucro que pueda obtener” (1982:574); y al invertir, cuidará lo que se derive o crezca, a través de todos los medios que estén a su alcance. Y bajo esta tónica, fue cómo los hacendados del norte, oeste y este de Tlaxcala reaccionaron ante las oleadas violentas de cientos de hombres y mujeres que tomaron las armas en 1910.

La Revolución Mexicana no fue un movimiento uniforme, se desarrolló de distintas formas en regiones y actores tan diferentes. No siempre se buscó la dotación de tierras para los campesinos, o mejora de condiciones laborales para los obreros. En el norte de Tlaxcala, antes de 1910, los trabajadores de las haciendas, estaban más acostumbrados en laborar semana tras semana en los grandes campos, que su principal anhelo radicaba en gozar de jornales mejor remunerados que en pensar en una dotación de tierras.

¿Y cómo era posible eso?

El oeste, norte y este de Tlaxcala casi no había pueblos, y los terrenos cultivables en su gran mayoría eran controlados por las haciendas y ranchos desde el fin del periodo colonial. Por tanto, los trabajadores agrícolas: semaneros o peones acasillados no soñaban con algo que jamás habían tenido: tierra; ya que ésta siempre había sido detentada por los “patrones”. Diferente situación se presentó en el centro y el sur tlaxcalteca, donde, desde épocas prehispánicas había una notable presencia de pueblos antiguos y que estaban acostumbrados a tener tierras para sus habitantes y a combatir contra los intereses de los hacendados cuando estos intentaban acaparar más terrenos cultivables, monte o fuentes de agua.

Desatado el conflicto armado, los pueblos cercanos al río Atoyac, como los del occidente y sur de Tlaxcala lentamente se fueron incorporando a la lucha agraria o enarbolando las pretensiones obreras. Generando la desaprobación de los hacendados e industriales, que vieron sus haciendas y fábricas saqueadas y paralizadas sus producciones. Sin embargo, para varias haciendas del norte y oriente de Tlaxcala, el movimiento revolucionario fue un tanto intermitente, que permitió, con muchos riesgos proseguir con las labores cotidianas, al menos entre noviembre de 1910 y enero de 1912.

No obstante, el gobierno maderista ni consolidó los anhelos agraristas de diversos grupos como el zapatista, ni detuvo la violencia que tanto deseaban los hacendados, por lo que cada uno de estos grupos tomó cartas en el asunto. En enero de 1912, doscientos hacendados de Tlaxcala e Hidalgo fundaron en Apizaco la Liga de Agricultores con Ignacio Torres Aladid como su primer presidente. Según Juan Felipe Leal y Margarita Menegus, para combatir la influencia agrarista y los estragos de la lucha armada, se trazaron tres objetivos para proteger sus intereses (1995:43-45):

  1. Entendiendo que los trabajadores del norte de Tlaxcala no pedían dotación de tierras sino más mejoras salariales, la Liga se comprometió aumentar a setenta centavos los jornales de sus trabajadores semaneros y condonar las cuentas de las tiendas de raya a sus acasillados.
  2. Incorporó a sus miembros a la vida política de Tlaxcala para que compitieran por puestos políticos en el Congreso de la Unión y el Local.
  3. Combatir el movimiento armado campesino, solicitando al gobernador maderista Antonio Hidalgo destacamentos militares; además de comprar armas y municiones para organizar su propia autodefensa.

La tarea no fue nada fácil, pero en los meses sucesivos, los hacendados obtuvieron algunos resultados. Para 1913 frenaron las reivindicaciones y las huelgas de los trabajadores, fijaron los salarios que juzgaron convenientes (1995:47), esto en parte porque aún muchos jornaleros no se identificaban con los ideales revolucionarios, y quienes sí, tuvieron que ignorarlos para evitar perder su trabajo.

La Liga de Agricultores no tuvo la respuesta favorable que esperaba del gobernador maderista Antonio Hidalgo. Es más, éste intentó formar colonias agrícolas que provocaron el disgusto de los hacendados y alentó las huelgas de los trabajadores agrícolas. La Liga contraatacó ejerciendo presión política y sabotaje para impedir las intenciones del mandatario (Rendón Garcini, 1996:104-105). Las quejas de los hacendados ante el presidente Francisco I. Madero, entre otros factores, provocaron la salida de Antonio Hidalgo en enero de 1913, y quedó en su lugar, temporalmente, Agustín Sánchez, quien tenía grandes nexos con la Liga de Agricultores.

La Liga también hizo su labor política, negociando las candidaturas de sus miembros en el Partido Católico o el Antireeleccionista, para los comicios electorales para el Congreso de la Unión y el Senado. Aunque generalmente la Liga y el Partido Antireeleccionista tuvieron serias diferencias a lo largo del año 1912.

Tras el asesinato de Madero, el 19 de febrero de 1913, y el ascenso de Victoriano Huerta en el poder, la Liga y el Partido Antirreeleccionista dejaron de pelear, y aceptaron la llegada de Agustín Maldonado, impuesto por Huerta. Los hacendados tlaxcaltecas vieron la oportunidad de fortalecer su posición, extendiendo sus alianzas con otros propietarios agrarios de entidades vecinas.

Los hacendados de varios estados, conscientes del momento histórico, se organizaron para revertir la situación. En junio de ese año, los terratenientes convocaron a un Congreso Nacional de Agricultores (Leal, Menegus, 1995:45). El mismo presidente apoyó el evento aunque no estuvo en el acto inaugural.

Dicho Congreso se desarrolló el 30 de ese mes en la Ciudad de México, contando con delegados de la Liga de Agricultores de Tlaxcala. Las deliberaciones entre latifundistas concluyeron con los siguientes puntos:

  • Combatir el movimiento agrario con apoyo del ejército federal, comprometiendo el respaldo del Secretario de Gobernación Aurelio Urrutia.
  • Organizar Ligas de Agricultores en cada estado
  • Conformar una Federación Nacional de Agricultores.

La Liga de Agricultores de Tlaxcala salió fortalecida del Congreso, el panorama pintaba positivo y el futuro promisorio. Tiempo después solicitaron el apoyo militar al gobernador huertista Agustín Maldonado para la defensa y protección de sus propiedades. La respuesta fue relativamente inmediata y fuerzas armadas (del ejército o equipadas por lo hacendados) mantuvieron a raya a grupos zapatistas o arenistas cercanos, y contuvieron las reivindicaciones de sus trabajadores. Parecía que el triunfo de la Liga era inapelable.

El resurgimiento de grupos campesinos armados, liderados por Francisco Villa, Emiliano Zapata o Domingo Arenas, junto al movimiento liderado por Venustiano Carranza y Álvaro Obregón, terminaría derrocando a Victoriano Huerta. Esto afectó gravemente a la Liga de Agricultores, pues en 1914 vería diluir sus éxitos iniciales, por lo que varios de sus miembros terminaron por exiliarse del país; y en varias ocasiones, sus haciendas terminaron saqueadas u ocupadas. Los terratenientes debieron organizarse una vez más para la defensa a sus intereses.

Bibliografía.

Leal, Juan Felipe, Margarita Menegus (1995). Hacendados y campesinos en la Revolución Mexicana. El Caso de Tlaxcala 1910-1920. México; Universidad Nacional Autónoma de México-Grupo Editorial Eón.

Marx, Carlos, Federico Engels (1982). Marx. Escritos de Juventud. México: Fondo de Cultura Económica.

Rendón Garcini, Ricardo (1996), Breve historia de Tlaxcala. México: Fondo de Cultura Económica. Escenario Tlaxcala no recibe dinero por convenios oficiales y no pretendemos hacerlo. Necesitamos de ti que eres parte de esta comunidad de lectores. Suscríbete a nuestro ejército de guerreros y luchemos juntos por más periodismo independiente y contra la desinformación.

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