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Cultura

Revisemos el Códice de Huamantla

Código de Huamantla

Por: Edilberto Mendieta García

Miembro de la Sociedad de Historia, Educación y Cultura de Tlaxcala

Twitter: @EdilbertoMendi5

Facebook: www.facebook.com/edilberto.mendietagarcia

Correo electrónico:edilbertomendieta@gmail.com

Cuando las autoridades virreinales entendieron la importancia de las pinturas, que los pueblos indígenas guardaban cuidadosamente, pudieron comprender que a través de aquellos trazos se resguardaba la historia, la geografía y la cosmovisión de los pueblos indios, sobre todo a la hora de litigios ante tribunales, y fue entonces cuando se aquilató e impulsó el uso de los códices. Si bien, no todas las pinturas estaban encaminadas a este sentido, también hubo otras de tipo religioso que el celo de fray Juan de Zumárraga y de fray Diego de Landa les devoró, consumiéndose cientos de códices en 1529 y en 1562. No obstante, pese a la irreparable pérdida, algunos antiguos lienzos sobrevivieron, o ya entrada la etapa colonial, se elaboraron nuevos registros bajo tradicionales técnicas y perspectivas europeas, surgiendo una amalgama pictórica nueva, mestiza, ad hoc a los tiempos que se vivían.

Un caso de conservación del pasado, pero con rasgos europeos, fue el Códice de Huamantla o Mapa de Huamantla, cuya motivación hizo que los habitantes de Huamantla entre 1590 y 1598 (sino es que unos años antes) elaboraran este importante códice colonial de filiación otomí, presumiblemente a solicitud de los franciscanos a mediados del siglo XVI. Los frailes, a través de este lienzo, aprendieron parte de la cosmogonía y de la historia de sus feligreses, para procurar una mejor evangelización. Los indígenas con el mapa demostraron la antigüedad del asentamiento de sus antepasados ante las autoridades novohispanas.

El códice, era un lienzo que medía 8 varas de largo y 2 varas y cuarta de ancho, lo que sería aproximadamente 6.50 m de largo por 1.90 m de ancho, hecho en papel amate. Actualmente se conservan nueve fragmentos, siete están resguardados en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, uno de ellos está vinculado al Códice de Itztapalapa (pegado al primer folio del documento), y dos más se encuentran en la Biblioteca Estatal de Berlín.

En opinión de David Charles Wright-Carr, el códice se colocaba en el piso mientras una persona, conocedora de la tradición antigua, narraba la historia ancestral. Hasta donde se puede reconstruir, debido al actual estado físico del códice, dicha historia comienza con la salida de los antepasados desde una mítica cueva en Chiapan (como el Chicomoztoc de los nahuas) cruzando el norte de la cuenca de México y la Sierra Nevada hasta llegar al occidente del actual Estado de Tlaxcala, posteriormente traspasaron una frontera, donde se dio una feroz batalla en Atlancatepec (cerca del cerro de Tliltepec), presumiblemente los otomíes de ese señorío ofrecieron resistencia tenaz. A continuación, el grupo venido de occidente, airoso de la contienda bélica, realizó un sacrificio de flechamiento en honor a la diosa Cihuacoatl, y después pasó por el río Zahuapan con rumbo al oriente. En algún momento, los otomíes venidos de Chiapan se separan en tres agrupaciones: una de estas pasa por un sitio que Carmen Aguilera interpreta como Tecoac (otro señorío otomí) hasta llegar a Hueymetlan; el segundo contingente queda entre Tecoac y Huamantla, sin especificar qué lugar sería; y el tercero grupo llegó a Huamantla, para proseguir hacia el sureste hasta Yohualiocan, Zacateotla y Mazapillan (comunidades ubicadas en Puebla según Carmen Aguilera). El asentamiento en esta región, por las imágenes que se dibujaron, no fue tarea sencilla: 6 ríos de sangre y 5 signos de Atl-Tlalchinolli, además de guerreros que sostienen del cabello a otros seres humanos pintados de blanco, permiten pensar momentos de guerra continua; además de que en los poblados están representados dentro de un ambiente rural y natural, con árboles, serpientes y venados. Las sementeras muestran a campesinos con el palo para sembrar, pero estas mismas hacen pensar que tienen surcos a la manera europea. Presumiblemente, esta fue la historia prehispánica de este grupo otomí. En el lienzo se agregaron otros elementos que narran la presencia europea. En las comunidades, sobre todo Huamantla, se aprecian construcciones cristianas católicas y un franciscano identificado como fray Pedro Meléndez. Por último, se agregó en el fragmento 5, una imagen de la conquista acaecida en Tecoactzinco, en donde las huestes de Hernán Cortés resistieron el sitio impuesto por tlaxcaltecas y otomíes tecoacas. En esa misma escena, el marqués del Valle recibió aves, cargas de color verde y unas cuentas azules; crónicas de la conquista corroboran esta imagen.

El lienzo, conserva 32 glosas en náhuatl, de las cuales 10 son legibles, 15 parcialmente y 7 no se pueden comprender. ¿Glosas nahuas en un lienzo de filiación otomí? Es importante recalcar que antes la conquista, quizá desde el siglo XV, el náhuatl era la lingua franca entre los pueblos indígenas, la cual fue sumamente aprovechada por los españoles.

En algún momento la pintura fue enterrada, junto a otro mapa hoy perdido, en una caja en el suelo de alguna ermita en ruinas de Huamantla, hasta que en 1740 el viajero italiano Lorenzo Boturini lo mandó a extraer. Por el momento las razones de dicho ocultamiento no son claras. Al ser un lienzo tan grande y poco convencional, en comparación a otros códices de la época, no era de tan fácil manejo. Cuando la colección de códices le fue recogida a Boturini por órdenes de las autoridades virreinales, la pintura fue registrada por Juan de Balbuena en 1743; posteriormente el lienzo fue doblado y esto contribuyó más a su maltrato, hasta que quedó dividido en varios trozos. Los 9 fragmentos se mantuvieron en varios sitios de la Ciudad de México, como la Escribanía de Gobierno, la Universidad o la Secretaría de Cámara, hasta fines del siglo XVIII.

Los fragmentos del 1 al 6 y el 9, después de 1821 se resguardaron en la Secretaría de Estado y Relaciones, hasta 1826 se depositaron en el Museo Nacional de Historia. El fragmento 6, según David Charles Wright-Carr, durante el Porfiriato fue separado, teniéndolo en posesión José María Vigil en la Biblioteca Nacional, luego fue hallado en 1909, y regresado al Museo Nacional de Arqueología, Etnología e Historia en 1919. Desde 1964 en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia se encuentran los siete pedazos del lienzo.

A finales del siglo XVIII, el erudito Antonio de León y Gama obtuvo los fragmentos 7 y 8, y quedaron dentro de su colección hasta su muerte. Después dicha colección pasó a manos de José Pichardo y en 1803 el Barón Alexander von Humboldt adquirió los dos pedazos. Para 1806 el sabio europeo regresó a su amada Prusia y más tarde sus documentos, junto con las dos fracciones del Códice de Huamantla, quedaron en posesión de la Biblioteca Estatal de Berlín.

El Códice de Huamantla ha sido objeto de algunas publicaciones desde el siglo XIX, la más completa ha sido la de Carmen Aguilera en 1984. Además ha sido estudiado por algunos investigadores como Eduard Seler, Alfonso Caso, Federico Gómez de Orozco, Robert Barlow, Carmen Aguilera y David Charles Wright-Carr. Los trabajos más recientes han sacado a la luz datos e interpretaciones útiles para la comprensión de historia del pueblo otomí, no obstante el tema no está agotado, y seguramente hay más por descubrir sobre este importante testimonio de los pueblos indígenas del oriente de Tlaxcala.

Bibliografía

Aguilera, Carmen, “Cihuacóatl, diosa otomí”, en Estudios de cultura otopame, México, Instituto de Investigaciones Antropológicas-UNAM, 2000, vol. 2, pp. 29-43.

__________, Códice de Huamantla, estudio iconográfico, cartográfico e histórico por Carmen Aguilera, Tlaxcala, Instituto Tlaxcalteca de la Cultura, 1984 (Códices y Manuscritos de Tlaxcala, Núm. 2).

__________, “Códice de Huamantla”, en Arqueología Mexicana, Edición Especial, núm. 42, febrero de 2012, pp. 50-53.

__________, “El códice de Huamantla”, en 1° Coloquio de documentos pictográficos de tradición náhuatl, presentación de Carlos Martínez Marín, México, Instituto de Investigaciones Históricas-UNAM, 1989, pp. 251-260 (Serie de Cultura Náhuatl. Monografías 23).

__________, “Los otomíes defensores de fronteras: El caso de Tlaxcala”, en Notas mesoamericanas, Cholula, UDLA, 1991-1992, pp. 103-110.

__________, “Los topónimos en el Códice Huamantla”, en Antología de Tlaxcala, 4 t., México, Gobierno del Edo. de Tlaxcala-INAH, 1997, tomo 4, pp. 76-88.

Boturini Benaducci, Lorenzo, Idea de una Nueva Historia General de la América Septentrional, estudio preliminar de Miguel León Portilla, 2° edición, México, 1986 (Colección “Sepan Cuantos…” núm. 278).

Odena Güemes, Lina, “Los otomíes de Tlaxcala ¿antiguos pobladores o inmigrantes recientes?”, en Antropología, núm. especial 41, 1994, pp. 2-5.

Valle, Perla, “Códices coloniales”, en Arqueología Mexicana, vol. IV núm. 23, enero-febrero de 1997, pp. 64-69.

Wright Carr, David Charles, “Embodied space and time in the Huamantla Map”, Conferencia, Guanajuato, 2020.

_________, “Historia, legitimación y relaciones interétnicas en el Mapa de Huamantla”, Conferencia, Guanajuato, 2009.

_________, “Lengua, cultura e historia de los otomíes”, en Arqueología Mexicana, vol. XIII núm. 73, mayo-junio 2005, pp. 26-29.

_________, Los otomíes: cultura, lengua y escritura, tesis para obtener el grado de doctorado, Zamora, El Colegio de Michoacán, 2005.

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