Las precampañas políticas están a todo lo que dan en mi querida República Mexicana. Los partidos políticos y sus precandidatos se encuentran recorriendo el país con el propósito de hablarle “bonito” a sus militantes, con la idea de convencerlos para que confíen en su proyecto político y de, esta manera, voten por ellos. Vaya, cual reinas y princesas, a Meade, Anaya, Obrador y al mismo “Bronco”, se les ha visto lucir sus encantos. Digo, tal pareciera que la pasarela es un requisito indispensable para que los ciudadanos confíen en ellos y, con el paso del tiempo, puedan ocupar el cargo que andan persiguiendo. ¿Y el Instituto Nacional Electoral (INE) qué está haciendo? Su normatividad es clara y, aunque estamos en precampaña, tal parece que estos precandidatos andan en campaña completa y, hasta el momento nadie, absolutamente nadie, les ha puesto un alto ni les ha dicho que están violando las leyes que fueron creadas para tal efecto. ¿Parte de la democracia? Supongo. Como bien se dice: en México todo es posible, y es cierto.
Así las cosas en nuestro país, un asunto que llamó mi atención en días pasados, fue la aplicación en el Estado de Tlaxcala, de un examen a los candidatos tricolores que aspiran a “representar” al pueblo en la próxima contienda electoral. Según se dijo en diversos medios de comunicación, este proceso tiene la intención de valorar qué tanto los “suspirantes” conocen los principios y demás aspectos del Partido Revolucionario Institucional (PRI) para, después, valorar su participación en las próximas elecciones.
Cosa curiosa fue ésta, porque tal parece que bajo esquemas de evaluación como los que propuso el Comité Estatal de este partido, se pretende obtener a los mejores candidatos y candidatas que, obviamente, representen cabalmente los intereses de este partido. ¿En verdad se piensa que con esta estrategia la gente, vaya el pueblo, olvide lo que han hecho ex gobernadores provenientes de esa nueva generación de priistas en los estados de Veracruz o Chihuahua, por ejemplo?, ¿acaso se piensa que un examen otorgará la credibilidad requerida para ocupar un cargo o representación pública?, ¿en dónde queda la trayectoria política de los militantes de este partido?, ¿cuáles son las acciones/obras que han emprendido para favorecer las condiciones de vida de sus pueblos?, ¿en dónde queda la transparencia en las elecciones internas si al final de cuentas el dedazo es lo que ha caracterizado a este partido? Y, lo más importante, ¿cuántos de estos “suspirantes” se han adherido a una propuesta ciudadana que hoy prácticamente se encuentra en el olvido: la 3de3?
La simulación y el maquillaje, así por encimita, parece ser una característica que han adoptado los partidos con el propósito de que los ciudadanos, comunes y corrientes, como usted o como yo, confiemos en esos partidos políticos y en sus políticos; no obstante, las evidencias y/o denuncias, encarcelamientos, y demás linduras que han cometidos ciertos personajes de la política, mismos que han crecido y se han desarrollado bajo los “principios” de este y otros partidos políticos, nos confirman, que existe una podredumbre política que escapa de toda lógica y sentido.
Y es que como bien sabemos, el lastre que trae a cuestas nuestro maravilloso país, es el de la corrupción. Sí, una corrupción que particularmente se ha acrecentado en los últimos cinco años, producto de las “irregularidades” que se han vivido al interior del gobierno. Irregularidades que por más que se diga lo contrario, han sacudido las estructuras institucionales hasta sus cimientos. ¿Para qué se tiene una Secretaría de la Función Pública si en los hechos no es autónoma ni aplica la ley a quien debería de aplicarse?, ¿por qué no se ha destrabado el asunto del fiscal anticorrupción si a diario surgen casos graves de esta índole en los diferentes niveles de gobierno? Por qué, esa es la pregunta y esa es la respuesta.
Si en verdad se desea o pretende contar con los mejores candidatos, el planteamiento es sencillo: partir de hechos concretos. Sí, del conocimiento de los estatutos de su partido (aunque esto sea un absurdo dado que son militantes de ese partido) pero también, de su trayectoria política, de sus acciones, de sus proyectos de gobierno, de su gestión y del conocimiento de ésta dados los esquemas globalizadores que privan en el mundo entero, vaya, de considerar a políticos profesionales, que actúen para favorecer y mejorar las condiciones de vida de los mexicanos y no de sus propios intereses y de los de su partido.
En democracia, señores, todo es válido, siempre y cuando no se atente en contra la vida de los ciudadanos, y créanme que en estos años de gobierno y/o sexenio, se ha cometido serios crímenes en contra del pueblo de México.
Sí señor Peña Nieto, ni perdón ni olvido (frase dicha por la izquierda socialista) pero a su gobierno y lo que éste representa. Sí señor Peña Nieto, ni perdón ni olvido pero a su partido.


