Tlaxcala, un hermoso estado rodeado por relieves geográficos únicos, copioso en personajes y espacios artísticos. Lugar de la tortilla de maíz y de gente trabajadora. Tlaxcala, de historia larga y héroes épicos.
Luego de 41 días del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, se cumple la primera descentralización de dependencias federales que deja a Tlaxcala con una de las enmiendas más importantes del país: la Secretaría de Cultura. Las oficinas están listas, pero definitivamente los ciudadanos lo estamos más.
Queda claro que tener una dependencia federal no solo implica más movilización al interior de la capital, sino de todo el estado y de todo un ritmo de vida; afortunadamente el arte y la cultura tenían ya un espacio reservado, y aunque es cierto que como país no tenemos el apoyo suficiente a este sector, sí se ha posicionado dentro de la afluencia nacional. Tlaxcala es bien llamada “Cuna del mestizaje” pues la fuerza que floreció de la cultura prehispánica y española no es solo racial, sino tradicional y sin duda hasta la fecha nos identifica. Seguramente estamos preparados para un nuevo intercambio de ideas de trabajo, de promoción y de apoyo; así como como para acoger otras formas de interpretar el arte y de vivir la cultura de México.
Sin embargo, es importante señalar la obligación que tenemos como anfitriones para recibir nuevas creaciones y a nuevos creadores. Hace poco me preguntaron por qué Tlaxcala que es tan rico en tradiciones es tan poco nombrado en la agenda pública nacional, la respuesta es sencilla: somos un pueblo que por costumbre hemos tratado de mantener propia nuestra identidad. Pese a los esfuerzos de turismo seguimos con la intención de una cultura independiente y arraigada, negándonos a veces a los cambios y a las exigencias del mundo globalizado. Lo cual no invita a pensar que no hay nueva obra, al contario, cada día es más sorprendente el grado de complejidad en nuestra sociedad con la pluralidad de ideas; constantemente me asombra cómo artesanos, gastrónomos, historiadores, entre tantos más, han hecho de Tlaxcala tierra fértil para el folclore y la idiosincrasia.
Es importante para generaciones pasadas, presentes y futuras asumir el reto de lo inesperado, tener los ojos y brazos abiertos a las posibilidades que definitivamente se van a presentar y que no podemos dejar a nivel de decisión política, pues algo tan humano como la cultura le pertenece al famoso cuarto poder: al pueblo. Tlaxcala va por buen camino, el progreso nos visita con mayor frecuencia y definitivamente este cambio nacional va a ser el inicio de una trayectoria de orgullo y éxito colectivo.
Muchas veces nos han contado mal la historia pero esta vez es nuestro turno de crearla y vivir para escribir cómo reafirmamos cada vez más que somos la Cuna de la Nación.


