Verónica Barrientos
La designación de la senadora Ana Lilia Rivera Rivera por parte del CEN de Morena como coordinadora estatal marca un hito definitivo en la reconfiguración del poder en Tlaxcala de cara al 2027.
La lectura política de esta decisión es clara: la dirigencia nacional optó por la ortodoxia de Morena (una fundadora del partido, expresidenta del Senado y referente del obradorismo histórico) por encima del perfil más cercano al grupo en el gobierno estatal, encarnado por la figura promovida desde el Ejecutivo.
El escenario proyecta un Morena fortalecido en marca y preferencia de voto general, pero con una estructura territorial interna que requiere contención para evitar cicatrices profundas.
1. El gran reto inmediato: contención de la indisciplina y operación de cicatriz
El reto central de Ana Lilia Rivera no es ganar el voto de afuera, sino mantener cohesionada la maquinaria por dentro. Al resolverse la coordinación estatal, pero dejar pendientes las definiciones para los municipios y las diputaciones locales, el riesgo de fuga o de «neutralidad» es alto.
Los focos rojos que requiere atender en los próximos dos a tres meses son:
La «fuga de inconformes» en el ámbito municipal:
Riesgo: Aspirantes a los 60 municipios que se sientan excluidos por la resolución de la cúpula tenderán a migrar al PVEM, PT, MC o incluso al PRI/PAN para aparecer en la boleta.
La lealtad pactada con las estructuras del Gobierno del Estado:
Riesgo: Que los operadores territoriales alineados a la estructura del Ejecutivo mantengan una presencia pasiva o saboteen sutilmente los trabajos de estructuración de comités (práctica habitual en la política local).
El fenómeno del «voto cruzado» o voto castigo en lo local:
Riesgo: Que la marca Morena mantenga su hegemonía en la boleta principal, pero sufra derrotas en municipios clave debido a fracturas internas y al cobro de facturas entre los grupos políticos locales. (Lo hacen. Saben qué tanto se apasionan).
2. El actuar estratégico de la gobernadora
El escenario requiere de alta diplomacia política. Haber respaldado a una opción distinta no es un impedimento si la resolución del CEN se procesa bajo el criterio del pragmatismo de Estado:
Transición de la injerencia a la garantía de gobernabilidad: A la gobernadora no le conviene un partido dividido que vuelva convulso el cierre de su administración. Su papel idóneo es asumir el rol de garante de la unidad, validando públicamente el nombramiento de la senadora Ana Lilia Rivera y dando luz verde a sus estructuras institucionales para sumarse al proyecto común.
Mantenimiento del equilibrio interno: Negociar con el CEN y la nueva coordinadora las posiciones tácticas en el Congreso local y en los municipios estratégicos (como Tlaxcala capital, Apizaco, Chiautempan y Huamantla), garantizando que su grupo conserve representación.
Mensaje de disciplina al gabinete: Enviar una señal contundente hacia sus secretarios y operadores territoriales para desactivar cualquier intento de confrontación soterrada o de «fuego amigo», cerrando filas con la decisión nacional de Morena.
3. Ruta de operación táctica
Mesas de unidad local para neutralizar fugas.
Blindaje de encuestas: dejar las reglas claras a los municipios.
Candidaturas consensuadas: cierre de año y listas «sin fractura».
Ya lo veremos en los siguientes días: los movimientos y los silencios se leen entre líneas.
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