Tlaxcala, Tlax.- Esta mañana me levanté con una noticia que me filtraron: la Secretaría de Medio Ambiente canceló la construcción del Polo de Desarrollo de Economía Circular para el Bienestar (PODECIBI) en Atlangatepec. Después de tres meses de resistencia, denuncias y exigencias de información ante la falta de transparencia, finalmente llegó la noticia.
Pero ¿qué significa realmente que se haya cancelado? Y, sobre todo, ¿qué hacemos ahora con un problema que sigue ahí: el manejo de los residuos en Tlaxcala?
Antes de responder esas preguntas, primero hay que separar dos cosas que durante estos meses se mezclaron en la discusión pública. Una es el proyecto federal de economía circular, que busca mejorar las condiciones en las que se tratan los residuos urbanos. Otra, muy distinta, es la manera en que el Gobierno de Tlaxcala decidió llevarlo a la comunidad de San Pedro Ecatepec.
San Pedro Ecatepec lleva alrededor de 30 años conviviendo con un basurero a cielo abierto. Para quienes viven ahí, los residuos no son una discusión teórica: los han visto, los han vivido y los han padecido. Por eso, cuando llegó la idea de construir ahí el PODECIBI, para la población, no era una solución al problema.
Razón por la que la comunidad preguntó qué se quería instalar, qué residuos recibiría, qué tecnología utilizaría, quiénes participarían, cuáles serían los impactos, qué estudios existían y por qué ese territorio. Muchas de esas respuestas no llegaron con la claridad y transparencia que una política pública de esta magnitud requería.
Yo también vi el basurero. Vi cómo los lixiviados llegaban a los campos de la comunidad. No necesito que me lo cuenten.
Pero al parecer hubo alguien que no lo vio. Al menos, no de primera mano.
Durante el Diálogo Circular, el vocero del Gobierno de Tlaxcala, Antonio Martínez Velázquez, informó que el PODECIBI ya no se realizaría en Atlangatepec. Explicó que estudios determinaron que el terreno no era viable, además de factores relacionados con los costos y el alcance del proyecto.
Sin embargo, también habló de una “campaña de desinformación” y de “manipulación” porque el PODECIBI había sido entendido como un basurero.
Y tiene razón en algo fundamental: un polo de economía circular no es un basurero. La idea es que los residuos puedan incorporarse a cadenas productivas, ser reciclados, reutilizados y aprovechados.
El problema es que explicar que un PODECIBI «no es un basurero» no responde a las preguntas que durante meses hizo la comunidad y que nunca se les respondieron.
Cuando Martínez Velázquez preguntó: “¿Cómo puedes tener un basurero en el que dices ‘no quiero vivir en un basurero’, cuando en tu jardín tienes basura?”, la comparación me pareció una falta de respeto. El sentido de su explicación colocó a los habitantes en el lugar de quienes no podían reconocer una solución que, según él, estaba frente a sus ojos y que no veían porque habían sido manipulados.
Pero una comunidad que lleva tres décadas conviviendo con un basurero no necesitaba que le explicaran que tenía un problema con la basura. Necesitaba saber qué querían hacer con ella.
Podían entender perfectamente qué es la economía circular y, aun así, cuestionar un proyecto específico en su territorio. Participar en una política pública no significa necesariamente decir que sí.
Martínez Velázquez también dijo que el gobierno cumplió su palabra: si los estudios determinaban que el proyecto no era viable, no se realizaría.
Pero ¿el gobierno verdaderamente cumplió?
Porque si hablamos de cumplimiento también habría que reconocer a una comunidad que durante meses cuestionó el proyecto, exigió información, defendió su territorio y puso límites al ingreso de las autoridades.
¿Hasta cuándo va a admitir el Gobierno de Tlaxcala que se equivocó en las formas de comunicación pública?
La resistencia de San Pedro Ecatepec no apareció de la nada ni puede reducirse a una “campaña de desinformación”. Hubo una comunidad que percibió que una decisión estaba llegando a su territorio sin suficiente información y decidió organizarse para defenderlo.
Y eso también es participación ciudadana.
El PODECIBI, además, no es un proyecto inventado por el Gobierno de Tlaxcala. Es parte de una política federal relacionada con la economía circular y el manejo de residuos. Que se haya cancelado en Atlangatepec no significa que esa política haya desaparecido ni que Tlaxcala esté fuera de la posibilidad de recibir un proyecto de este tipo en el futuro.
Por su ubicación y su perfil industrial y productivo, Tlaxcala podría volver a estar en la conversación. Y ahí empieza la verdadera discusión.
Porque gobernar no es solamente anunciar proyectos. También significa explicar, escuchar, anticipar conflictos, generar confianza y permitir que las comunidades conozcan lo que se pretende hacer en sus territorios antes de que tengan que protestar para obtener información.
Tal vez San Pedro Ecatepec habría rechazado el PODECIBI incluso con toda la información sobre la mesa. Y habría tenido derecho a hacerlo. Pero habría sido un rechazo informado.
Ahora que el proyecto está cancelado, también tendría que existir transparencia sobre esa decisión: ¿qué estudios determinaron que el terreno no era viable?, ¿qué factores ambientales, económicos y técnicos fueron considerados?, ¿qué recursos se habían destinado?, ¿qué ocurrirá con ellos? ¿cómo se atenderán los efectos causados por el basurero a cielo abierto? Y, sobre todo, ¿qué va a hacer el gobierno con el problema de residuos que sigue existiendo?
Sería un error concluir que la lección de Atlangatepec es que los proyectos de economía circular no sirven. Tlaxcala necesita resolver qué hace con sus residuos. Pero necesita hacerlo con información pública, estudios disponibles, especialistas, municipios y comunidades.
El Gobierno de Tlaxcala tiene una segunda oportunidad, pero también varias cuentas pendientes. La cancelación no pone punto final a la discusión: todavía hay preguntas por responder sobre los estudios que determinaron que el terreno no era viable, los recursos que se destinaron, los efectos del basurero a cielo abierto y la manera en que se atenderá este problema.
Y hay una pregunta más que tarde o temprano tendrá que responderse: ¿a qué otro municipio podría llegar el PODECIBI?
Porque el proyecto no desapareció. La política federal de economía circular tampoco. Tlaxcala sigue teniendo las condiciones para que otro municipio sea considerado y, cuando eso ocurra, el gobierno tendrá que demostrar que aprendió algo de Atlangatepec.
Esta vez tendría que haber información desde el principio, estudios públicos, claridad sobre lo que se pretende instalar y una comunidad que pueda decidir con todos los elementos sobre la mesa.
El PODECIBI se canceló en Atlangatepec, pero no es el fin. El problema de los residuos sigue ahí y la discusión también. La verdadera prueba para el Gobierno de Tlaxcala será decidir dónde continuará este proyecto y, sobre todo, si esta vez estará dispuesto a transparentar, explicar y escuchar antes de pedir confianza.


