Tlaxcala, Tlax.- Durante el podcast «Ecos de la Trata y el Territorio» del Centro Fray Julián Garcés, la docente e investigadora Samantha Corpus reflexionó sobre el arte como respuesta a la violencia en Tlaxcala.
Samantha Corpus es directora de Imprudentes Teatro, un espacio que funciona como un eje de prevención y denuncia ciudadana, abordando temas como la explotación sexual y la crisis del territorio, integrando la escena con la lucha por los derechos humanos.
La motivación de Samantha Corpus surge de un contexto personal y social crítico, al señalar que su percepción del aumento de la inseguridad en Tlaxcala se agudizó tras el asesinato de su abuelo en enero de 2025, un caso que, como muchos otros, permanece en la impunidad.
A esta violencia directa se suma la violencia institucional. La artista denunció la tendencia de las autoridades a negar las problemáticas locales, lo que se traduce en un abandono sistemático hacia los trabajadores culturales, a quienes se les recortan presupuestos y se les niegan derechos fundamentales.
Para la directora de Imprudentes Teatro, la escena funciona como un mecanismo de prevención primaria. A través de obras documentales y de cabaret, se busca confrontar al espectador con realidades incómodas como:
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A las faldas de la Malinche: Una pieza que genera una catarsis colectiva, donde mujeres del público terminan compartiendo sus propias historias de abuso al sentirse identificadas.
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Escuelita Mens Club: Un proyecto que utiliza máscaras para diseccionar la psicología de los consumidores de la trata, logrando que los hombres en la audiencia se vean confrontados con su propia participación en este sistema de explotación.
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Corpus enfatizó que hacer teatro de denuncia requiere más que talento actoral; exige un compromiso interdisciplinario. Sus montajes suelen nacer de procesos de investigación que duran más de un año, apoyados por sociólogos, antropólogos y activistas para evitar la réplica de estereotipos y entender a fondo las estructuras de poder que sostienen la trata y la contaminación en la cuenca del Alto Atoyac.

Samantha compartió que ha enfrentado el rechazo de instituciones educativas que temen abordar temas «fuertes» con adolescentes. En comunidades como Tenancingo, el estigma y el silencio pesan sobre los habitantes, lo que dificulta la labor artística pero la hace más necesaria.
«Los artistas somos como los bufones de la Edad Media: podemos entrar a los espacios de poder, observar lo que está mal y usar la sátira para decírselo de frente al rey», reflexionó la artista.
Finalmente, señaló que la colectividad en el arte en Tlaxcala debe seguir siendo un espacio donde la realidad no se oculta, sino que se convierte en una semilla de conciencia para las nuevas generaciones.


