Seguramente has escuchado la frase: “a ese niño se lo chupó la bruja”. Lo que en muchas partes de México se usa como un dicho popular, en el estado de Tlaxcala guarda un trasfondo ancestral que aún provoca escalofríos en las comunidades: la leyenda de las tlahuelpuchis.
Un origen prehispánico y luminoso
A diferencia de las brujas europeas de sombrero y escoba, las tlahuelpuchis tienen una raíz profundamente mesoamericana. El término proviene del náhuatl tlaltepuchi, que significa “sahumador luminoso”. Antiguamente eran vistas como una clase de nahuales con la capacidad de transformarse a voluntad.
Hoy en día, se les describe como mujeres que aparentan una vida normal, pero que cargan con un «don» o maldición que aflora al llegar a la pubertad, específicamente con su primera menstruación. Es en ese momento cuando entran en contacto con sus poderes, aprendiendo con el tiempo la técnica de la transformación.
El acecho nocturno y territorial
Las tlahuelpuchis son seres solitarios y sumamente agresivos entre sí. A diferencia de otros mitos, no trabajan en grupos; respetan celosamente sus territorios y solo se unen ante peligros comunes.
Su comportamiento nocturno tiene características específicas:
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Horario de caza: Actúan principalmente entre la medianoche y las cuatro de la mañana.
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Transformación: Utilizan un ritual con madera de capulín, copal y plantas medicinales para desprenderse de sus extremidades y tomar forma de animales, comúnmente guajolotes, o de una niebla luminosa que se filtra por las casas.
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La víctima ideal: Tienen una marcada preferencia por la sangre de niños pequeños, a quienes detectan con su fino olfato.
Para atacar, las tlahuelpuchis utilizan un vaho fétido que hipnotiza a los habitantes de la casa, induciéndolos a un sueño tan profundo que les impide despertar mientras ellas succionan la sangre de los infantes. Al día siguiente, las víctimas suelen presentar moretones en el pecho, espalda o cuello.
¿Cómo protegerse según la tradición tlaxcalteca?
La sabiduría popular ha transmitido por generaciones diversos métodos para alejar a estas criaturas. Según la creencia, las tlahuelpuchis detestan el metal, por lo que se recomienda:
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Colocar tijeras abiertas, cuchillos o agujas bajo el petate o la cuna.
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Poner un espejo cerca de la puerta o una cubeta con agua.
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El remedio más efectivo: envolver dientes de ajo en una tortilla sobre el pecho del bebé o esparcir cebolla alrededor de su cama.
Una creencia que persiste
Aunque parezca una historia de siglos pasados, la memoria colectiva de Tlaxcala mantiene vivo el temor. La leyenda urbana señala que la última ejecución popular de una tlahuelpuchi ocurrió en el estado en 1973, un evento lo suficientemente cercano para que el respeto por esta figura sobrenatural no desaparezca.
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En las noches frías y lluviosas de nuestra entidad, hay quienes aseguran haber visto luces extrañas alejarse en el horizonte, recordándonos que las tlahuelpuchis siguen formando parte de nuestra identidad y misterio.


