22 de marzo: Día Mundial del Agua, ¿conmemoración sin sentido en Tlaxcala?

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Por: Federico Luis Pöhls Fuentevilla

De acuerdo a los datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU): una de cada tres personas en el mundo viven sin agua potable; se estima que, para 2040, la demanda mundial de energía se habrá incrementado en un 25% y la de agua en un 50%. Así, para el año 2050, se estima que hasta 5,700 millones de personas podríamos estar viviendo en áreas donde el agua escaseará al menos durante un mes al año, y se sabe ya que el clima extremo ha causado más del 90% de los desastres mayores en la última década.

Además, 4,500 millones de personas en el mundo carecen de servicios de saneamiento salubres y el 80% de las aguas residuales vuelven a los ecosistemas sin haber sido tratadas o reutilizadas.

Con esta información, la ONU plantea la conmemoración del día mundial del agua, el en marco de lo que la misma organización ha declarado como el Decenio Internacional para la Acción “Agua para el Desarrollo Sostenible” 2018 – 2028, con una Campaña en la que se hace ver la estrecha vinculación entre el agua y el cambio climático haciendo ver cómo el uso que hagamos del agua en todo el mundo podrá ayudar a reducir inundaciones, sequías, escasez, y la contaminación, y así podremos ayudar en verdad a combatir el cambio climático.

Según la ONU, al adecuar nuestras prácticas a los efectos del cambio climático en el agua, protegeremos la salud de las personas y salvaremos vidas. Al usar el agua de manera más eficiente, se reducirán los gases de efecto invernadero.

Así, la ONU exhorta a toda la población del mundo, pero sobre todo a sus estados miembros (México entre ellos, por supuesto) a sustentar sus políticas de desarrollo y sus planes de acción en tres puntos principales:

  1. Los responsables de la política climática deben poner el agua en el centro de los planes de acción.
  2. Buscar e implementar soluciones de agua y saneamiento reales y eficaces, sostenibles, asequibles y escalables.
  3. Toda la población, incluyendo por supuesto a gobernantes, legislativos y jueces, en nuestra vida diaria podemos dar pasos para colaborar en hacer mínimos los efectos del cambio climático.

Claro que esto supone que en todas partes se reconoce que el acceso al agua potable y el saneamiento es necesario para la vida y un derecho humano reconocido; es decir, que se actúa en consecuencia. Supone también, según afirma también la ONU, que el agua se relaciona y es fundamental para todos los aspectos de la vida: el desarrollo, la salud y la nutrición, y la igualdad de género y la economía. Así, pues, sin agua sana no hay vida sana, sin agua no hay vida.

Se hace hincapié, sobre todo, en el ordenamiento integrado de los recursos hídricos para lograr los objetivos sociales, económicos y ambientales, y también se insiste en la ejecución y promoción de programas y proyectos fomentando la cooperación y las alianzas en todos los niveles y ámbitos. Y se destaca la importancia de tener siempre presente en todo, la relación que existe, el nexo, entre agua, energía, alimentación y medio ambiente.

Y quien haya leído hasta aquí, tristemente habrá ido cayendo en la cuenta de que en Tlaxcala tenemos casi nada que conmemorar, y mucho menos que celebrar desde la acción institucional, gracias a los nulos esfuerzos que los gobiernos estatales y la mayoría de los municipales han hecho al respecto. Es más, todo indica que, al contrario, se preocupan por no colaborar con los compromisos adquiridos y ratificados por México en la ONU y orientan todas sus acciones (las acciones que realmente tienen planeadas, bien estructuradas y coordinadas) para provocar cada vez que la situación sea más insalubre y desastrosa para las y los habitantes del estado. En lugar de orientar sus planes, programas y acciones conforme lo que se requiere para sanear la cuenca, hacen exactamente lo inverso; como ya lo hemos comentado, en lugar de ejercer responsablemente el poder que la población les delegó mediante el voto, lo desvían y lo seden a los poderes de facto para que sean ellos quienes tomas las decisiones sobre cómo debe organizarse la muerte (que no la vida) en el estado. Así, el gobernador actual, al parecer con más insistencia que los anteriores, llega al colmo de identificar como su misión (que poco o nada tiene que ver con la mayoría ciudadana) aquello de ponerse absolutamente al servicio de las industrias para que vengan, se instalen y hagan y deshagan a su antojo en el territorio. Así, recibe acá y anda por el mundo ofreciendo trozos de lo que queda de Tlaxcala a cualquier empresa o industria, sin importar, claro, si con sus formas de producción, con sus descargas y emisiones empeorarán todavía más la situación de devastación socioambiental en que vivimos, aunque legalmente cumplan con requisitos que, ya está más que demostrado y hasta oficialmente reconocido, resultan ya insuficientes en todas sus consideraciones.

Pero, afortunadamente en Tlaxcala no todo está perdido, como dice la canción, pues la población de diversos municipios, a pesar del gobierno tan terrible que se ha echado encima, ha emprendido acciones comunitarias, municipales, estatales y hasta de incidencia nacional e internacional para solucionar el problema socioambiental en nuestro estado. Así, las acciones comunitarias han ido desde la adaptación e implementación de diversas técnicas ecológicas para el tratamiento de las aguas residuales domésticas, el calentamiento solar del agua, la producción de biogás y hasta procesos de transición agroecológica en la producción de traspatio y la parcela, hasta la reflexión detenida sobre las condiciones de la situación, la investigación científica de las causas y las consecuencias que ya se viven y, con esta base, la elaboración de una propuesta comunitaria para el saneamiento integral de la Cuenca Atoyac – Zahuapan, con seis puntos principales que abarcan el conjunto de la problemática, que resulta oportuno recordar aquí: 1) El necesario saneamiento de la cuenca del Alto Atoyac, que incluye los cauces de los ríos, arroyos, canales y zanjas. 2) La restauración de los suelos en el lecho de los ríos y arroyos, en la ribera y en los terrenos aledaños a la zona federal. 3) La prevención, control y monitoreo de la contaminación futura de la cuenca. 4) El diseño y aplicación de un plan emergente de salud para las personas que hoy están enfermas debido a la contaminación de la cuenca (recordemos que justo en la cuenca muere una persona cada cuatro horas a causa de enfermedades asociadas al grado de contaminación en que vivimos) 5) El plan de saneamiento debe contar con recursos económicos suficientes para llevar a cabo todas sus acciones en todas sus etapas. 6) La aplicación de las correspondientes medidas de reparación del daño ocasionado a las personas, las familias y las comunidades en su salud, economía, cultura y dignidad.

Y esta propuesta, a pesar de la indiferencia y negligencia gubernamental en Tlaxcala, ha sido estudiada y evaluada por la SEMARNAT, y ha servido como base para el diálogo que se ha tenido con el secretario Toledo y su equipo respecto al Plan de Restauración Ecológica y para concretar el compromiso ya establecido de establecer un Grupo de Coordinación Interinstitucional entre esta secretaría, la de Salud y el CONACYT, para brindar atención integral a ésta y otras cinco regiones en el país.

Esto es lo que sí da sentido a la celebración del Día Internacional del Agua en Tlaxcala.

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