El pasado 25 de mayo, algunos Ayuntamientos de Tlaxcala publicaron avisos en sus páginas oficiales de Facebook informando a la población sobre la suspensión indefinida del servicio de recolección de basura. En las publicaciones se pedía a la ciudadanía “no sacar la basura a la calle para evitar contaminación y malos olores” y se explicó que la medida respondía a trabajos de mantenimiento en los rellenos sanitarios de Tetla y Nanacamilpa. Sin embargo, la situación generó incertidumbre y caos en diversas comunidades.
Es importante recordar que los rellenos sanitarios de Panotla y Huamantla (que en realidad son tiraderos a cielo abierto) fueron cerrados en junio de 2025. A casi un año de esta decisión, las consecuencias se han hecho cada vez más evidentes. Actualmente, los camiones recolectores de más del 80% de los municipios de Tlaxcala, deben recorrer largas distancias para depositar aproximadamente 570 toneladas diarias de residuos. Esto no solo representa un desafío logístico y económico para el traslado de los desechos, sino que también ha afectado la frecuencia y eficiencia del servicio de recolección.
Tlaxcala es una Región de Emergencia Sanitaria y Ambiental, enfrentando problemáticas graves relacionadas con daños a la salud de las personas, deterioro del suelo, pérdida de biodiversidad y un crecimiento urbano desmedido derivado del proceso de industrialización. En este contexto, la crisis de manejo de residuos sólidos agrava todavía más una situación ya de por si grave.
Ante este panorama surgen preguntas que son importante nombrarlas ¿qué es lo que realmente se requiere hacer con la basura? ¿cuál es la respuesta que obtendremos de las autoridades ante esta situación? ¿qué papel deben asumir la ciudadanía y los gobiernos municipales y estatales?
Lo que resulta evidente es que abrir espacios o lugares para depositar la basura no representa una solución de largo plazo; únicamente posterga una crisis que continúa creciendo. Ninguna comunidad de Tlaxcala debería ser condenada a convertirse en el destino final de la basura generada por casi la mitad del estado, como pretende hacerse con la comunidad de San Pedro Ecatepec, en el municipio de Atlangatepec, cuyos habitantes se manifestaron en contra la pretensión de instalar una empresa recicladora y de tratamiento de residuos, considerando que esto se trata de un agravio para las y los pobladores.
La discusión debe ir más allá de dónde depositar los residuos: es necesario replantear el modelo de consumo, fortalecer las estrategias de reducción y reciclaje, e impulsar políticas públicas que prioricen la gestión integral de los residuos.
Durante años, la solución institucional ha consistido en trasladar la basura de un territorio a otro, sin atender las causas estructurales que originan el aumento constante de residuos. Mientras tanto, las comunidades cercanas a rellenos sanitarios continúan enfrentando afectaciones directas: contaminación del agua y del suelo, malos olores, proliferación de fauna nociva y riesgos permanentes para la salud.
Frente a este panorama en Tlaxcala existen experiencias que han decidido impulsar un proceso para eliminar progresivamente la eliminación de la basura. Un ejemplo de ello es el Cobat 05 de Panzacola, institución que desde hace más de un año impulsa el programa basura cero, una iniciativa que les ha permitido intervenir en el destino final de los residuos que generan. En el tiempo que han venido desarrollando el programa han podido manejar hasta el 90% de los residuos que generan y han obtenido 75 kilogramos de composta, todo ello lo han venido logrando a través de capacitaciones constantes a la planta educativa, además de una estrategia de difusión que les permite informar a todas y todos pero también ir sensibilizando sobre la importancia de la separación.
Esta experiencia es una alternativa que podría implementarse en los hogares de las personas, en los comercios, en las plazas públicas y en los ayuntamientos.
La solución a los problemas que hoy tenemos con la gestión de residuos no es traer una planta para incinerar, ni buscar más terrenos para enterrar, ni mucho menos pedirle a la gente de última hora que guarde la basura en su casa. La solución pasa por cambiar de raíz la forma en que nos relacionamos con los desechos que generamos, además de cuestionar el sistema neoliberal que nos rige, ya que este modelo nos impone la manera en que consumimos y desechamos.
Margarita Sánchez Cruz
Centro Fray Julián Garcés Derechos Humanos y Desarrollo Local A.C.


