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Después de casi seis años privada de la libertad, Sandra Arana recuperó su libertad tras dos resoluciones judiciales que reconocieron violaciones a sus derechos humanos. Sin embargo, la investigación por tortura continúa sin avances sustanciales y permanece pendiente el cumplimiento de una recomendación de derechos humanos que contempla una disculpa pública para reivindicar su nombre, así como medidas de reparación integral del daño
Tlaxcala, Tlax. Sandra Arana Aguilar es médica cirujana y tiene sueños y metas por cumplir en el ámbito profesional. Sin embargo, el 25 de agosto de 2020, su vida cambió por completo: fue interceptada por hombres armados y vestidos de civil que posteriormente identificó como agentes de la Policía de Investigación de la Fiscalía General de Justicia de Tlaxcala. Fue acusada de secuestro y extorsión; su detención dio paso a casi seis años de prisión y a una denuncia por tortura contra la institución encargada de procurar justicia.
De acuerdo con su testimonio y la documentación del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Centro Prodh), Sandra sufrió tortura física, psicológica y sexual en instalaciones de la Fiscalía vinculadas con la unidad antisecuestro. En junio de 2026 recuperó su libertad, luego de que dos resoluciones judiciales reconocieran violaciones a sus derechos humanos y excluyeran pruebas utilizadas en su contra.
Pero recuperar la libertad no significa que se haya hecho justicia. La investigación por tortura continúa sin avances sustanciales y sigue pendiente el cumplimiento de una recomendación de derechos humanos que contempla una disculpa pública, la investigación de las responsabilidades individuales y la reparación integral del daño.
Recuperó su libertad después de casi seis años, pero el miedo y las consecuencias de la prisión permanecen
Sandra Arana Aguilar permaneció casi seis años en prisión y, aunque en junio de 2026 recuperó su libertad, su vida no volvió a ser la misma. Ahora debe reconstruir su patrimonio, retomar sus proyectos profesionales y encontrar la manera de adaptarse a una libertad que esperó durante años, pero que llegó acompañada de pérdidas e incertidumbre.
“Todavía, pues ahorita estoy sin nada, tengo que empezar de cero y la realidad es que me ha sido muy difícil también volverme a adaptar a la libertad”, contó durante la entrevista para Escenario Tlaxcala. Antes de su detención, Sandra ejercía como médica cirujana y también se dedicaba a la medicina estética. Hoy enfrenta el reto de recuperar su estabilidad económica y profesional después de pasar años lejos de su familia y sin posibilidad de continuar con sus actividades. Asegura que perdió bienes por los que había trabajado durante años y que su vehículo no le fue devuelto.
A las pérdidas materiales se suman las dificultades para encontrar trabajo y recuperar su reputación. Neftalí Pérez, abogado del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Centro Prodh), explica que las publicaciones difundidas durante su detención, en las que Sandra fue señalada como secuestradora y extorsionadora, siguen teniendo consecuencias.
«Basta con buscar su nombre en internet para encontrar notas que la vinculan con esos delitos, pese a las resoluciones judiciales que permitieron su liberación.»
Para Pérez, el reconocimiento público de las violaciones cometidas contra Sandra es fundamental para que pueda rehacer su vida. La Fiscalía General de Justicia de Tlaxcala debe ofrecer una disculpa pública y reconocer su responsabilidad institucional.
“Para ella es muy importante que la institución reconozca públicamente que se equivocó y que cometió violaciones graves a sus derechos humanos y que ella estuvo injustamente presa durante seis años para poder rehacer su vida”
La disculpa forma parte de la Recomendación 06/2023 de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Tlaxcala, aceptada por la Fiscalía, pero cuyo cumplimiento continúa pendiente. De acuerdo con Pérez, la institución debe acordar con Sandra y sus representantes las condiciones del acto —como el lugar, la fecha, las personas participantes y el mensaje— para que tenga un sentido reparador.
Pérez recalca que no se trata únicamente de un acto simbólico, sino también de rectificar públicamente el daño causado a su reputación y reconocer que permaneció injustamente privada de la libertad durante casi seis años. El reconocimiento institucional puede contribuir a contrarrestar las acusaciones que todavía aparecen en internet y que obstaculizan su intento de recuperar su vida profesional.
La reparación también requiere que avance la investigación por tortura. Pérez señala que la carpeta iniciada en la Fiscalía Especializada en Investigación del Delito de Tortura lleva alrededor de tres años sin avances sustanciales, pese a que existen dictámenes médicos y psicológicos elaborados conforme al Protocolo de Estambul, testimonios y registros de llamadas al 911. El Centro Prodh exige que la investigación llegue ante un juez y que se determinen las responsabilidades individuales de los agentes y del Ministerio Público señalados.
«No pueden continuar con el pacto de impunidad en el estado de Tlaxcala, porque esto es enviar un mensaje de que las autoridades pueden torturar a quien se les cruce por la calle y que no van a tener ningún tipo de consecuencia.»
A la investigación se suma la reparación integral del daño, que debe contemplar atención médica y psicológica, rehabilitación y compensación económica. Pérez advierte que estos procedimientos pueden prolongarse entre dos y tres años, un tiempo especialmente difícil para alguien que pasó casi seis años sin trabajar, lejos de su entorno y que ahora necesita recursos para sostenerse y reconstruir su vida.
La documentación de las violaciones denunciadas también requirió años de trabajo fuera de la prisión. Durante el encarcelamiento de Sandra, su madre, Gloria Elvira Aguilar Álvarez, buscó testigos, reunió información y acudió constantemente ante las autoridades para reconstruir lo ocurrido y mantener activa la exigencia de justicia.
Gloria, la persistencia detrás de la Recomendación 06/2023 y el éxito del C5i
Durante tres años, Gloria Elvira Aguilar Álvarez, madre de Sandra, acudió semanalmente a la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Tlaxcala para preguntar por el avance del expediente, aportar pruebas y exigir que se investigaran las violaciones que su hija denunció. Su trabajo fue determinante para documentar el caso y contribuir a la emisión de la Recomendación 06/2023.
Neftalí Pérez, abogado del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Centro Prodh), reconoce que cuando la organización conoció a la familia, en 2023, Gloria ya había reunido una parte importante de las pruebas. Recorrió el lugar donde Sandra fue detenida, habló con comerciantes y vecinos y consiguió el testimonio de dos personas que presenciaron los hechos.
Una de sus principales gestiones fue insistir en la obtención de los registros del C5i relacionados con las llamadas al 911. Esos datos permitieron contrastar la versión de los agentes sobre la hora de la detención con la información documentada y evidenciar inconsistencias en el relato oficial. La búsqueda de esos registros fue parte del trabajo de investigación que Gloria sostuvo para reconstruir lo ocurrido y aportar elementos que respaldaran la denuncia de su hija.
Su labor no se limitó a presentar escritos. Buscó testigos, reunió información, dio seguimiento a las actuaciones de las autoridades y acudió de manera constante a la Comisión para evitar que el expediente quedara detenido. De acuerdo con Pérez, Gloria fue una pieza fundamental en la documentación del caso: “Sin ella no se hubiera podido o hubiera tardado mucho tiempo más”.
La Recomendación 06/2023, emitida en noviembre de ese año, reconoció violaciones a los derechos humanos de Sandra. Sin embargo, el documento no significó el fin de la exigencia de justicia ni sustituyó las investigaciones penales. La madre continuó insistiendo en que se investigara la tortura denunciada y se determinaran las responsabilidades correspondientes.
Sandra también reconoce que su libertad está ligada a la perseverancia de su mamá. Desde prisión, sus posibilidades de actuar eran limitadas y la comunicación con el exterior representaba una dificultad. Cuando pudo contarle lo que había ocurrido durante su detención, le pidió ayuda. Sandra redactó su primer escrito dirigido a derechos humanos y Gloria se encargó de llevarlo y darle seguimiento.
“Durante todo este tiempo, básicamente fue eso: ella durante todos estos años fue quien luchó por mi libertad, luchó por su hija”, relató Sandra.
Para ella, el acompañamiento de su madre no solo significó mantener activo el expediente, sino contar con alguien que creyera en su versión y no dejara de buscar respuestas. Sandra recuerda que la fortaleza y la perseverancia de Gloria también la ayudaron a sobrellevar el encierro: “Su amor siempre prevaleció, su fortaleza, su perseverancia y gracias a todo eso, pues a mí me transmitió ese mismo sentir para que yo adentro también pudiera estar tranquila y estar bien”.
Gloria resumió la razón que sostuvo su lucha durante años: “Yo he luchado hasta el final porque la conozco, porque es mi hija y porque la amo y porque sé que es inocente”.
Su trabajo permitió reconstruir aspectos de la detención, localizar testimonios y gestionar información relevante, incluidos los registros del C5i sobre las llamadas al 911. Esa labor contribuyó a documentar las irregularidades denunciadas y a reunir elementos que después fueron relevantes en los procesos judiciales. La liberación de Sandra, en junio de 2026, fue resultado de resoluciones judiciales; la documentación impulsada por su madre formó parte de una búsqueda de justicia que se prolongó durante años.
Las irregularidades documentadas en la detención de Sandra también obligan a revisar la actuación de la unidad antisecuestro de la Fiscalía de Tlaxcala, señalada en su denuncia por los actos de tortura que sufrió. Estas corporaciones fueron creadas para investigar delitos de alto impacto, pero su actuación debe apegarse a la ley y respetar los derechos humanos.
Unidades antisecuestro: especialización bajo cuestionamiento
Las Unidades Especializadas en Combate al Secuestro (UECS) surgieron como parte de la Estrategia Nacional e Integral contra el Delito de Secuestro, presentada en septiembre de 2008, para fortalecer la investigación de este delito. A finales de 2009 se establecieron 32 unidades, una por entidad federativa, con personal policial, ministerial y pericial especializado. Tlaxcala se incorporó a esta estrategia federal y, en octubre de 2019, publicó un acuerdo para reestructurar su unidad especializada y convertirla en Fiscalía Especializada en el Combate al Secuestro.
Sin embargo, las corporaciones encargadas de investigar secuestros también han sido señaladas por presuntos actos de tortura contra mujeres detenidas. Los señalamientos incluyen violencia física y sexual durante la detención y la custodia ministerial, así como irregularidades en los procedimientos que dieron origen a procesos penales.
Para Neftaly Pérez Rodríguez, abogado del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Centro Prodh), explicó que estas prácticas no pueden entenderse únicamente como actuaciones aisladas de algunos agentes, sino dentro de una política de persecución del secuestro que toleró el uso de la tortura como método de investigación.
“Entre todas estas unidades, la tortura en algún momento fue como bien vista, como una herramienta más”
Un antecedente está documentado en el Informe Especial IE-03/2021 del Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura de la CNDH, elaborado a partir de visitas a centros penitenciarios de Veracruz. De las 69 mujeres entrevistadas, 38 refirieron malos tratos por parte de autoridades y cuatro señalaron a agentes de la Fiscalía de Combate al Secuestro como probables responsables.
En Tlaxcala, Sandra Arana denunció haber sufrido tortura física, psicológica y sexual en instalaciones de la Fiscalía vinculadas con la unidad antisecuestro. De acuerdo con Pérez Rodríguez, durante las horas en que permaneció bajo custodia fuera del registro oficial de su detención, agentes ministeriales la torturaron y presuntamente sembraron un teléfono celular que después fue utilizado como prueba en su contra. Los registros del C5 y las llamadas al 911 fueron fundamentales para cuestionar la versión oficial y acreditar irregularidades en la detención.
El caso de Sandra muestra que recuperar la libertad no pone fin a las consecuencias de las violaciones denunciadas ni sustituye la obligación del Estado de investigarlas y repararlas. El Colectivo Mujer y Utopía, el Centro Fray Julián Garcés y el Centro Prodh, organizaciones que han acompañado su búsqueda de justicia, exigen que la Fiscalía avance en la investigación por tortura, determine las responsabilidades correspondientes y cumpla la Recomendación 06/2023, incluida la disculpa pública.
Para estas organizaciones, reconocer institucionalmente las violaciones a sus derechos humanos, reparar el daño y esclarecer los hechos son pasos indispensables para que Sandra pueda reconstruir su vida.
«La fiscalía tiene que ofrecer una disculpa pública a Sandra lo antes posible. Llevan incumplimiento más de 3 años desde que fue emitida la recomendación. ¿por qué es esto? Pues porque no hay voluntad política por parte de la fiscalía.»
Para Neftaly Pérez, la liberación de Sandra no basta para reparar las consecuencias de casi seis años de prisión. Recuperar su estabilidad económica y reconstruir su trayectoria profesional también requiere que la Fiscalía reconozca las violaciones a sus derechos humanos y asuma las responsabilidades pendientes.
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