La crisis de la basura en Tlaxcala no llegó porque las comunidades opusieron resistencia para que en su territorio se colocara un tiradero a cielo abierto o una recicladora, como lo quieren hacer creer las autoridades, sino que vino por la falta de previsión municipal para impulsar modelos de gestión alternativos para la recolección y disposición de los residuos, sumada a la cerrazón y la imposición del Estado. Hoy la recolección y disposición de los residuos es un problema debido a que, los cuatro tiraderos a cielo abierto que operaban en los municipios de Panotla, Huamantla, Calpulalpan y Atlangatepec, fueron clausurados.
Bastaron unos cuantos días sin servicio de recolección de basura para que los municipios de Tlaxcala, Chiautempan y Apizaco colapsaran, convirtiendo las calles en basureros. Ante este caos, la indignación de las personas suele reducirse a culpar a los camiones que no pasan a recoger la basura. Sin embargo, el verdadero peligro no solo radica en que el camión no paso por nuestra basura, sino en que la problemática tiene un fondo muy profundo que viene impuesto por el sistema capitalista, el cual nos impuso un modelo de consumo que nos llevó a comprar en grandes masas y a sustituir nuestras prácticas de cuidado y rehusó, por la rapidez, la comodidad y la moda.
Alguna vez te has preguntado ¿en qué momento sustituiste tu vaso o plato de material durable por el uso de desechables? O ¿en qué momento dejaste de organizarte y comunicarte con los vecinos para que nos prestaran platos, tazas, cucharas que nos servirían para recibir a las personas que nos acompañarían a una fiesta o un funeral? ¿cómo fue que el mercado logro que compráramos compulsivamente sin pensar en que esa acción generaría montañas de basura y sobreexplotación de bienes de la tierra?
Antes de la década de los noventa, nuestras comunidades mantenían prácticas habituales de reutilización, separación, reciclaje y compostaje. Se usaba papel en lugar de bolsas, envases de vidrio para comprar aceite o leche y recipientes propios para cualquier otro producto; la materia orgánica, se aprovechaba para nutrir el campo o alimentar a los animales de traspatio. En cuanto a la ropa, zapatos u otros artículos existían personas que se encargaban de arreglarlos y darles una segunda o tercera oportunidad de uso.
Sin embargo, el 17 de diciembre de 1992 se firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) entre México, Estados Unidos y Canadá. Y, como señala la economista Juanita Ochoa Chi en su libro Crisis de la basura en México, una de las reglas principales de dicho tratado fue “abrir las puertas aduanales mexicanas para favorecer la entrada de capitales y la circulación de mercancías estadounidenses y canadienses en el país… El ingreso de la infinidad de mercancías con sus respectivos embalajes y empaques es una de las principales causas del crecimiento de las tiendas de autoservicio y del incremento de basura generada en las poblaciones urbanas y rurales del país”. Este tratado aceleró la llegada de centros comerciales, productos importados y, consecuentemente, el desborde de desechos plásticos como bolsas, envases y envolturas.
En los años recientes, este modelo ha ido creciendo cada vez más, trayendo consecuencias graves como la desaparición de comercios locales dando paso a las tiendas de autoservicio y centros comerciales que además de que sus productos son de muy mala calidad y pronto se convertirán en basura, llegan a saquear nuestro territorio, a apropiarse de nuestra agua y arruinar el paisaje.
A lo anterior se suma que varios de los productos que ofrecen están inmersos en la obsolescencia programada, este modelo nos hace consumir, usar y tirar, lo cual genera toneladas de basura. La Profesora Gabriela A. Vázquez Rodríguez investigadora del Centro de Investigaciones Químicas de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, menciona que un producto se vuelve obsoleto cuando otro con la misma función la realiza de mejor manera, o cuando un producto que aún puede usarse en términos de calidad o funcionamiento se vuelve anticuado porque algunos cambios en su apariencia lo hacen menos deseable a nuestros ojos hay quienes la denominan obsolescencia percibida, este modelo lo podemos encontrar en tiendas en línea que nos ofrecen variedades de productos, de ropa, que lo único que genera es la multiplicación de residuos ya que cada compra viene envuelta en múltiples empaques de plástico y cartón desechable que terminan, inevitablemente, en los camiones recolectores.
La responsabilidad no solo está en las personas que compramos sino en el modelo económico que nos oferta la idea de que lo rápido y lo empacado, es mejor, es limpio y esta idea lo único que trae es descarte y derroche que devastan y contaminan en gran medida los territorios y la vida de las personas.
A raíz de la devastación del medio ambiente que estamos viviendo, el mercado no ha cambiado el modelo, sino que lo ha disfrazado, es decir adopto tendencias que nos hacen creer que estamos contribuyendo al cuidado del medio ambiente con el discurso de que los productos como las bolsas de plástico son biodegradables o amigables con el medio ambiente, cuando esto no es así, porque lo único que les preocupa es la obtención de la ganancia.
Ante esta realidad, la solución a la crisis de la basura en Tlaxcala exige la creación, impulso y promoción de leyes y políticas públicas que giren en torno a la reflexión y concientización de una adecuada separación y gestión de residuos para las comunidades y, que obligue a las autoridades a implementar modelos alternativos como el de basura cero, que nos permite la separación adecuada de residuos, pero también nos lleva a repensar y decidir en nuestro consumo, al mismo tiempo a las empresas a hacerse cargo del costo ambiental de sus empaques y que modifiquen la cultura del descarte y del desechable en nuestra comunidad y que se potencien los comercios locales, los mercados, la compra a granel y el compostaje que antes eran habituales en nuestras comunidades. Estos son los primeros pasos que podemos realizar ante un modelo de consumo que nunca elegimos, pero que se ha vuelto un problema más en nuestra Cuenca del Alto Atoyac.
Centro Fray Julián Garcés Derechos Humanos y Desarrollo Local A.C.
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