Serie 8M 2026 | Colectivo Mujer y Utopía: Aunque el gobierno quiera silenciarlo, el movimiento feminista no se ha callado

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  • Durante más de dos décadas, el Colectivo Mujer y Utopía ha documentado violencias, acompañado a víctimas e incidido en leyes en Tlaxcala; su directora, Edith Méndez, reflexiona sobre la evolución, tensiones y diversificación del movimiento feminista en el estado.

En Tlaxcala, hablar de feminismo, acompañamiento a víctimas y documentación de violencias es, para muchas mujeres, hablar del Colectivo Mujer y Utopía. Para varias generaciones, este espacio ha sido el primer acercamiento a nombrar la violencia, entenderla y enfrentarla.

Desde inicios de los años 2000, la organización no solo ha acompañado a mujeres en situación de violencia, sino que también ha construido algo poco común en el estado: datos propios, metodologías y procesos de incidencia que han marcado la agenda pública en temas como feminicidio, trata de personas y violencia familiar.

En un contexto en Tlaxcala donde las violencias contra las mujeres se vivían en silencio y sin espacios para nombrarlas, el Colectivo Mujer y Utopía comenzó a tomar forma para responder a un lugar que hasta entonces no existía en el estado: un espacio donde las mujeres pudieran recibir acompañamiento jurídico, emocional y social, pero también donde pudieran nombrar y comprender las violencias que atravesaban en su vida cotidiana.

A más de dos décadas de su creación, el Colectivo Mujer y Utopía se ha consolidado no solo como un referente para entender y vivir el feminismo en Tlaxcala, sino también como un actor clave en la construcción de cambios estructurales que han marcado la vida de las mujeres en la entidad

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CMyU un espacio seguro que antes no existía para las mujeres

El Colectivo Mujer y Utopía surge entre los años 2000 y 2002, en el marco de los esfuerzos para tipificar el delito de trata de personas en Tlaxcala, impulsados por organizaciones como el Centro Fray Julián Garcés. En ese contexto de trabajo e incidencia, comenzó a gestarse una reflexión más amplia sobre las condiciones de vida de las mujeres en la entidad.

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Durante ese proceso, sus fundadoras identificaron que no existían espacios que atendieran de manera integral las múltiples violencias que enfrentaban las mujeres. La trata de personas, aunque urgente, era solo una de las muchas problemáticas que permanecían invisibilizadas o desatendidas.

“Nos dimos cuenta de que la trata era solo una expresión de un problema mucho más amplio, y que no había instituciones, programas ni marcos legales capaces de responder a esa realidad”

Esta constatación marcó un punto de inflexión para quienes más tarde darían forma al colectivo, pues a partir de esta premisa surgió la necesidad de crear un espacio propio de acompañamiento, reflexión y acción. La iniciativa fue tomando forma con el tiempo, hasta consolidarse en 2005 como una organización legalmente constituida, con una visión clara de defensa de los derechos de las mujeres.

Desde entonces, el trabajo del Colectivo Mujer y Utopía se ha sostenido en tres ejes fundamentales: el acompañamiento integral —que abarca lo psicológico, jurídico y social—; la investigación e incidencia para transformar políticas y marcos normativos; y el trabajo comunitario enfocado en la formación y el fortalecimiento de redes locales.

Este último eje surgió de una convicción en la que no se podía confiar únicamente en la respuesta institucional, sino que era necesario construir redes desde los propios territorios.

Así nació el área de promoción y capacitación, orientada a impulsar acciones estratégicas, comunitarias y colectivas. Su objetivo ha sido difundir los derechos de las mujeres, generar procesos de formación y abrir espacios de reflexión en comunidades donde históricamente estas conversaciones no habían tenido lugar. Desde sus inicios, este trabajo buscó no solo visibilizar las violencias, sino también propiciar herramientas para enfrentarlas desde lo colectivo.

Con el paso del tiempo, el equipo creció y se fortaleció. Hacia finales de la década de los 2000, ya contaba con más de una decena de integrantes que consolidaban cada área de trabajo, afinando objetivos y estrategias. Esta estructura permitió algo poco común: intervenir simultáneamente en distintos niveles, desde la creación de información y la incidencia pública, hasta el desarrollo de metodologías comunitarias y modelos de acompañamiento más integrales para mujeres en situación de violencia, así como para sus hijas e hijos.

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A lo largo de su trayectoria, este trabajo ha contribuido a logros importantes en el ámbito legislativo y de políticas públicas, como la tipificación del delito de feminicidio, la participación en la tipificación del delito de trata de personas y la promoción de reformas en materia de violencia familiar, pensiones alimenticias, custodias y patria potestad.

La Escuelita Feminista: un espacio de formación, reflexión crítica y transformación colectiva

Para las integrantes del CMyU no solo se trataba de atender la violencia, sino de generar procesos comunitarios que permitieran comprenderla, nombrarla y transformarla. Bajo esa lógica, dentro del área de promoción y capacitación comenzó a gestarse la idea de crear un espacio formativo más profundo y continuo, donde las mujeres pudieran reflexionar colectivamente sobre sus experiencias.

Es así como nace en 2016 «La Escuelita Feminista» como una apuesta por procesos de formación distintos a los tradicionales. Para Edith Méndez, más que un curso, la Escuelita se pensó como un espacio seguro de encuentro, diálogo y análisis, donde las mujeres pudieran nombrar las violencias vividas, reconocerse en otras y construir herramientas para transformar su realidad.

Con el tiempo, el proceso evolucionó hasta consolidarse como un espacio exclusivo para mujeres, fortaleciendo la confianza y la libertad para compartir experiencias.

“Nosotras no queríamos hacer un diplomado ni un curso tradicional, sino un proceso donde las mujeres pudieran reflexionar desde su propia historia”

En ese sentido, la Escuelita se construyó como un espacio vivo, donde el aprendizaje parte de la experiencia y del intercambio colectivo.

Desde entonces, se ha convertido en un pilar del trabajo comunitario del colectivo, no solo por la formación que brinda, sino por su capacidad de generar conciencia crítica y redes entre mujeres. La Escuelita no busca formar expertas, sino impulsar procesos de transformación personal y colectiva que trascienden el aula e inciden en la vida cotidiana.

“Lo que buscamos es que cada mujer pueda incidir en su propio entorno, en su familia, en su trabajo, en su comunidad”,

Así, más que un espacio de aprendizaje, la Escuelita Feminista se ha consolidado como un punto de partida para que las mujeres nombren, cuestionen y transformen las violencias que atraviesan sus vidas.

En este año, la Escuelita Feminista suma ya diez generaciones, en las que se han acompañado procesos y creado un espacio transformador para más de cien mujeres en el estado.

Participación en marchas: un camino de acompañamiento y visibilización

Desde los primeros años de su nacimiento, el Colectivo Mujer y Utopía entendió que la lucha por los derechos de las mujeres no se limitaba a los espacios cerrados, sino que también exigía ocupar las calles y visibilizar las violencias que enfrentan día a día en Tlaxcala

Edith Méndez recuerda que en aquellas primeras marchas eran pocas las mujeres que se animaban a salir, y quienes lo hacían encontraban respaldo en organizaciones con experiencia en la defensa de derechos humanos como el Centro Fray Julián Garcés, DDESER y CAFAMI, entre otras. Cada presencia en la calle, señala, era un acto de resistencia y una forma de ir construyendo conciencia social en un entorno donde las violencias permanecían normalizadas

“Yo recuerdo marchas en el 2010 hasta 2017 en donde éramos de 20 a 30 mujeres. Aun así salíamos, hacíamos el recorrido, nombrábamos lo que estaba pasando”

En esos años, el colectivo acompañó a quienes comenzaban a acercarse al feminismo, no solo en lo individual, sino también en la forma de habitar lo público, desde la organización, la sororidad y la reflexión colectiva

Con el paso del tiempo, las marchas también se convirtieron en espacios de aprendizaje.

“No era solo salir, era entender por qué salíamos, qué estábamos exigiendo, cómo nos acompañábamos entre nosotras”

Así, cada movilización fue abonando a una conciencia más amplia sobre las violencias estructurales y los derechos de las mujeres. Méndez comparo que el 2019, además de marcar un crecimiento en la participación, representó un punto de visibilización sin precedentes, porque fue el momento en que el feminismo dejó de ser visto como algo marginal para colocarse en el centro de la conversación pública en el estado.

«Encontramos las calles llenas, las consignas más diversas y la presencia de mujeres jóvenes, estudiantes y colectivas emergentes que evidenciaban que el movimiento ya no era de unas cuantas, sino de muchas más que comenzaban a reconocerse entre sí»

Para ella, ese crecimiento fue resultado de años de trabajo acumulado desde organizaciones y colectivas que habían insistido en visibilizar las violencias y la omisión institucional

“A partir de ahí empezaron a diversificarse las formas de accionar, de denunciar, de acompañar. También empezamos a ver denuncias en escuelas, en secundarias, en preparatorias, los tendederos… fue un momento en el que muchas más mujeres dijeron ‘esto también me pasa’”

Sin embargo, también identifica 2022 como otro momento clave, no solo por la represión vivida en las calles, sino porque evidenció tensiones dentro del propio feminismo en el estado.

“Lo que pasó en 2022 sí marcó un antes y un después. No solo por la violencia institucional, sino porque dejó ver posturas, intereses y formas distintas de entender la lucha”,

Para Méndez, ese momento obligó a muchas colectivas a cuestionar sus alianzas, sus estrategias y los espacios desde los que deciden posicionarse.  Pese a esas tensiones,  los procesos en donde las mujeres reconocen las violencias, las nombran y se definen como feministas no se han detenido, aunque sí reconoce que cada una con su propia forma de organización.

“Hoy vemos que las mujeres salen desde distintos puntos, con distintas consignas, con distintas maneras de expresarse, y eso también habla de un proceso”

Méndez recalca que la apropiación del espacio público no ha sido inmediata ni homogénea, sino el resultado de años de acompañamiento, formación y acción colectiva. Más que un punto de llegada, es parte de un proceso en el que cada vez más mujeres se reconocen, se articulan y transforman sus realidades desde la visibilidad, la solidaridad y la participación en la vida pública, incluso en medio de diferencias que, como reconoce Méndez, también forman parte de lo que hoy se nombra —o se cuestiona— como movimiento feminista en Tlaxcala.

«Lo que no se ha callado, es el movimiento feminista»: CMyU

Ante la pregunta de si en Tlaxcala existe un movimiento feminista debilitado, Méndez responde desde la complejidad. Reconoce que sí hay tensiones, diferencias y momentos de desgaste que han llevado a cuestionar si se puede hablar de un solo movimiento articulado. Sin embargo, advierte que reducirlo a una idea de debilidad es simplificar un proceso mucho más amplio, debido a que la fuerza del movimiento no siempre se expresa de manera homogénea ni visible.

“No sé si podemos hablar de un movimiento como tal, pero sí de muchas organizaciones, colectivas y mujeres que siguen trabajando todos los días”

En ese escenario, también señala que uno de los mayores retos ha sido el contexto nacional, donde desde el gobierno federal se han reducido presupuestos, eliminado apoyos y debilitado a organizaciones civiles que históricamente han sostenido el acompañamiento a mujeres.

“La apuesta es desaparecernos”, afirma, al referirse a políticas que han impactado directamente en la capacidad operativa de estos espacios. Aún así, lejos de desaparecer, las organizaciones han buscado otras formas de sostenerse y continuar su labor.

Frente a estas adversidades, desde el Colectivo Mujer y Utopía se considera que si hay un actor que no ha dejado de confrontar, incomodar y resistir, es el feminismo.

“Lo que no se ha callado es el movimiento feminista”

A pesar del desgaste, de las diferencias internas y de los intentos por debilitarlo, las mujeres han seguido organizándose, denunciando y acompañando. Para ella, más que un movimiento debilitado, lo que existe hoy es un feminismo en transformación, diverso, con múltiples voces y formas de acción que continúan disputando el espacio público y político en Tlaxcala.

A más de dos décadas de su existencia, el Colectivo Mujer y Utopía se mantiene como un espacio vivo de acompañamiento, formación y resistencia que ha sabido adaptarse a los cambios. Su historia no solo da cuenta de avances y conquistas, sino también de la persistencia de quienes, desde lo cotidiano y muchas veces en silencio, sostienen procesos que transforman realidades.
Parte de esa fuerza también radica en el trabajo en red, en el respaldo y la articulación con espacios que han permitido ampliar su incidencia, como el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, el Observatorio Latinoamericano contra la Trata de Personas y la Red Tejiendo Anticorrupción, con quienes han construido una presencia activa y permanente en la defensa de los derechos de las mujeres.
Frente a un territorio lleno de tensiones y desafíos, la permanencia del Colectivo Mujer y Utopía en Tlaxcala, es en sí misma, una forma de afirmar que el feminismo en Tlaxcala no desaparece, más bien, se reorganiza, se cuestiona y sigue caminando.
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Paola Chavely Torres Nahuatlato
Paola Chavely Torres Nahuatlatohttps://linktr.ee/paolatorres07
Lic. en Sociología | Tlaxcalteca | Mamá | Escribo e investigo para el medio @escenariotlx sobre Género, Derechos Humanos y Defensa del Territorio.📷🔎📝
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