Por: Gabriela Conde Moreno
Para la etnia wixaritari, el dios Tatewari (que significa “Nuestro abuelo”) es el fuego, la chispa originaria que integra todas las fuerzas vitales de la naturaleza: agua, viento, aire y fuego.
La colección escultórica Tatewari, del artista plástico Rafael Cazares, es un testimonio tangible de la interacción entre el hombre y la naturaleza, entre el artista y el fuego abuelo. En esta obra contemplamos la maravilla inherente a la tierra y al volcán, cuyos secretos se desdoblan ante nuestros ojos en formas orgánicas y esculturas termodeformadas.
Desde sus inicios, Cazares ha sido un alquimista de materiales, ya explorando las posibilidades del vidrio reciclado y el aluminio en sus creaciones, inclusive como cocinero generoso. Ahora este sortilegio se revela en las piedras volcánicas termodeformadas, un descubrimiento que desafía la percepción convencional de la rigidez de la materia.
Aquí, las piedras se convierten en un lienzo maleable donde el artista plasma su visión, no como un acto de imposición, sino como una colaboración con los elementos primordiales de la naturaleza. Cazares consigue “doblar piedras” casi como si fuera magia. Piedras que, como plastilina, se dejan conducir por las manos del artista.

En Tatewari, Cazares nos lleva por un viaje sensorial donde las formas se funden y se desdoblan, revelando un principio de sustentabilidad y resiliencia.
Cada escultura, que fue trabajada con fuego, nos confronta con la dualidad de ese elemento, con su capacidad para destruir y para crear, para moldear y para renovar.
Durante los más de 30 años de carrera de Cázares, su obra ha trascendido las fronteras geográficas, llevando el mensaje de la naturaleza a través de sus numerosas exposiciones internacionales en Asia y Europa.
Ahora esta colección está expuesta en el estudio del maestro Cazares, ubicado en la Galería del Agua, en Atltzayanca, Tlaxcala, el otro proyecto del artista que revela su compromiso con la formación de jóvenes y con la labor social y con la convicción de que el arte es catalizador y generador de criterio, transformación y resistencia.
Tatewari no es simplemente una colección escultórica, sino un testimonio de la conexión entre el hombre y la tierra, entre el arte y la naturaleza. En la obra de Rafael Cazares, encontramos no solo la expresión de un talento individual, sino la celebración de la naturaleza y su complejidad, de las dinastías, de la chispa originaria, de nuestro fuego abuelo.


