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El consentimiento viciado como mecanismo de control y violencia

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El consentimiento viciado como mecanismo de control y violencia

No podemos hablar de un consentimiento real cuando una persona acepta bajo engaño, presión, amenaza, aprovechándose de una situación, necesidad o de la desigualdad económica o social.

Para que exista un verdadero consentimiento debe haber una manifestación libre, voluntaria y consciente mediante la cual una persona acepta una propuesta, acción o trato. Para determinar que el consentimiento es realmente consciente, deben estar presentes algunos elementos fundamentales. En primer lugar, tiene que existir información suficiente: la persona tendrá que comprender con claridad aquello a lo que está dando su consentimiento y conocer sus posibles consecuencias o implicaciones. Asimismo, tiene que haber libertad en la toma de decisiones, es decir, la ausencia de amenazas, coerción, manipulación o cualquier tipo de presión, incluida la presión emocional.

En este sentido, el consentimiento debe otorgarse de manera voluntaria, sin presiones de ningún tipo y sin manipulación, sin embargo, históricamente se ha omitido esta práctica y, por ejemplo en la violencia sexual, muchos hombres la utilizan para justificarse, dejando la carga en las mujeres y señalando que la violencia que sufren es por la forma en que vestían, porque estaba en un bar sola o porque ella así lo quiso. 

Al respecto, la socióloga Rosa Cobo nos dice que, dentro del sistema patriarcal, el consentimiento se usa muchas veces como excusa para justificar abusos y vender una falsa idea de libertad sexual donde los hombres siempre ganan. Bajo la idea de que cada quien hace lo que quiere con su cuerpo, se promueve en internet y en plataformas digitales que la venta del cuerpo de mujeres es empoderamiento, invisibilizando que la mayoría de estas mujeres viven en condiciones de desigualdad social y económica.

Por ello, Rosa Cobo sostiene que solo podemos hablar de un consentimiento real cuando coexisten tres condiciones fundamentales:

  1. Voluntad
  2. Deseo
  3. Estructuras razonables de igualdad

Estos elementos permiten analizar el consentimiento no solo como una decisión individual, sino también como un fenómeno condicionado por las relaciones de poder y por el contexto social y económico en el que se produce.

Los tres componentes deben entenderse de manera conjunta. La voluntad permite identificar si existe una decisión libre e informada; el deseo permite distinguir una aceptación formal de una participación que responde a lo que la persona realmente quiere; y las estructuras razonables de igualdad permiten analizar si esa decisión se produjo dentro de un contexto que posibilitaba ejercer la autonomía sin una desigualdad de poder determinante.

Estos tres elementos que plantea la doctora Rosa Cobo son importantes de identificar frente a las diversas formas de violencia que viven las mujeres, como es la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual debido a que no existe ninguno de estos elementos y es algo que las autoridades e instituciones deberían comprender, que las mujeres víctimas nunca otorgan su consentimiento real a los tratantes ni a los consumidores. La ausencia de estructuras de igualdad marcadas por la violencia, la vulnerabilidad económica, social y emocional anula cualquier posibilidad de elección libre, convirtiendo la explotación en lo que verdaderamente es, una violación sistemática a los derechos de las mujeres.

Como sociedad tenemos un reto importante, dejar de considerar que las mujeres están en espacios de explotación sexual por su voluntad y dejemos de reproducir prejuicios como tú los provocas, a ti te gusta, ¿por qué pasas por ahí?, si ya sabes cómo son los hombres, ¿para qué te juntas con ellos? o si está ahí es porque le gusta, ¿por qué no se escapa? 

Por su parte, los hombres tendrán que comprender que un no, siempre es un no. El consentimiento puede retirarse en cualquier momento y no pierde su validez porque previamente haya existido un sí. Un cambio de decisión debe ser respetado de manera inmediata, sin cuestionamientos ni presiones.

Asimismo, es fundamental entender que el consentimiento no se limita a las palabras: un cuerpo rígido, paralizado o que manifiesta incomodidad también puede estar expresando una negativa, y ante cualquier señal de duda corresponde detenerse y preguntar, no insistir.

Es importante que los hombres aprendan a reconocer, respetar y poner en el centro los límites, los espacios y las decisiones de las mujeres. El respeto no consiste únicamente en aceptar un “no” explícito, sino en comprender que nadie está obligado a continuar una interacción sexual cuando ha dejado de sentirse cómoda o segura.

Centro Fray Julián Garcés Derechos Humanos y Desarrollo Local A.C.


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