Tlaxcala, Tlax.— En los últimos días se ha difundido una guía de moteles presentada como una nueva y novedosa. Sin embargo, la realidad es distinta: el dominio del sitio web data de 2020 y forma parte de una red de páginas que ofrecen información sobre hospedajes de paso, conocidos comúnmente como moteles.
En ese tenor de desinformación, se encuentra el papel de los medios de información que divulgan contenido sin ética ni perspectiva de género. Esto, al reproducir creencias ambiguas sobre la libertad sexual, promocionando un portal bajo una narrativa que omite la problemática de la explotación sexual en Tlaxcala.
Difusión sin lupa: el refuerzo de estigmas y consumo
Los medios que han dado difusión a esta Guía son:
- La Bestia Política, desde noviembre de 2022, difundiendo la nota tanto en su portal como en grupos de Facebook. Un medio que recientemente cambio su dirección, siendo una mujer quien asumiera el rol.
- Nación Mx, medio que la compartió en febrero de 2023 y, recientemente, en diciembre de 2025.
- Transición Mx, mediante una publicación compartida también en varios grupos de Facebook. Otro medio dirigido por una mujer.

Cuando diversos medios locales comparten la «guía de moteles de Tlaxcala«, lo hacen careciendo de una perspectiva de género que fomente una vida sexual activa y segura; por el contrario, refuerza estigmas sobre la sexualidad y la trata de personas.
Por ello es que es importante hablar de la responsabilidad ética de los medios digitales en la promoción de estos sitios. Y de la sensibilidad que deben desarrollar quienes se encuentran al frente.
Como señaló Marshall McLuhan en Comprender los medios de comunicación, existe una relación profunda entre los medios y la cultura. Los medios no son simples canales, sino mecanismos que transforman la percepción y organización social.
El verdadero mensaje reside en el tejido social y en las acciones que las personas aprenden de lo que consumen. Se opta por publicaciones breves que promocionan estos lugares sin un contrapeso informativo, reduciendo a las personas a objetos de consumo.
Hoteles de paso: del recuento histórico a la «heterotopía»
La investigadora Sara Minerva Luna (2021) señala que, desde 1940, el concepto de «hotel de paso» se nutrió del crecimiento demográfico y las migraciones campo-ciudad. Este cambio urbano generó una preocupación social en torno a lugares y prácticas consideradas «amenazantes» para la norma establecida.
En el contexto latinoamericano, las transformaciones urbanas han dotado a estos hoteles de nuevos significados, marcados por la desigualdad social. Durante este periodo, se intensificó un «pánico moral» hacia estos espacios de alojamiento temporal. La autora rescata el concepto de «heterotopía» de Michel Foucault para comprender estos espacios que contradicen al orden normativo preestablecido.
Los moteles no son solo lugares de descanso, han creado narrativas socioculturales y geográficas que rompen con las normas aceptadas. Son espacios donde se articulan creencias, valores y relaciones de poder, donde a menudo se confunde la libertad sexual con la explotación de cuerpos femeninos.
En el caso de Tlaxcala, normalizar la visita a moteles sin un contrapeso informativo en la narrativa de su difusión, invisibiliza también el contexto sociocultural que puede observarse en las ubicaciones de estos lugares que se concentra periferias y redes carreteras.
Tan solo el mapa del sitio difundido da cuenta de ello:

Cuando el Estado niega la trata (y la ley se ignora)
Estas lógicas se entrelazan con una responsabilidad estatal persistente. Existe una exigencia ciudadana por frenar la trata de personas, pero también una necesidad de atender denuncias que chocan con una visión peyorativa que permea en el Estado y que niega la magnitud del fenómeno.
A pesar de contar con marcos legales como el Protocolo de Palermo (2003) y la Ley para Prevenir y Sancionar la Trata de Personas (2007), las cifras siguen en aumento. Organizaciones de la sociedad civil han denunciado que «la trata de mujeres en la región Puebla-Tlaxcala sigue siendo grave y es negada por los gobiernos».
Sin embargo, la administración estatal actual continúa negando la magnitud del problema:
“Muchas de esas viviendas que anteriormente eran de tratantes hoy están vacías, afortunadamente, hoy tenemos un trabajo constante con las mujeres y la verdad es que hoy no es un problema grave como lo era”, Lorena Cuellar, en entrevista con el universal en 2023.
De acuerdo con el Diagnóstico de Percepción Ciudadana sobre la Trata de Mujeres y Niñas con Fines de Explotación Sexual en Tlaxcala, realizado por el Centro Fray Julián Garcés en 2017, se identificó presencia de esta actividad en 40 de los 60 municipios del estado.
La problemática no ha cesado y es visible en las periferias, especialmente en las carreteras donde los moteles se han adaptado como espacios «seguros» para perpetuar la explotación. Estos lugares recrean imaginarios violentos y escenas que, aunque aparentan ser privadas, forman parte del imaginario colectivo. Estas practicas se normalizan bajo una estructura patriarcal difundida por medios digitales que, ante una sociedad voyerista, consumen contenido sin considerar su impacto social.
No se juzga, se comprende el mensaje entre líneas
Los medios digitales cargan con una responsabilidad ética y social ante las audiencias. Es indispensable hacer un llamado a la reflexión colectiva, tanto a la prensa como a la ciudadanía, pues no se busca criminzalizar la arquitectura, sino visibilizar cómo estos espacios se han convertido en escenarios para la mercantilización de cuerpos femeninos.
La premisa es clara, los medios deben informar con un rigor que impida la difusión de contenidos que, por un lado, estigmatizan la libertad sexual y, por el otro, incentivan el consumo de mujeres víctimas de trata. Adoptar una visión ética con perspectiva de género permitirá comprender las complejas dinámicas entre la sexualidad y los moteles, visibilizando la violencia que suele quedar oculta en la opacidad de estos espacios.
Finalmente, es crucial reconocer que los medios y la cultura no son canales neutrales, sino agentes activos que moldean la percepción de la realidad, las creencias y habitos cotidianos. Difundir estos contenidos es blanquear una problemática histórica, esto no es un descuido informativo, sino un acto que perpetúa un sistema de explotación y consumo sobre los cuerpos de las mujeres.
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