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La justicia alternativa en tiempos de resiliencia

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“En medio de la dificultad reside la oportunidad”.

Albert Einstein.

La pandemia fue un tsunami social, que transformó los escenarios de todas nuestras actividades, generó posponer planes y motivó la cancelación de proyectos. En el ámbito de los conflictos legales, dentro del poder judicial local, los expedientes estuvieron en suspensión de términos y plazos. Nuestro reto diario, ser resilientes. La resiliencia es la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos (diccionario de la Real Academia Española).

Con los elementos mencionados, se genera la oportunidad de fomentar la justicia alternativa, para desarrollar el derecho humano contenido en el artículo 17 constitucional (acceso a la justicia). Imaginemos que en un grupo de diez alumnos, les pidiéramos que nos dijeran su color favorito, es muy probable que el resultado arrojara coincidencias, pero no podría existir una sola respuesta, salvo que estuviéramos en presencia de un régimen totalitario.

Los seres humanos, estamos ligados, de manera permanente, a ocasionar diferencias con los demás, porque cada persona posee una forma única de interpretar el mundo que nos rodea, en otras palabras, cada uno tiene una cosmovisión propia, determinada por nuestras experiencias y conocimientos. Esas discrepancias, son el origen de los conflictos, y en la manera de tratarlas, se encuentra la determinación del radio de impacto de la colisión de intereses. Un problema, es similar a una bola de nieve que se deja caer desde lo alto de la colina, ya que los diferendos, tienen la capacidad, si se permite, de escalar en el ánimo de los involucrados.

Una opción idónea, para resolver un problema, es utilizar los Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias (MASC), ya que promueven la sustitución del paradigma binario de “ganar/perder”, característico de los procesos judiciales tradicionales, por el de “beneficios compartidos”.

El arquetipo de los MASC, es la mediación, proceso que se basa en el libre ejercicio de la autonomía de la voluntad, con la intervención de un tercero imparcial llamado “mediador”, quien genera el entendimiento mutuo, basado en el diálogo (Arts. 3o f. XV, y 4o f. I, de la Ley de Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias del Estado de Tlaxcala).

Desde el veintiuno de enero, del año dos mil diecinueve, el Tribunal Superior de Justicia del Estado, autorizó a través del Centro Estatal de Justicia Alternativa (CEJA), el inicio de actividades de nuestro centro de mediación y conciliación privado, siendo el primero de su tipo en Tlaxcala, en materia civil, familiar, mercantil, escolar y comunitaria.

A casi dos años de trabajo, hemos ratificado, muchas veces, el pensamiento de Rosseau: el hombre, de origen, es bueno; en consonancia con las tesis de Montesquieu y Hobbs, quienes sostienen que la primera ley natural es la paz. Estimadas y estimados lectores, permítanme ilustrar mi opinión: hace unos meses, una persona solicitó una mediación, para resolver un conflicto con su arrendatario, por falta de pago de rentas. Después de una sesión de trabajo, fue posible garantizar la entrega del bien inmueble, y el pago de la cantidad adeudada, de forma rápida, voluntaria y pacífica.

Bob Marley, decía que no sabemos lo fuerte que somos, hasta que es la única opción que nos queda. Una persona no es fuerte por imponerse a los demás, la verdadera fortaleza, reside en la disposición de escuchar, tolerar y tener empatía con quienes forman parte de nuestro día a día. Los MASC (mediación, conciliación y arbitraje), son herramientas que, retomando una frase popular, funcionan y funcionan muy bien, porque permiten solucionar los problemas jurídicos, y resarcir las relaciones personales. Si queremos obtener resultados diferentes, hagamos las cosas de otra manera.

El tiempo post-covid-19, puede ser mejor que lo que teníamos antes, si aprendemos a utilizar los conflictos, como un catalizador que mejore nuestra calidad de vida, ya que estaremos motivando la configuración de una sociedad pacífica y feliz. Mientras llega la siguiente ocasión, recuerde el pensamiento de Joaquín Sabina: “Hay que ser feliz, aunque sea sólo por molestar”.

Me despido con gratitud a usted, que amablemente ha leído mis comentarios, y le doy las gracias a mi estimado amigo, Aldo Castillo, por la oportunidad de escribir en este medio.

*Titular del Centro de Mediación y Conciliación Privado de Tlaxcala (CEMECOP), y Facilitador certificado.

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