Tlaxcala, Tlax. Durante el «Diálogo Circular» celebrado este martes, la administración estatal intentó desestimar los cuestionamientos sobre el uso del helicóptero oficial «Unidad Malinche».
Pese a que la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) ha clasificado la bitácora de vuelo como información «reservada» y «confidencial» bajo los folios 291217824000149 y 291217824000153, un análisis de datos externos contradice los motivos que justificarían el uso de esta aeronave: seguridad y urgencia.
Datos frente a la evasión oficial
La opacidad gubernamental se enfrenta hoy a la precisión tecnológica. Mediante un monitoreo de la plataforma Flightradar24, se confirmó que de enero a diciembre de 2025, la aeronave con placas XE-KLW realizó un total de 99 vuelos. La disparidad entre el discurso y la práctica queda expuesta pues de este centenar de operaciones, solo dos vuelos (menos del 2%) estuvieron relacionados con traslados de salud y apenas tres con el combate de incendios en Atltzayanca y Chiautempan.

El análisis revela una «ruta favorita» que pudieran ser para actividades ejecutivos o de uso personal: el corredor Tlaxcala – Helipuerto de Estudios Tepeyac – Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM). Esta conexión con la capital del país acumuló 20 vuelos de origen y destino, permitiendo traslados a puntos neurálgicos como el Zócalo en aproximadamente 20 minutos.
Sin embargo, al mantener la información reservada se desconoce el uso real que le dan a esta unidad.
La prioridad ejecutiva entre la necesidad y la conveniencia
De acuerdo con el ex-procurador del Estado, Antonio Aquiahuatl, el uso de transporte aéreo oficial debe regirse estrictamente por dos principios: necesidad y urgencia. Bajo este criterio, la aeronave debería priorizar la seguridad interna o emergencias médicas. No obstante, los registros muestran un pico de actividad los días miércoles (22 vuelos) y martes (15 vuelos), sumando el 54% de la operatividad semanal.
Mientras que en 2025 se documentaron vuelos extensos (hasta de 530 minutos) para sobrevolar instituciones como CONAGUA y la SSC, el uso para emergencias reales ha sido, en el mejor de los casos, tardío. Ejemplo de ello fue la contingencia ambiental en Atltzayanca durante abril.

El costo invisible es una huella ambiental desproporcionada
Más allá del gasto público, el uso injustificado del helicóptero —que promedia un vuelo cada 3.6 días— representa un severo impacto ecológico. Datos del manual Rotorcraft Flight y consultas con pilotos comerciales indican que una sola hora de vuelo emite aproximadamente 400 kilogramos de CO₂.
Para dimensionar el daño, este impacto ambiental equivale a:
Conducir un automóvil de manera ininterrumpida durante 15 a 20 horas.
Recorrer cerca de 3,000 kilómetros por carretera (una distancia similar a viajar de Ciudad de México a Tijuana).
Expertos como Gustavo Alonso Rodrigo y Arturo Benito Ruiz de Villa advierten que estas emisiones no se limitan al CO₂. La combustión de queroseno libera NOx, vapor de agua y sulfuros que elevan el calentamiento atmosférico hasta un 3.5%. Al tratarse de aeronaves de motor de pistón, las partículas emitidas afectan directamente las funciones respiratorias y cardiovasculares de la población civil que coexiste en las zonas de despegue y aterrizaje.
Urge regulación y transparencia
El análisis de la «Unidad Malinche» evidencia que más del 97% de los vuelos realizados en 2025 carecen de una justificación de seguridad o salud, orientándose a fines ejecutivos y/o personales. Esta práctica no solo ignora los protocolos de protección civil, sino que subraya una indiferencia gubernamental ante la crisis climática actual.
El uso de este recurso público como un vehículo de movilidad personal para funcionarios de alto nivel impone una huella ambiental y social que Tlaxcala no debería costear.
Por: Aldo Castillo (Redacción) y Adrián Meléndez (Sistematización de datos)

