- Bajo el proyecto denominado Sala Inmersiva del Agua, con una inversión estimada en 2.7 millones de pesos, la biblioteca pública de San Francisco Tetlanohcan estuvo a punto de ser desplazada de su espacio histórico, un lugar construido desde la organización comunitaria y que hoy sigue siendo un punto de encuentro para el conocimiento, la memoria y la vida colectiva del municipio.
Tetlanohcan, Tlax.- Sin consulta previa a la población y desconociendo el trabajo cotidiano de la Biblioteca Municipal, el Ayuntamiento de San Francisco Tetlanohcan, presidido por Kritsbey Pérez Flores, dio a conocer el 22 de diciembre de 2025, el proyecto denominado “Sala Inmersiva del Agua”, una iniciativa federal con una inversión de 2.7 millones de pesos, provocando la inconformidad de habitantes al considerar que la propuesta invisibiliza décadas de trabajo colectivo y pone en riesgo un espacio con alto valor social e identitario.
De acuerdo con información oficial, la Sala Inmersiva del Agua es un proyecto federal que busca crear un espacio educativo y de desarrollo económico centrado en el agua, con el objetivo de concientizar a la población sobre su importancia, ofrecer una experiencia interactiva y generar derrama económica local.
Sin embargo, al ser presentado como un proyecto que se instalaría al interior de la biblioteca comunitaria —mientras que la biblioteca sería reubicada en el auditorio—, habitantes de Tetlanohcan manifestaron su inconformidad, señalando que la construcción de un espacio de este tipo debería realizarse en otra ubicación y no en un recinto edificado y sostenido por la propia comunidad desde hace décadas.
La inconformidad no solo se centró en el destino del inmueble, sino en la forma en que se tomó la decisión, ya que —de acuerdo con los pobladores— no existió ningún proceso de consulta comunitaria que respetara los usos y costumbres, a pesar de que San Francisco Tetlanohcan es una comunidad indígena.
La presión social y los pronunciamientos públicos llevaron a que el Ayuntamiento de Tetlanohcan anunciara la suspensión del proyecto el pasado 2 de enero, luego de que la Coordinación de Bibliotecas de Tlaxcala informara que no existían condiciones técnicas ni operativas para el traslado de la biblioteca. Aunque la decisión fue asumida como un logro ciudadano, habitantes advierten que el conflicto dejó al descubierto prácticas de opacidad y exclusión en la toma de decisiones públicas, así como una narrativa institucional que minimiza y desvaloriza el trabajo cotidiano de la biblioteca.
Falta de consulta, opacidad y riesgos jurídicos
En entrevista, Joel Cuatianquiz, habitante del municipio de Tetlanohcan, señaló que el intento de intervenir la biblioteca se realizó sin consultar a la comunidad ni presentar planes técnicos o jurídicos, lo que —afirmó— vulnera el carácter comunitario de estos bienes.
Indicó que el valor del espacio no es reciente, pues existen documentos que datan de 1937, además del esfuerzo vecinal de los años ochenta, cuando la comunidad consolidó la biblioteca como un servicio público permanente.
Por su parte, el señor Melitón Aztatzi denunció que, durante el conflicto, los ciudadanos enfrentaron una falta total de diálogo, así como el uso de la fuerza pública y presuntos grupos de choque, acciones que —dijo— buscaron amedrentar a quienes se manifestaron en contra del proyecto.
Por su parte Cuatianquiz, cuestionó el papel del actual comité comunitario -conformado por Miguel Aztatzi Mendoza y Flora Cuatianquiz-, al considerar que ha perdido la confianza de los vecinos, al actuar como aliado de la autoridad municipal en lugar de cumplir su función de contraloría social.
Asimismo señaló que existe una profunda preocupación por la legalidad de los actos del ayuntamiento, ya que los defensores de la biblioteca aseguran que la municipalización de los espacios se realizó mediante escrituras inconsistentes, las cuales buscan impugnar legalmente para evitar lo que consideran un “despojo silencioso” del patrimonio comunitario.
Joel Cuatianquiz aclaró que la comunidad no se opone al progreso ni a la Sala Inmersiva del Agua, sino a la opacidad, el autoritarismo y la falta de transparencia de la actual administración municipal.
Como alternativa, los representantes comunitarios han propuesto que los nuevos proyectos se desarrollen en predios recuperados por la comunidad o edificios en desuso, y han exigido claridad en el manejo de los recursos públicos.
No obstante, ante la falta de diálogo con el Ayuntamiento de Tlaxcala, el proyecto fue suspendido el pasado 2 de enero, pese a que la presidenta municipal, Kritsbey Pérez Flores, había señalado en rueda de prensa que la iniciativa se desarrollaba dentro del marco de la normatividad y con apertura al diálogo.
Biblioteca de Tetlanohcan: Un espacio ganado por la gente
Melitón Atzatzi, habitante de la comunidad y uno de los voceros del movimiento ciudadano, subraya que la biblioteca no es un edificio cualquiera, sino un espacio común logrado por gestión vecinal.
“Ese espacio se sigue considerando como un espacio común porque lo consiguieron en un espacio común. Las gestiones las hicieron los habitantes, no fue propuesta de ninguna autoridad municipal”, explica.
La historia de la biblioteca se remonta a mediados de la década de los ochenta. En 1986, bajo el resguardo de Samuel Mendieta Cuatianquiz, inició formalmente la operación de la biblioteca, lo que permitió su incorporación a la Red Nacional de Bibliotecas Públicas. Sin embargo, habitantes recuerdan que los esfuerzos por consolidar un espacio de lectura y aprendizaje venían de años atrás, impulsados por la organización comunitaria.
“Fue propuesta de la misma gente, cuando se reunía y decía: ‘¿Qué nos hace falta?’. Pues hacía falta una biblioteca para los muchachos, igual que las escuelas, que se han construido con base en las necesidades de la gente”, recuerda Cuapio.
A esta defensa comunitaria se suman las voces de mujeres como la de Antonia Zamora, habitante del municipio de Tetlanohcan e integrante de Mujeres Colibrí Colectiva Lés Bica Indígena, en entrevista recordó que el espacio siempre fue un lugar vivo, especialmente para niñas y niños.
Relató que la biblioteca era frecuentada tanto por quienes acudían a hacer tareas como por quienes simplemente iban a leer, aprender o acercarse por primera vez a los libros, en un contexto donde el acceso a ellos no era común en los hogares.
“En mi caso no había libros en casa, no estaban en un librero. Había que ir a buscarlos. Y la biblioteca era justo ese espacio: ir a conocer, a aprender, a tener libros a la mano”, compartió.
Zamora subrayó que la importancia de la biblioteca radica en que no todas las personas pueden adquirir libros ni contar con espacios adecuados en casa, por lo que el recinto cumple una función social fundamental como espacio de acceso igualitario al conocimiento. Además, destacó su carácter comunitario:
“La biblioteca es un espacio que se ha gestionado a través de la comunidad, porque la comunidad sabe que es importante conocer”.
Respecto al conflicto por la Sala Inmersiva del Agua, Antonia Zamora fue clara en señalar que la oposición no fue al proyecto en sí, sino a su imposición sobre un espacio ya consolidado:
“No es que estuviéramos en desacuerdo con la sala inmersiva. El problema es que podía tener otro espacio específico para su uso. No tenía por qué cambiarse la biblioteca”.
Recordó que el recinto es un lugar seguro donde niñas y niños participan en actividades, aprenden ajedrez y conviven en un entorno pensado para su desarrollo.
“Sí estamos de acuerdo en que lleguen proyectos, pero también estamos de acuerdo en que la biblioteca es un espacio de conocimiento, un espacio con historia y un espacio importante para la comunidad”, concluyó.
La defensa de la biblioteca no ha sido impulsada únicamente por personas adultas que reconocen en este espacio un valor simbólico e histórico, sino también por las niñas y los niños de la comunidad de Tetlanohcan. Bruno, Emiliano, Diego, Jade y Mía, de entre seis y once años, comparten actividades en este recinto, donde han encontrado un lugar para convivir, aprender y fortalecer su formación.
La Biblioteca Pública Municipal No. 1722 Tetlanohcan se localiza en un espacio público histórico del municipio, en el barrio de Dolores Aquiahuac, una zona que desde hace décadas concentra servicios comunitarios como la Casa de Cultura, un preescolar y otros equipamientos colectivos.
San Francisco Tetlanohcan está conformado por tres barrios: Dolores Aquiahuac, Xolalpan y Santa Cruz, cuyos habitantes han hecho uso de este espacio común, consolidado a partir del trabajo comunitario, el tequio y la organización vecinal, como un punto de encuentro para el acceso al conocimiento, la memoria histórica y la vida comunitaria.
De acuerdo con cifras de la Coordinación de Bibliotecas de Tlaxcala, la Biblioteca Pública Municipal No. 1722 Tetlanohcan recibe en promedio alrededor de 2 mil personas usuarias al año, en un municipio con una población estimada de entre 11 mil y 15 mil habitantes, lo que la convierte en un servicio público clave para el acceso al conocimiento, especialmente para quienes no cuentan con internet en sus hogares.
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