Serie 8M | Mujeres Organizadas de Tlaxcala: De otras formas de protesta a la incidencia pública

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Tlaxcala, Tlax. En 2020, cuando la pandemia parecía haber detenido el mundo, algo empezó a moverse en los hogares y calles de Tlaxcala; eran mujeres jóvenes, atravesadas por distintas formas de violencia, que un día, en medio del hartazgo se encontraron. Sin una convocatoria o un plan previo, empezaron a escucharse, a abrazarse, a nombrar lo que sentían y, poco a poco, a transformar el miedo y la rabia en protesta y organización.

Así nació Mujeres Organizadas de Tlaxcala (MOT), no como una colectiva tradicional, sino como un movimiento que se fue tejiendo entre redes sociales, mensajes y encuentros en las calles; dando espacio a mujeres jóvenes que empezaban a cuestionar, desde una perspectiva feminista, las violencias que vivían en sus hogares, escuelas y espacios de trabajo.

Aprender a protestar: de la rabia inicial a la organización colectiva

Para Diana Morales y Liz Montoya, integrantes de Mujeres Organizadas de Tlaxcala, la toma simbólica de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) fue un momento clave para entender otras formas de lucha, pues además de coincidir físicamente, muchas se enfrentaron por primera vez a otras formas de protesta y organización.

“Para nosotras, tomar el espacio público y ver prácticas como el bloque negro, la iconoclasia y la acción directa en Tlaxcala fue profundamente impactante, porque eran formas de protesta que no eran comunes en las movilizaciones de mujeres en el estado.”

Para algunas de las mujeres que participaron en la “okupa” de la CEDH, estas prácticas no eran nuevas. Muchas de ellas venían de haber estudiado en universidades públicas de otros estados, como la Ciudad de México o Puebla, donde ya habían tenido contacto con estas formas de protesta. Para otras, en cambio, fue su primer acercamiento a un feminismo más visible, colectivo y confrontativo.

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Desde 2020, la protesta para Mujeres Organizadas de Tlaxcala (MOT) ha sido también un proceso de aprendizaje constante. Lo que comenzó como una respuesta urgente, atravesada por la rabia, el miedo y la necesidad de visibilizar las violencias, se fue transformando con el tiempo en una práctica más consciente, organizada y colectiva.

Liz comparte que en los primeros momentos, salir a la calle implicaba, sobre todo, hacerse escuchar, pues no contaban con protocolos ni preparación previa y muchas mujeres, participaban por primera vez en una manifestación, enfrentándose no solo a la exposición pública, sino también a la reacción de una sociedad poco acostumbrada a estas formas de protesta.

“Era literalmente alzar la voz por primera vez en las calles para pedir justicia”

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Sin embargo, los contextos de represión y los riesgos que enfrentaron marcaron un punto de inflexión. A partir de esas experiencias, comenzaron a cuestionarse cómo protestar sin ponerse en peligro, cómo cuidar a las demás y cómo sostener las movilizaciones de forma más segura.

“Después de 2022 nos cayó el veinte de la capacidad que tenía el Estado para hacernos daño y lo poco que estábamos preparadas”

Así, el aprendizaje se volvió colectivo y empezaron a compartir información, construir acuerdos y desarrollar herramientas propias, para poner por delante la seguridad de las mujeres durante la protesta como eje central, y así fue que que el bloque negro ocupó un lugar importante en la protección entre ellas para las marchas.

“El bloque negro siempre fue para nosotras un tema de seguridad”

Desde la organización de contingentes hasta la difusión de medidas básicas —como el cuidado entre compañeras, la identificación de riesgos o la protección frente a posibles agresiones—, el movimiento fue fortaleciendo sus formas de acción.

“Si alguien decidía hacer iconoclasia, las demás tenían que cubrirla, pero también cuidar a todas”

La experiencia en las machas, dejó claro que la movilización no es estática, también se transforma, se adapta y responde tanto a las condiciones externas como a los procesos internos de quienes la sostienen.

Así, para MOT, protestar ha significado no solo alzar la voz, sino aprender —juntas— a hacerlo de formas cada vez más cuidadas, estratégicas y sostenibles.

Del acompañamiento intuitivo a la construcción de cuidados e incidencia, el nacimiento de Cyberpink

Para Liz y Diana, con el paso del tiempo, desde la colectiva se empezaron a suscitar conversaciones más profundas, donde las preguntas empezaron a cambiar. Ya no solo se trataba de salir a protestar, sino de pensar hacia dónde dirigir esa protesta y cómo incidir más allá de la calle.

“Llegó un momento en que terminábamos la marcha y nadie nos recibía, y era como preguntarnos: ¿entonces para qué estamos haciendo esto?”

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Lo que comenzó como coincidencias en la protesta se convirtió en una red que no solo denunciaba, sino que también buscaba construir algo distinto en Tlaxcala. Sin embargo, no tenían claro cómo debían organizarse y, al ser mujeres jóvenes, no contaban con la experiencia para el autocuidado. Lo único que tenían claro es que necesitaban acuerpar, acompañar y ser un espacio seguro para más mujeres.

Para Diana, MOT se convirtió en un espacio de contención que no contaba con protocolos ni formación previa; pese a ello, las integrantes comenzaron a acompañar casos de violencia desde lo más básico.

Liz comparte que el acompañamiento se dio de forma intuitiva. No había rutas claras ni herramientas definidas, pero sí una certeza que ponía por delante el no dejar sola a ninguna mujer. Desde mensajes en redes hasta presencia en momentos difíciles, el movimiento fue construyendo comunidad a partir del cuidado.

“NOS DIMOS CUENTA DE QUE HABÍA COSAS QUE NO PODÍAMOS CAMBIAR SOLO DESDE LA CALLE”

En ese proceso de aprendizaje y de reconocer los límites de la protesta en la calle, también comenzaron a surgir nuevas apuestas desde lo digital. Así nació Cyberpink, una iniciativa impulsada desde la experiencia de acompañamiento de Mujeres Organizadas de Tlaxcala, que buscó trasladar el cuidado colectivo al espacio virtual.

De acuerdo con Diana, Cyberpink se construyó a partir de la necesidad de responder a las violencias digitales que cada vez eran más frecuentes entre las mujeres jóvenes que se acercaban al movimiento. Sin formación especializada inicial, pero con la experiencia acumulada de acompañar casos, comenzaron a sistematizar información, compartir herramientas de seguridad digital y generar redes de apoyo para quienes enfrentaban acoso, difusión de contenido íntimo sin consentimiento o amenazas en línea.

Para Diana, más que un proyecto formal en sus inicios, Cyberpink fue una extensión del acompañamiento intuitivo que ya realizaban, pero enfocado en un terreno que exigía nuevas habilidades. A través de talleres, difusión en redes y la creación de espacios seguros de escucha, la iniciativa permitió que más mujeres reconocieran la violencia digital como una forma real de agresión y encontraran rutas para enfrentarla.

Con el tiempo, este trabajo también abrió la puerta a la incidencia. La experiencia directa con casos concretos les permitió identificar vacíos institucionales y legales, lo que posteriormente se tradujo en su participación en la construcción de propuestas como el protocolo de atención a víctimas de violencia digital y, más adelante, en procesos legislativos.

En 2023, este proceso se tradujo en la presentación de una iniciativa ante el Congreso local por la diputada Diana Torrejón, a solicitud de CyberPink y Mujeres Organizadas de Tlaxcala, para reformar el Código Penal y diversas leyes en materia de violencia contra las mujeres, víctimas y derechos de niñas, niños y adolescentes en el estado.

Dicha iniciativa buscó complementar y fortalecer marcos jurídicos como la “Ley Olimpia”, incorporando elementos para sancionar la difusión de contenido íntimo y sexual, particularmente cuando involucra a menores de edad, ampliando así las herramientas legales para atender la violencia digital en el estado.

Este ejercicio, no solo fortaleció el acompañamiento, sino que se convirtió en un puente entre la experiencia colectiva y la posibilidad de transformar estructuras desde lo institucional.

El movimiento feminista es la esperanza para muchas

Para Diana y Liz, lejos de debilitarse, el movimiento feminista en Tlaxcala se mantiene activo, diverso y en constante transformación, adaptándose a distintos contextos y territorios. Desde las calles hasta los espacios digitales, pasando por comunidades, escuelas y procesos organizativos locales, las mujeres continúan generando estrategias para enfrentar las violencias.

«Los tendederos, las denuncias en redes, las acciones colectivas y la incidencia política son muestra de que el movimiento no solo sigue presente, sino que ha ampliado sus formas de acción»

Desde la perspectiva de quienes integran Mujeres Organizadas de Tlaxcala, el feminismo en no se limita a una sola forma de organización ni a una sola agenda; para ellas, sxisten múltiples expresiones como colectivas que acompañan casos de violencia, grupos que inciden en lo legislativo, mujeres que resisten desde sus comunidades y otras que, sin nombrarse feministas, sostienen prácticas de cuidado y defensa colectiva. Esta diversidad da cuenta de un movimiento vivo que responde a realidades distintas.

Sin embargo, también hay conciencia de los retos que existen al interior del movimiento, y uno de ellos es la falta de articulación; pues aunque existen múltiples iniciativas, no siempre logran encontrarse o construir agendas común, aún así, no lo perciben como una debilidad del movimiento, sino como parte de su complejidad.

“No diría que está desvirtuado, pero sí hace falta articulación… porque esfuerzos hay un montón, ganas también, pero falta cómo juntarlo todo”

Frente a discursos que buscan reducirlo a lo institucional o partidista, Diana y Liz, reivindican que lo político atraviesa lo cotidiano, como en el acto de acompañar, organizarse, protestar y cuidar; muchas de estas acciones ya son, en sí mismas, formas de hacer política.

“Pensar que la acción política solo está en esos espacios es despolitizar el feminismo”

Para la colectiva Mujeres Organizadas, el movimiento se sostiene también desde lo personal. Para muchas, el feminismo no solo ha sido una causa, sino una forma de transformar su propia vida.

“No sé si el feminismo vaya a salvar el mundo, pero ha salvado el mío, y el de muchas mujeres que están en este camino”

Desde ahí, el movimiento en Tlaxcala no solo persiste, también crece, se extiende y se reconstruye todos los días, incluso en medio del cansancio, la rabia, la represión por parte del gobierno y la falta de condiciones.


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Paola Chavely Torres Nahuatlato
Paola Chavely Torres Nahuatlatohttps://linktr.ee/paolatorres07
Lic. en Sociología | Tlaxcalteca | Mamá | Escribo e investigo para el medio @escenariotlx sobre Género, Derechos Humanos y Defensa del Territorio.📷🔎📝
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