Desde la literatura antigua y hasta nuestros tiempos hemos ido reproduciendo y practicando mal una idea tan importante en la relación entre las familias, las y los amigos y las parejas, el “amor”. La escritora francesa Anaïs Nin, en sus cartas a Henry Miller señala que el amor es “la aceptación del otro, lo que sea que el otro sea”, de su origen latín, significa “sin muerte”, Bell Hook, nos dice que “amar es acción y no un sentimiento, y esto nos lleva a tomar una responsabilidad, implica voluntad, no instinto. Compartir, cuidar, respetar, potenciar, acompañar”, entre otros conceptos que, en ningún momento, plantean el ejercicio de la violencia como forma de expresar amor.

A pesar de dichos significados con connotaciones positivas, en muchos casos, el amor se entiende y se practica desde la posesión, el control, el sometimiento, el chantaje, actitudes que terminan siendo actos de violencia, sobre todo ejercida de los hombres hacia las mujeres. A esta práctica de “amor”, creada por el sistema patriarcal, se le ha denominado amor romántico, el cual se ha adaptado muy bien en el sistema económico neoliberal que propaga y mercantiliza esta idea de amor como violencia (y también a la mujer como mercancía) a través de la música, espectaculares, revistas, películas, juegos de video, aplicaciones para SmartPhone´s, telenovelas, por citar algunos ejemplos. Además, la violencia se reproduce y valida desde del mito del amor romántico a través de códigos como: “el amor duele”, “el amor soporta”, “un hombre llega hasta donde la mujer quiere”, “te celo porque te quiero” “te pego porque te amo” “si me amas vas a hacer lo que yo te diga” y un sinfín de frases que no sólo validan la violencia que ejercen los hombres hacia las mujeres, sino que promueve que las mujeres soporten la violencia como una demostración de amor.

El concepto y la practica del amor en la sociedad patriarcal y neoliberal en la que vivimos no es una reflexión insignificante, es necesario entender que estas ideas son el principio de la violencia extrema hacia las mujeres, como los que estamos viviendo en nuestras colonias, barrios y comunidades.

Una de las violencias extremas, donde el amor románico es la antesala, es el feminicidio pues las parejas hombres crean una relación de control hacia las mujeres que elimina las posibilidades para que las mujeres detengan la violencia que se ejerce hacia ellas, debido a que se les controla la vestimenta, las amistades, no se les permite tener un empleo, introyectan en las mujeres que él es solo su felicidad, que el amor de las mujeres puede cambiar a los hombres violentos y se les aleja de su familia, lo anterior rompe sus posibilidades de apoyo y de autonomía. En Tlaxcala existen casos concretos de estas violencias feminicidas, como sucedió en la comunidad de Acuitlapilco en los meses de marzo y junio.

Otra de las violencias extremas en la que está siendo utilizado el “amor romántico”, es la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual, donde son manipuladas desde una idea del “amor como sacrificio”. Este crimen, ha permeado a tal grado que se ha acabado culpabilizando a las víctimas (mujeres) de dicha transgresión, desdibujando el papel criminal que juegan las redes de tratantes y los consumidores.

Estas violencias disfrazadas de amor, que pueden llegar a la explotación o la muerte, requieren de una intervención inmediata a través de las estructuras sociales e institucionales existentes, desde donde se pueda prevenir estas situaciones. Uno de esos espacios son las escuelas de nivel básico y medio superior, en donde, de acuerdo con la última reforma del articulo tercero de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, los planes y programas deberán tener perspectiva de género, deben abordar una educación sexual y demás aspectos que tienen que favorecer la prevención de la violencia hacia las mujeres. Además, en el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2020, se establece que las instituciones educativas deberán erradicar la violencia que se presenta al interior de las aulas y entornos, así́ como refozar su papel en la prevención y atención de la misma. Es importante que estos mandatos federales tengan una aplicación concreta en los estados para detener cultura de la violencia hacia las mujeres y las niñas que en muchos casos se sigue disfrazando de un falso amor.

Marisol Flores García. Centro Fray Julián Garcés