Docentes LGBT+ en Tlaxcala, actores clave para avanzar en inclusión pero que prefieren el silencio

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Tlaxcala, Tlax.- Las presiones heteronormativas y las desigualdades estructurales que enfrentan docentes LGBTQ+ en universidades de Tlaxcala han llevado a algunos a mantener un “armario simbólico”, como una forma de administrar su identidad que va más allá de decidir si “salen del clóset” y que también implica cuidar cómo hablan, se visten o se comportan dentro del ámbito profesional.

En entrevista para Escenario Tlaxcala, el investigador Rey Jesús Cruz Galindo compartió avances de su investigación doctoral sobre diversidad sexual y heteronormatividad entre el profesorado de educación superior en la entidad. Entre los principales hallazgos, identifica prácticas de acoso laboral, falta de apoyo institucional y una constante exigencia de demostrar excelencia académica para evitar que los prejuicios relacionados con la orientación sexual afecten la trayectoria de las y los docentes.

Su interés por estudiar estas dinámicas tiene un componente académico, pero también personal. Antes de llegar al doctorado en Antropología Social de la BUAP, Cruz Galindo ya había investigado sobre el profesorado universitario, la diversidad sexual y la formación en sexualidad de futuros docentes.

A esta trayectoria se sumó una experiencia de hostigamiento laboral que, según relata, lo obligó a renunciar a una institución educativa, luego de que su orientación sexual fuera utilizada para fabricar una acusación en su contra. Esta experiencia lo llevó a cuestionar cómo operan las desigualdades heteronormativas dentro de las instituciones educativas.

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La investigación que actualmente realiza documenta estrategias de resistencia mediante las cuales algunos docentes buscan generar espacios de confianza y cuestionar las normas tradicionales dentro de las universidades. Así, mientras el silencio puede convertirse en una estrategia para proteger sus empleos, otros espacios se transforman en lugares desde los cuales los docentes construyen redes de apoyo y cuestionan las mismas normas que condicionan su presencia frente al aula.

El “ideal heteronormativo del docente”

Las normas tradicionales de género y sexualidad también han moldeado las expectativas sobre quién puede estar frente a un aula y cómo debe comportarse. De acuerdo con la investigación de Cruz Galindo, existe una exigencia histórica para que los docentes sean considerados modelos o ejemplos para sus estudiantes; sin embargo, esta expectativa está atravesada por la heteronorma, la cual establece la heterosexualidad como norma socialmente aceptada.

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Bajo este modelo, Cruz Galindo afirma que las instituciones educativas establecen, de manera explícita o implícita, características sobre cómo deben vestir, hablar y comportarse tanto profesores como profesoras. A partir de esta relación entre la figura docente y las normas tradicionales de género y sexualidad, el investigador plantea el concepto de “ideal heteronormativo del docente”.

Este planteamiento también surgió al realizar el “estado del arte”, donde descubrió que casi todas las investigaciones sobre diversidad sexual en el ámbito educativo se han enfocado de manera casi exclusiva en las experiencias de los estudiantes. Es en este punto donde identificó un borramiento y desexualización de los docentes LGBTQ+, que opera bajo la generalización de que “todos los profesores son heterosexuales”.

El clóset simbólico y el silencio estratégico

Durante la entrevista, Cruz Galindo explicó que, a diferencia de la noción coloquial o social del “clóset”, que suele entenderse como el momento en que una persona declara verbalmente que pertenece a la comunidad LGBTQ+, en el ámbito de la docencia este adquiere una dimensión simbólica y corporal. No requiere necesariamente de una verbalización, pues la orientación sexual puede ser asumida por el entorno a partir de distintos elementos.

El clóset se administra simbólicamente a través de elementos visuales y de comportamiento, como “la vestimenta, los accesorios, los ademanes, el tono de voz y la forma de pararse o conducirse” en el aula. Estos elementos son interpretados por estudiantes y colegas a partir de lo que socialmente se ha aprendido como “normalidad” en la expresión de género.

Cuando un docente es leído socialmente como no heterosexual, algunos integrantes de la comunidad escolar pueden sentirse con el “derecho” de cuestionarlo o tratarlo de manera distinta.

En este contexto, el silencio también puede convertirse en una estrategia de protección. De acuerdo con el investigador, este surge de manera sistemática frente a desigualdades estructurales y prácticas de acoso, vigilancia y hostigamiento laboral. Para algunos docentes, mantener ciertos aspectos de su identidad en reserva es una decisión deliberada ante los riesgos que implica ser una figura pública dentro de la comunidad estudiantil.

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Cruz Galindo detalla que, en las instituciones de educación superior de Tlaxcala, la discriminación hacia docentes de la diversidad sexual no suele manifestarse mediante agresiones explícitas u homofobia visible, sino a través de desigualdades estructurales que ocurren de manera cotidiana, sutil y sistemática.

Uno de los testimonios recopilados durante la investigación corresponde a un profesor al que no se le asignaron “estudiantes tutorados varones”. Aunque inicialmente no había manifestado su preferencia sexual, el investigador señala que “la gente supone que lo es por los temas que trabaja y por lo que representa simbólicamente en su escuela”.

Esta vulnerabilidad también alcanza a docentes LBGTQ+ contratados bajo el esquema de “hora clase”, quienes enfrentan una mayor precarización laboral frente a quienes tienen contratos de tiempo completo. Los registros recopilados durante la investigación documentan casos de docentes LGBTQ+ cuya asignación de grupos disminuyó de cinco o seis clases a solo una o dos.

Otro testimonio corresponde a un docente de psicología a quien, durante una entrevista de trabajo en una institución privada, le preguntaron explícitamente si su sexualidad representaría un “problema” para la institución. Para Cruz Galindo, este tipo de cuestionamientos evidencia cómo se asume prejuiciosamente que la orientación sexual puede interferir con la capacidad pedagógica.

El hostigamiento tampoco siempre ocurre de manera directa. También puede manifestarse mediante una vigilancia constante sobre el comportamiento del docente y una sospecha permanente sobre la calidad de su trabajo, hasta generar condiciones que afecten su permanencia laboral.

Hacia la construcción de espacios de confianza

Frente a las presiones del sistema heteronormativo, Rey Jesús Cruz Galindo identificó durante su investigación distintas “líneas de fuga” y espacios de confianza construidos por docentes para generar cambios sin confrontar directamente a las instituciones. Estas estrategias aprovechan los propios espacios profesionales para introducir otras formas de abordar la diversidad sexual y cuestionar las normas tradicionales.

Una de ellas ocurre dentro del aula, mediante el uso del currículo y de asignaturas relacionadas con género, diversidad o interculturalidad. Los docentes aprovechan estos espacios para problematizar las normas sociales y dialogar con los estudiantes sobre estos temas. También recurren a marcos normativos como la Nueva Escuela Mexicana y el Tercer Artículo Constitucional, que respaldan el tratamiento de estas temáticas desde el ámbito educativo.

A estas estrategias se suman espacios de confianza, como los clubes de lectura, donde los estudiantes participan voluntariamente y pueden debatir sobre feminismo, sexualidad y problemas sociales sin la presión de una calificación o evaluación académica.

Cruz Galindo también identifica la empatía y la sensibilidad del profesorado como herramientas para construir vínculos de confianza. Estos espacios permiten que estudiantes que atraviesan dudas o conflictos personales puedan acercarse a sus docentes en busca de orientación o, simplemente, de alguien dispuesto a escucharlos.

La visibilidad como riesgo y resistencia

Para el investigador, la visibilidad de los docentes no heterosexuales representa una condición de doble filo. Por un lado, su presencia pública dentro de la comunidad escolar puede exponerlos a amenazas, calumnias, juicios morales o chantajes, incluso sin que exista una falta académica.

Esta vulnerabilidad también puede modificar su vida fuera de las aulas. Algunos profesores, según los testimonios recopilados, optan por evitar determinados espacios locales o trasladarse a otras ciudades, como Puebla o Ciudad de México, para desarrollar su vida social y sexual ante el temor de que una posible difamación termine afectando su empleo o su integridad.

Pero esa misma visibilidad puede convertirse en una forma de resistencia. Cuando un docente decide expresar abiertamente su orientación sexual y ejercer su profesión sin ocultarla, su presencia en el aula puede adquirir un significado político y convertirse en un referente para sus estudiantes.

Cruz Galindo destaca que esta representación puede tener un impacto positivo, particularmente en estudiantes LGBTQ+, quienes al encontrarse con un docente abiertamente diverso y plenamente profesional pueden cuestionar los prejuicios sobre la homosexualidad y reconocer en él un “ejemplo de lucha” frente a las hostilidades del entorno.

Así, las estrategias identificadas por la investigación no necesariamente parten de una confrontación directa con las instituciones, sino de la construcción cotidiana de espacios donde la diversidad pueda ser visible, escuchada y reconocida.


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