-
-
Ante la emergencia declarada por el Gobierno de Tlaxcala, un grupo de maestras y alumnas del COBAT 05, en Panzacola, Papalotla, impulsan una experiencia de separación, recuperación y aprovechamiento de residuos. En dos años de trabajo, los registros del plantel pasaron de 120 a 93 kilogramos semanales.
-
Papalotla, Tlax.- Frente a la crisis de basura declarada por el Gobierno del Estado de Tlaxcala, Lina y Libia, maestras del Colegio de Bachilleres del Estado de Tlaxcala (COBAT) 05, junto con personal administrativo y directivo, de intendencia, alumnos de diferentes grados, asociaciones civiles, grupos comunitarios e investigadores locales, han construido un equipo de trabajo para desarrollar el programa Basura Cero Estratégico, un proyecto que busca reducir la cantidad de basura que se genera, fomentar la separación desde el origen, recuperar materiales que todavía pueden aprovecharse y especialmente construir capacidades sociales ante el problema de la basura.
Desde Panzacola, en el municipio de Papalotla, esta comunidad escolar ha convertido la gestión de los residuos en un ejercicio colectivo de aprendizaje y participación. La iniciativa no se limita únicamente a colocar contenedores de colores, también implica modificar hábitos, involucrar a estudiantes y personal de intendencia, aprovechar los residuos orgánicos mediante composta y canalizar materiales reciclables a centros de acopio.
Ante un contexto en el que la saturación del sitio de disposición final de Morelos, en Atlangatepec, evidenció las dificultades que enfrenta Tlaxcala, Basura Cero Estratégico propone intervenir desde otro punto: el lugar donde la basura se produce.
De la organización comunitaria al COBAT 05: el camino hacia Basura Cero
En Panzacola, municipio de Papalotla, la contaminación ambiental forma parte de una problemática regional más amplia: la de la Cuenca del Alto Atoyac, reconocida por el Gobierno de México como una Región de Emergencia Sanitaria y Ambiental debido a los niveles de contaminación y sus efectos en el territorio y la salud de sus habitantes. En este contexto, el trabajo comunitario acompañado por el Centro Fray Julián Garcés de Derechos Humanos y Desarrollo Local y el Grupo Cihuatl e investigaciones locales ha impulsado distintas acciones para enfrentar el deterioro socioambiental, entre ellas el programa Basura Cero Estratégico.
Antes de que los contenedores de separación ocuparan distintos puntos del Colegio de Bachilleres del Estado de Tlaxcala (COBAT) 05, ya existía un trabajo ambiental impulsado desde la comunidad. Doña Inés del Rosario Rojas, integrante del Grupo Cihuatl de Panzacola, recuerda que su participación comenzó con actividades de educación ambiental dirigidas a jóvenes, mediante charlas realizadas durante varios semestres.
Ese trabajo permitió que las preocupaciones ambientales se tradujeran en acciones concretas. Estudiantes participaron en la limpieza y recuperación de espacios comunitarios, mientras habitantes de la zona se involucraban en iniciativas para promover otras formas de relacionarse con el entorno. Con el tiempo, la separación y el aprovechamiento de residuos encontraron una nueva posibilidad de desarrollo dentro del plantel.
La llegada de Basura Cero Estratégico se vinculó con el trabajo del Centro Fray Julián Garcés y el Proyecto Nacional de Investigación e Incidencia (Pronaii) sobre residuos sólidos urbanos, relacionado con los Programas Nacionales Estratégicos (Pronaces) de Agentes Tóxicos y Procesos Contaminantes del entonces CONAHCYT. La iniciativa buscaba impulsar una gestión integral de los residuos mediante la investigación, el trabajo de campo y la colaboración entre equipos académicos y grupos comunitarios.
De acuerdo con el Mtro. Marco Antonio Rodríguez, quien participó en esta experiencia de colaboración, el acercamiento ocurrió a partir de una mesa de trabajo entre el Centro Fray Julián Garcés, grupos comunitarios e investigadores del pronaii RSU. Estos expusieron sus líneas de trabajo. Posteriormente, los grupos comunitarios analizaron y discutieron en sus localidades las líneas de trabajo y eligieron cuáles podían desarrollar en sus territorios. Basura Cero fue una de las estrategias seleccionadas para distintos espacios de Tlaxcala, entre ellos Panzacola.
La implementación no consistió en poner botes de colores. Rodríguez, miembro del equipo nacional Basura Cero Estratégico, menciona que realmente el trabajo fundamental ha sido realizado por los grupos comunitarios para llevar la estrategia a sus comunidades.
En Panzacola, el vínculo con el COBAT 05 permitió trasladar ese trabajo a la vida escolar. En enero de 2024, la iniciativa se presentó al plantel y las maestras Lina Silva Pérez y Libia Caridad García Jiménez y su equipo central comenzaron a trabajar en su incorporación con la comunidad escolar.
El primer año se destinó al diagnóstico y la planeación. De acuerdo con Silva, se analizó la generación de residuos y se aplicó una encuesta para conocer los hábitos y conocimientos de estudiantes y personal. El segundo año se concentró en poner en marcha las acciones, con acompañamiento técnico y participación de la comunidad escolar.
La experiencia del COBAT 05 forma parte de un trabajo más amplio de implementación de Basura Cero Estratégico. Según Rodríguez, además del acompañamiento a procesos comunitarios, se ha impulsado la estrategia en otros espacios, entre ellos los planteles COBAT 08 y CECYTE 17, las oficinas de representación de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) en Tlaxcala y un espacio en Tehuacán, Puebla.
A decir del investigador, cada experiencia muestra resultados diferentes, retos y oportunidades al poner en marcha un sistema de gestión integral de residuos, lo que no necesariamente garantiza su continuidad: sostener una cambio en un espacio requiere organización, seguimiento y participación de las instituciones y de las personas involucradas; y es así como lo ha hecho el Cobat 05 de Panzacola.
¿Qué es Basura Cero Estratégico y cómo funciona?
Basura Cero Estratégico propone modificar la manera en que se gestionan los residuos desde el lugar donde se generan. De acuerdo con Marco Antonio Rodríguez, la estrategia nació en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y actualmente se implementa en hoteles, escuelas y universidades de seis ciudades de México. Según su testimonio, tiene presencia en aproximadamente 30 espacios.
El objetivo es avanzar hacia una gestión integral que no se limite a separar materiales, sino que contemple las distintas etapas del proceso: conocer qué residuos se producen, prevenir y reducir su generación, separarlos desde el origen, recuperar los materiales aprovechables, organizar su recolección y definir su destino final.
En el COBAT 05, este enfoque se tradujo en cinco estaciones de separación, conocidas como islas. Tres fueron donadas por la Dirección General del Colegio de Bachilleres y dos se adaptaron a partir de contenedores que ya existían en el plantel.

Cada estación permite organizar los residuos para facilitar su aprovechamiento. Sin embargo, el sistema depende de que estudiantes, docentes y personal coloquen los materiales en el sitio correspondiente y eviten mezclarlos con restos de comida o líquidos.
Los residuos orgánicos, principalmente restos de frutas y verduras, se utilizan para elaborar composta. El material se cubre con tierra y, después de aproximadamente cuatro o cinco semanas, se cierne para aprovecharlo en las áreas verdes y las macetas de la escuela.
El PET, papel, cartón, algunos tipos de vidrio y aluminio se separan para llevarlos al centro comunitario de acopio de Panzacola. No todos los materiales son aceptados, por lo que es necesario identificar cuáles pueden recuperarse y cuáles deben enviarse al servicio de recolección convencional.
Para la Lina Silva, la gestión integral implica considerar todo el recorrido de los residuos: desde su ingreso a la institución hasta la limpieza, la separación, la recolección diferenciada, el almacenamiento, el tratamiento y su traslado hacia los centros locales de reciclaje. Aquello que no puede aprovecharse se entrega al camión recolector.
La profesora Lina resume uno de los problemas centrales de la gestión de residuos con una frase: “La basura nace de la revoltura”. Cuando los materiales se mezclan, se dificulta recuperar aquellos que todavía tienen utilidad.
Por eso, la separación desde el origen es un punto de partida. Pero para que el sistema funcione, también se requiere organización, seguimiento y coordinación entre quienes generan los residuos, quienes realizan las labores de limpieza y quienes los reciben para su aprovechamiento.
Las estudiantes llevan el aprendizaje a la práctica
El interés de Carolina, alumna de quinto semestre del COBAT 05, surgió a partir de un proyecto en el que reutilizó envases de leche para elaborar nuevos objetos. Esa experiencia la motivó a participar en Basura Cero Estratégico y buscar que otras personas comprendieran la importancia de reducir los residuos que se generan en la escuela.

Junto con sus compañeras, ha impulsado actividades de reutilización y talleres para compartir lo aprendido con otros grupos. Para ellas, participar en el programa también ha significado observar sus propios hábitos y reconocer cuánta basura producen cotidianamente.
“Al inicio, fue mucha, mucha, mucha basura que tuvimos que estar separando”, recordó Alma, también estudiante de quinto semestre, al describir lo que encontraron durante las primeras actividades. La separación les permitió reflexionar sobre el destino de los residuos y la responsabilidad que tienen en su manejo.
“La basura genera un gran impacto en la sociedad y nosotros como jóvenes debemos de aprender a empezar a reciclar, a reutilizar”, expresó una de las estudiantes. Desde su experiencia de aprendizaje en el proyecto Basura Cero, han podido reflexionar que la acumulación de basura no solo contamina, sino que puede relacionarse con problemas de salud y molestias para las comunidades.
Desde el plantel, las estudiantes buscan que estos aprendizajes se reflejen en acciones cotidianas y que la separación de residuos se convierta en una práctica compartida dentro y fuera de la escuela.
Para las maestras Lina y Libia, que los alumnos se involucren de manera activa en el programa es fundamental para que el programa sea exitoso, pues no se trata de que cambien sus hábitos, también de que reflexionen su relación y responsabilidad con los residuos.
“Los alumnos que se suman al proyecto les llamamos “orientadores basura cero”; su participación a través del servicio social es fundamental; ya que ellos se encargan de supervisar que las islas estén funcionando de manera correcta; además de que impulsan a que sus compañeros de aula, también se sumen”.

El Cobat 05 de Panzacola, actualmente cuenta con una matrícula activa de 746 estudiantes, entre el turno matutino y vespertino.
A través de Basura Cero, el Cobat 05 pasó de 120 a 93 kilogramos de basura semanales
El diagnóstico inicial del COBAT 05 estimó que el plantel generaba alrededor de 120 kilogramos de residuos por semana. Un año después de implementar Basura Cero Estratégico, la generación se proyectó en 93 kilogramos semanales, de acuerdo con Libia y Libia.
La diferencia es de 27 kilogramos menos por semana, lo que representa una disminución del 22.5% respecto al diagnóstico inicial. Al proyectar esta reducción durante 52 semanas, equivale a mil 404 kilogramos menos de residuos al año, es decir, aproximadamente 1.4 toneladas.
Esta estimación permite dimensionar el alcance potencial de las acciones de separación y aprovechamiento impulsadas en el plantel.
El personal de intendencia también ha identificado cambios en las labores de limpieza. María Concepción Aguilar Texis explicó que antes podía retirar una bolsa jumbo de basura por turno, mientras que ahora, según su experiencia, recoge menos de media bolsa.
La trabajadora estima que la cantidad de residuos disminuyó alrededor de 50%, aunque se trata de una apreciación basada en su trabajo cotidiano y no de una medición independiente del total generado por el plantel.
También advierte que el cambio requiere recordatorios constantes, pues la separación no siempre se realiza correctamente y, en ocasiones, los recipientes contienen líquidos o restos de comida que dificultan las tareas de limpieza.
Margarita Minero Cahuantzi, quien lleva cinco años trabajando en el plantel, señaló que el proceso de adaptación es especialmente importante entre quienes ingresan al primer semestre. Para ella, la clave está en insistir hasta que la separación se convierta en una práctica habitual.
“Es más constancia, constancia para que los chicos se habitúen a su separación”
Desde el turno vespertino, César Cruz coincide en que todavía hace falta reforzar las indicaciones a alumnos de primer ingreso, aunque considera positivo el programa.
“Es un buen proyecto, pero siento que hay que ir recalcando con los muchachos que tienen que ir tirando su basura donde va”
Los testimonios evidencian una de las principales dificultades de este tipo de iniciativas: los cambios de hábitos no ocurren de manera automática ni se mantienen únicamente con la instalación de infraestructura. Requieren información, constancia y una distribución clara de responsabilidades entre estudiantes, docentes y personal de limpieza.
La experiencia también permite observar que las tareas de separación y aprovechamiento no deben recaer exclusivamente en quienes realizan la limpieza. Para que el sistema funcione, toda la comunidad escolar necesita participar desde el momento en que genera un residuo.
Una experiencia local ante la crisis de residuos
La experiencia del COBAT 05 muestra cómo una institución educativa puede organizar acciones concretas para reducir, separar y aprovechar parte de los residuos que genera. También evidencia que los resultados dependen de la cooperación entre distintos actores y de la continuidad de las prácticas.
Marco Antonio Rodríguez considera que el trabajo realizado en el plantel refleja la posibilidad de construir una gestión integral mediante la participación de docentes, estudiantes, personal administrativo y de intendencia, colectivos comunitarios, asociaciones civiles e investigadores.
El propósito, explicó, es que el aprendizaje adquirido dentro de la institución trascienda sus instalaciones y llegue a los hogares, las familias y otros espacios de convivencia. Es una manera de preparar ciudadanos con conocimientos sobre residuos y con una ética ambiental en la comunidad.
“Hay que iniciar con la separación dentro de los nodos estratégicos de las ciudades, como las escuelas, oficinas públicas, mercados, hoteles, parroquias, etcétera. Una vez que se consolida la separación, se inician los planes de prevención y de minimización de residuos no reciclables. Pero más importante es pensar en que las personas que están practicando todos los días estas acciones pueden llevarlas a los hogares, con los familiares, amigos y vecinos; es decir, se está formando un sujeto social capaz de actuar dentro de la comunidad ante un problema complejo”
Para el investigador, el COBAT 05 es una muestra de ese proceso colectivo. En sus palabras, se trata de una experiencia en la que participan personas con distintas responsabilidades, pero con un objetivo común: cooperar para construir una nueva forma de gestión integral de los residuos desde los espacios vitales de la comunidad.

En ese sentido, señaló que, ante la crisis de basura que enfrenta Tlaxcala, es importante difundir este tipo de iniciativas en otros espacios vitales de las ciudades, especialmente en aquellos donde se generan grandes cantidades de residuos. Ya que a través de procesos cooperativos entre instituciones públicas, asociaciones civiles, grupos comunitarios e investigadores locales se puede construir una forma de gestión integral de residuos justa, responsable, cooperativa, de aprendizaje mutuo y funcional desde el propio territorio.
En Tlaxcala, donde la saturación de los sitios de disposición final ha puesto en evidencia las limitaciones del manejo de la basura, experiencias como la del COBAT 05 ofrecen una alternativa desde el origen del problema. No resuelven por sí solas la crisis estatal, pero muestran que es posible reducir la generación de residuos y recuperar materiales cuando existen organización, infraestructura y participación colectiva.
También te puede interesar: La geografía de la basura en Tlaxcala