Por Marco Antonio Rodríguez Gómez
Durante la audiencia pública realizada el pasado 15 de junio en San Pedro Ecatepec, ocurrió algo que, a mí parecer, merece más atención de la que ha recibido. Las autoridades estatales reconocieron ante la población que el Polo de Desarrollo de Economía Circular para el Bienestar (PODECIBI) todavía no cuenta con un proyecto ejecutivo. Esto significa que aún no se sabe con precisión qué tecnología utilizaría, qué cantidad y tipo de residuos procesaría, qué inversiones participarían ni cuál sería el modelo de gestión que se busca construir.
La declaración resulta interesante por una razón. Mientras técnicamente el proyecto sigue abierto, en el territorio la decisión ya comenzó a producir efectos. Existe un decreto, se buscan terrenos, avanzan procedimientos administrativos y las comunidades reaccionan frente a una intervención que sienten cada vez más cercana.
Precisamente por eso el momento actual representa una oportunidad. Si todavía no hay claridad sobre el sistema de residuos que necesita Tlaxcala, entonces tal vez éste sea el momento para detenernos un instante y mirar el territorio antes de seguir avanzando.
Una infraestructura de residuos es una hipótesis para resolver una situación problemática. Supone que entendimos adecuadamente dónde está el problema, qué dimensiones tiene, cuál es la mejor manera de intervenirlo y qué acuerdos colectivos requiere.
Si la hipótesis es correcta, la infraestructura ayuda a resolver el problema. Si la hipótesis es equivocada, puede terminar organizando durante décadas un sistema pensado para un problema que a lo mejor nunca existió exactamente como lo imaginábamos. Por eso, una infraestructura no sólo habla sobre nuestros espacios de convivencia, los termina reorganizándolos.
Visto de esta manera, la pregunta ya no es dónde construir, sino más bien: ¿qué nos dice el propio territorio sobre el sistema de residuos que Tlaxcala necesita construir?

Una primera respuesta aparece al observar el mapa. En Tlaxcala se generan diariamente alrededor de 1,476 toneladas de residuos o, si se prefiere una cantidad más imaginable, cada día circulan por el estado el equivalente a 183 camiones recolectores de ocho toneladas completamente llenos. Similares a los mismos camiones que normalmente vemos pasar frente a nuestras casas para recolectar basura.
Esta imagen permite visualizar la magnitud de la generación, pero oculta algo importante: esos 183 camiones no salen de todos los municipios por igual.
Tres cuartas partes de los municipios tlaxcaltecas producen menos de 28 toneladas diarias, es decir, menos de cuatro camiones completos cada día. Dentro de ese grupo, treinta municipios generan menos de 16 toneladas y quince ni siquiera alcanzan las ocho toneladas por día, el equivalente a un solo camión. En conjunto, cuarenta y cinco municipios representan apenas el 39 % de toda la generación estatal.
Estas cifras merecen una reflexión. No significa que estos municipios tengan un problema menor. Lo tienen. Lo que cambia es otra cosa. Cambia la escala desde la que enfrentan ese problema y, cuando se modifica la escala, cambia el tipo de soluciones que podríamos imaginar.
Un municipio que genera tres toneladas diarias probablemente no enfrenta las mismas posibilidades que otro que supera las cien toneladas. ¿Tiene sentido que un municipio donde apenas se llena un camión diario dependa de un parque industrial de residuos cuya tecnología no conocemos? ¿Podría obtener mayores beneficios fortaleciendo la separación en origen, el compostaje comunitario, los mercados locales de reciclaje? ¿En qué casos la cooperación intermunicipal puede ser una opción más inteligente que intentar resolver todo desde cada ayuntamiento? No lo sabemos todavía, pero ahora esas posibilidades aparecen sobre la mesa porque el territorio comenzó a mostrarse de otra manera.
La otra cara del mapa es más interesante. Quince municipios generan alrededor de 902 toneladas diarias, es decir, 61 % del total estatal: Tlaxcala, Huamantla, San Pablo del Monte, Apizaco, Chiautempan, Calpulalpan, Zacatelco, Tlaxco, Yauhquemehcan, Ixtacuixtla, Contla, Tetla, Papalotla, Panotla y Nativitas.
Más aún. Sólo cinco municipios -Tlaxcala, Huamantla, San Pablo del Monte, Apizaco y Chiautempan- producen casi una tercera parte o 32% de toda la basura estatal. Observe el mapa nuevamente. No es ocurrencia. Ahí se concentran la población, los servicios, el comercio, el consumo y el crecimiento urbano del estado.
Pero ocurre algo más. Si imaginamos nuevamente aquellos 183 camiones que recorren diariamente Tlaxcala, no todos transportan lo mismo. Aproximadamente 74 camiones llevarían residuos orgánicos, otros 66 transportarían residuos potencialmente aprovechables y los 43 restantes cargarían residuos no aprovechables y que, tarde o temprano, requerirían tratamiento o disposición final.
Nuevamente aparece la concentración. Buena parte de esos camiones sale precisamente de los mismos quince municipios. Esto significa que las oportunidades de reciclaje y las cargas socioambientales se concentran sobre los mismos territorios. Esta observación vuelve a modificar las preguntas.
Si gran parte de los residuos se generan ahí, ¿también deberían concentrarse en esos territorios los esfuerzos de planeación, financiamiento y evaluación institucional? Si estos municipios concentran los residuos orgánicos, reciclables y no reciclables, ¿significa que la mejor respuesta sea una megaobra de residuos? Algunos quizás necesitan fortalecer primero sus reglamentos y crear programas de manejo integral; otros avanzar en la separación en origen y la educación ambiental; otros profesionalizar sus servicios públicos; y algunos más construir o afianzar vínculos de cooperación con la ciudadanía, pepenadores, centros de reciclaje, mercados, escuelas, comercios y otros actores locales.
También aparecen una pregunta más incómoda: si ciertos municipios generan una parte importante de los residuos estatales ¿no habrían de asumir una parte proporcional de las responsabilidades ambientales, económicas, políticas y sociales que esos residuos producen?
Ninguna de estas preguntas tiene una respuesta sencilla. Tampoco el mapa pretende ofrecerlas. Su aporte es recordar que un mapa no sólo sirve para decidir dónde construir una infraestructura de residuos. Antes que eso, permite pensar mejor el problema, distinguir sus distintas escalas e imaginar alternativas que, sin esa mirada territorial, no entrarían fácilmente en la discusión.
Volvamos entonces al punto de partida
Las propias autoridades han reconocido que todavía no hay un proyecto ejecutivo. Lejos de cerrar la discusión, ese reconocimiento abre la oportunidad para incorporar información, preguntas y reflexiones ante una situación cada vez más complicada. En política pública hay una enorme diferencia entre decidir con prisa y decidir después de comprender mejor aquello que se pretende resolver.
En una columna anterior escribí que los problemas públicos dependen de quién y de cómo los definimos. Añadiría una cosa más. También dependen de nuestra capacidad para mirar el espacio donde vivimos y leer el territorio antes de colocar la primera piedra. Principio del formulario
- Nota metodológica: Los datos de generación municipal se estimaron con información del Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI y la generación per cápita del DBGIR 2026. La estimación de residuos orgánicos, aprovechables y no aprovechables corresponde a un escenario analítico, no a una caracterización física directa de cada municipio. Actualmente, los municipios tlaxcaltecas no cuentan con estudios de generación y caracterización como los establecidos en la normatividad ambiental, lo que representa un área de oportunidad para fortalecer la planeación del sistema estatal de residuos.
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