A pesar de que la SSC reporta cinco policías fallecidos en función de 2019 a 2024, en realidad han sido siete.
Tlaxcala, Tlax. El linchamiento de dos policías perpetuados en abril de este año, vislumbró las condiciones en las que viven los elementos policiacos; siete de ellos, han fallecido en función de sus labores, pese a que el SSC solo ha contabilizado cinco.
A través de la Plataforma Nacional de Transparencia, Escenario Tlaxcala solicitó a la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) el número de policías que habían fallecido en cumplimiento de sus labores de 2019 a 2024, información que debía ser desglosada por año, género, motivo de fallecimiento, municipio donde se llevó a cabo el deceso y el tipo de policía (municipal, estatal, investigación, etc).
En respuesta, la SSC dio a conocer que de 2019 a 2024, cinco policías habían sido dados de baja por fallecimiento en cumplimiento de sus funciones. En esa línea, especificó que habían sido masculinos dependientes de la policía estatal.
Siguiendo la información que brindo la SSC los hechos se perpetuaron en 2019, 2023 y 2024; sin información del 2020, 2021 y 2022. Respecto a los municipios donde se llevaron a cabo las bajas de los oficiales, la SSC respondió lo siguiente:
«No omití hacer mención que el Departamento de Recursos Humanos no cuenta con la información referente al Municipio donde se llevó a cabo el deceso.»
Inconsistencias en los casos reportados de policías fallecidos en función
Haciendo una revisión a través de diversos portales de noticias, la información no coincide con lo que dio a conocer la SSC en la solicitud con número de folio 291217824000131, debido a que los policías fallecidos en función ascienden a siete, siendo una oficial mujer víctima de la delincuencia.
De acuerdo al recuento de los policías fallecidos en función que se realizó desde la redacción de Escenario Tlaxcala, encontramos los siguientes:
2019: Muerte de la policía Ocotlán N. y Eleazar N. en el municipio de Quilhetla, ambos recibieron una detonación de bala.
2020: Muerte de policía Heriberto N. a causa de COVID-19, quien se contagió en función.
2021 y 2022: En Tlaxcala, no se encontraron policías fallecidos en función.
2023: Muerte del Director de Policía de Tzompantepec, Sergio N. y la policía Erika N. en Apetatitlán a causa de un impacto de bala.
2024: Muerte de los policías Antonio N. y Bernabé N. a causa de un linchamiento en el municipio de Zacatelco.
SSC no cuenta con protocolo para atender los casos de policías fallecidos en función
Respecto a los protocolos que ejecuta la SSC cuando un policía es dado de baja por fallecimiento en función de sus laborales, respondió que no cuenta con uno:
«Esta Secretaría de Seguridad Ciudadana no cuenta con un Protocolo publicado en caso de que un miembro de la policía falleciera en cumplimiento de su deber.»
No obstante, de manera interna tienen el siguiente procedimientos, que como tal, no tiene vigilancia para el cumplimiento de cada uno de los pasos:
Notificación a Trabajo Social de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, la baja por
fallecimiento.
Se brinda el acompañamiento durante el duelo, asimismo el seguimiento de los trámites administrativos correspondientes.
Último pase de lista por indicación del Sr. Secretario de Seguridad Ciudadana.
Notificación a los Beneficiarios a través de visita domiciliaria, solicitando documentación necesaria para el Pago de Seguro de Vida Institucional.
Entrega de manera personal la documentación completa a la Aseguradora.
Se realiza el Pago de Seguro de Vida Institucional al beneficiario (s) por parte de la Aseguradora.
Aunque no hicieron de conocimiento la aseguradora que se encarga de efectuar el Seguro de Vida Institucional, en el Convenio que determina las prestaciones de los trabajadores de Gobierno del Estado, firmado en 2021, en su artículo 16 menciona lo siguiente:
Los beneficiarios del servidor público que fallezca, recibirán seis meses del último sueldo base que percibía el trabajador al morir.
Asimismo, remarca que en el artículo 18:
«Los Tres Poderes del Gobierno Del Estado se comprometen a otorgar a sus trabajadores, un Seguro de Vida Institucional de ochenta meses de salario, el pago de la prima será a cargo del Gobierno Del Estado.»
De acuerdo con la Plataforma Nacional de Transparencia, el sueldo de un policía estatal oscila entre 10 mil y 13 mil pesos.
“Todo el mundo debería poder comer sin sentir vergüenza”. En la capital de Sudán, los grupos de ayuda mutua llevan a cabo una labor humanitaria crucial, pero su trabajo enfrenta muchas dificultades.
Rawh Nasir
Las cocinas comunitarias ayudan a cientos de miles de personas en la asolada Jartum, capital de Sudán. Proporcionan comidas con regularidad, así como apoyo social y emocional, en medio de una hambruna cada vez más grave que los grupos de ayuda internacional no consiguen abordar.
Estas cocinas, gestionadas por grupos de ayuda mutua de barrio denominados salas de respuesta de emergencia, se enfrentan a graves carencias de financiación, amenazas a la seguridad y cortes de comunicaciones y electricidad, según explicaron los voluntarios a The New Humanitarian.
Un hombre atrapado por los combates en abril de 2023 camina hacia su casa en Jartum. Los habitantes de la devastada capital pasan mucha hambre mientras la guerra se prolonga hacia su segundo año. Foto: Fazi Abubakr/TNH
La multiplicidad de dificultades hace que muchas cocinas sólo ofrezcan una comida al día. Al mismo tiempo, algunas salas de respuesta a emergencias han reducido sus servicios a una sola comida a la semana o han cerrado temporalmente, aunque sus comunidades siguen necesitándolas desesperadamente.
“El servicio que nos brinda la cocina nos salva la vida… pero la cantidad de comida no es suficiente para todos. Las circunstancias son muy malas aquí”, afirma Nisreen*, una mujer de la localidad de Ombada, en Omdurman, una de las principales ciudades del Gran Jartum.
Nisreen explica que la cocina de Ombada sólo puede ofrecer una comida a la semana, normalmente alubias o lentejas. Aun así, la gente depende de esa pequeña cantidad, y una nueva reducción sería un “desastre”, añadió.
La guerra de Sudán comenzó en abril de 2023 y enfrenta a las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) con el ejército regular. Ha producido la mayor crisis de desplazados del mundo, desarraigando a casi 10 millones de personas, y también la mayor crisis de hambre. Un estudio reciente pronosticaba 2,5 millones de muertes por inanición para septiembre, mientras que otros advierten de la peor hambruna del mundo en 40 años.
Algunos de los niveles de hambre más extremos se dan en el Gran Jartum, que incluye la devastada capital y sus ciudades hermanas adyacentes: Bahri y Omdurman. La mayor parte de la zona está controlada por combatientes de las FAR, que invadieron los hogares de la población al comienzo del conflicto y los despojaron de sus posesiones.
La mayoría de los grupos de ayuda internacional evacuaron Jartum al principio de los combates y aún no han regresado. Sus esfuerzos por llevar suministros se han visto frustrados por el ejército y las autoridades afines, que intentan privar de ayuda a los territorios ocupados por las FAR.
Aunque los voluntarios están dirigiendo una respuesta de ayuda, el número de personas que dependen de ellos aumenta a medida que se erosionan los mecanismos de supervivencia de la población y que miles de personas regresan a la capital huyendo de los ataques y el sufrimiento en los lugares a los que habían huido.
La financiación local y de la diáspora que sostiene las cocinas está llegando a su límite, según los voluntarios. El apoyo de los donantes internacionales sigue siendo insuficiente, a pesar de que cada vez más agencias humanitarias participan en las salas de respuesta a emergencias.
“La financiación no es nada comparada con lo que la gente necesita”, afirmó Mawada, voluntaria de la cocina de Ombada. Dijo que su grupo está comprometido a ayudar a su comunidad a pesar de los crecientes desafíos: “Las dos facciones enfrentadas no ayudaron a los civiles, pero nosotros podemos hacerlo y seguiremos haciéndolo”.
Salvando vidas y dignidad: “Todo el mundo debería poder comer sin sentir vergüenza”
Los grupos de ayuda mutua se establecieron en todo Sudán tras el estallido de la guerra. Sus miembros procedían de un vibrante movimiento prodemocrático y aportaban ideas arraigadas en una rica herencia de solidaridad social, representada sobre todo en la tradición del nafeer (“llamada a la movilización”).
Las cocinas del Gran Jartum siguen dos modelos diferentes. En el sistema takaya, los líderes religiosos y comunitarios dan de comer a la gente en la calle, en las casas o bajo los árboles; sin embargo, también hay cocinas más estructuradas gestionadas en espacios definidos por las salas de respuesta a emergencias.
Hassan, que ayuda a coordinar la asistencia en la región del Gran Jartum, dijo que se han instalado más de 350 cocinas comunitarias, que ayudan a 500.000 familias con al menos una comida al día. “Nuestro objetivo es salvar la dignidad de la gente”, afirmó. “Todo el mundo debería poder comer y no sentir vergüenza. Los sudaneses seguimos ayudándonos unos a otros. Sobrevivimos juntos”.
Los voluntarios dijeron que las cocinas realizan campañas de financiación periódicas, utilizando las redes sociales para solicitar dinero a filántropos y redes de la diáspora. También reciben desembolsos de ONG nacionales e internacionales, así como de fondos gestionados por la ONU.
Mientras la ayuda internacional está bloqueada, las cocinas tratan con comerciantes locales —algunos afiliados a las FAR— que son expertos en sortear los puestos de control y en cruzar las líneas del frente. Los voluntarios compran los productos en los mercados o directamente en las casas de los comerciantes.
Las cocinas funcionan en lugares relativamente espaciosos y están dispuestas de modo que nadie tenga que trasladarse demasiado lejos para llegar a ellas. Además de la comida, funcionan como espacios comunitarios donde los profesores imparten programas de educación alternativa y las mujeres organizan cooperativas.
Aunque los voluntarios suelen trabajar muchas horas preparando la comida, tienen tiempo para participar en actividades sociales y “reunirse y charlar” en grupo, dijo Jamal, un voluntario de la localidad de Al Jerief West, en Jartum.
Varios voluntarios dijeron que su servicio público los ayuda a sentirse poderosos y resistentes, y que antes de unirse a las cocinas se habían sentido traumatizados por la guerra y a veces demasiado asustados para salir de sus casas.
“Esto es lo que hace que me quede en las zonas de conflicto”, dijo Ibrahim, coordinador de la cocina de Maygoma, en la zona de Sharg Alneel, al este de Jartum. “En mi infancia, solía rezar para tener dinero suficiente para ayudar a los demás, [pero] descubrí que no es importante tener dinero”.
Escasa financiación, aumento de las necesidades: “Cada día vemos caras nuevas”
A pesar de sus experiencias positivas, la media docena de voluntarios que hablaron con The New Humanitarian afirmaron que sus cocinas carecen de financiación y recursos adecuados, especialmente a medida que aumenta el número de personas necesitadas.
Ibrahim, de la cocina de Maygoma, dijo que los voluntarios solían cocinar el almuerzo y el desayuno para su comunidad, pero ahora sólo ofrecen una comida al día. “El número sigue aumentando. Cada día vemos caras nuevas”, dijo.
Mustafa, coordinador de cocina en la localidad de Al Kalakla, en el sur de Jartum, dijo que su grupo había observado un “elevado número de retornados” que abandonaron la capital para dirigirse al estado colindante de Gezira el año pasado, pero que volvieron después de que las FAR lo invadieran en diciembre. También dijo que 10 cocinas de una parte de Al Kalakla llamada Abu Adam tienen un presupuesto de sólo 800 dólares al mes cada una y que ha visto a gente tan hambrienta que comía hojas de los árboles para sobrevivir.
Los filántropos locales y los benefactores de la diáspora han aportado contribuciones fundamentales durante el último año, pero esa financiación “está disminuyendo con el tiempo porque tienen otras responsabilidades”, afirmó Ibrahim.
Las salas de respuesta de emergencia sólo han recibido una pequeña parte de los cientos de millones de dólares que los donantes internacionales han proporcionado a los agentes humanitarios en Sudán.
La inmensa mayoría del dinero de los donantes ha ido a parar a la ONU y a ONG internacionales —que a su vez se encuentran en graves apuros económicos—, a pesar de su limitado acceso a los lugares más afectados por el conflicto y de las restricciones que les imponen las partes beligerantes.
“Se trata de una parte muy importante de la respuesta humanitaria que en estos momentos no cuenta con el reconocimiento ni el apoyo adecuados”, declaró a The New Humanitarian Will Carter, director en Sudán del Consejo Noruego para los Refugiados.
“De un llamamiento total de ayuda de más de 2.000 millones de dólares, no es mucho pedir entre un 2 % y un 5 % al menos para todos estos valientes equipos de primera línea que prestan servicios esenciales en zonas muy desatendidas y de difícil acceso”, añadió Carter. Dijo que uno de los principales problemas es que los Gobiernos donantes tienen políticas y procedimientos de financiación rígidos que chocan con la forma en que se organizan los esfuerzos locales de respuesta y con “cuáles son y deben ser sus prioridades”.
Algunas cocinas comunales afirmaron que han acudido directamente a las organizaciones internacionales en busca de financiación, pero este enfoque puede dejar atrás a grupos que no tienen grandes conocimientos de la lengua inglesa, o la capacidad de hablar el idioma de la ayuda internacional.
Apagones, precios altos y amenazas a la seguridad
La recaudación de fondos y las actividades de divulgación también se han visto afectadas por un apagón de Internet —al parecer impuesto por las FAR— que impide a los voluntarios realizar campañas de divulgación en los medios de comunicación.
El apagón también supone un reto porque impide a las salas de respuesta de emergencia acceder a los sistemas de banca electrónica, que utilizan para recibir y gastar dinero en medio de la escasez de efectivo y el cierre de los bancos, explicó Hassan, coordinador para el Gran Jartum.
Aunque la financiación de las cocinas es escasa, los precios de los productos pueden ser increíblemente altos, según voluntarios y comerciantes. Un comerciante que trabaja en Al Kalakla dijo que “la inflación está calando hondo en la gente”, y que el azúcar cuesta ocho veces más que antes de la guerra.
Los comerciantes que llevan alimentos a las zonas controladas por la FARdijeron que a veces se les deniega el acceso en los puestos de control del ejército, lo que ahoga el suministro y eleva los precios. También tienen que enfrentarse a fuerzas paramilitares que roban sus provisiones en los mercados.
Los cortes de electricidad son otro problema, sobre todo en las zonas donde se necesita energía para bombear agua del Nilo. Ibrahim, el voluntario de Sharg Alneel, dijo que la falta de agua ha provocado que periódicamente se suspendan sus trabajos de cocina.
Otros voluntarios citaron como problema la falta de gas para cocinar, con un suministro demasiado escaso y precios inasequibles. Algunas cocinas han estado talando árboles y utilizando leña como sustituto.
La seguridad también fue planteada por los voluntarios como un reto crítico. Aunque los líderes de las FAR han hecho declaraciones apoyando los esfuerzos humanitarios locales, los voluntarios dijeron que siguen siendo investigados y detenidos por acusaciones falsas de que están vinculados al ejército.
Un voluntario de una cocina dijo que las FAR cerraron su actividad tras publicar una declaración reciente condenando las violaciones de civiles por parte del grupo paramilitar.
El voluntario dijo que la cocina realiza ahora sus actividades «con perfil bajo»: cocinando dentro de las casas de la gente y distribuyendo alimentos sólo a los más vulnerables de su comunidad.
Las cocinas que operan en zonas controladas por el ejército y el gobierno de facto también se enfrentan a amenazas de seguridad. Estas autoridades ven la ayuda como un recurso político y militar, y desconfían de los voluntarios que reciben fondos fuera del sistema que pueden controlar.
Lo que hay que hacer
De cara al futuro, Carter, del Consejo Noruego para los Refugiados, pidió a los donantes que aumentaran sus aportaciones económicas a las iniciativas locales de respuesta, y sugirió que adaptaran algunas de sus políticas para no ahogar a los voluntarios en papeleo y procesos.
“Creo que no se trata de exigirles [a los grupos de ayuda mutua] que sean una ONG, sino de encontrar un modelo que les apoye en la prestación de servicios críticos en zonas muy difíciles y peligrosas del país, [al tiempo que] se minimiza cualquier burocracia o carga”, afirmó.
Con más recursos, Hassan dijo que las salas de respuesta a emergencias podrían instalar mercados locales y panaderías en toda la región.
Por ahora, sin embargo, los grupos exigen que las facciones enfrentadas permitan a los voluntarios trabajar en condiciones de seguridad, abran corredores humanitarios para los grupos de ayuda y avancen en las conversaciones de paz.
Saja, que recibe ayuda de las cocinas de Sharg Alneel —una de las zonas más pobladas de Jartum—, dijo que otra comida al día contribuiría mucho a mejorar la vida de la gente.
“Hay muchísimas familias que dependen totalmente de las cocinas”, declaró a The New Humanitarian. “Sin ellas, no podría ni imaginar cómo serían nuestras vidas en este conflicto”.
*Los nombres de todas las fuentes sudanesas citadas en este artículo han sido modificados debido a las amenazas de las facciones beligerantes a los voluntarios locales.
Alrededor de 200.000 cubanos migraron a España en los últimos años; muchos despojados de recursos y red. Cobijo los recibe y acompaña en los desafíos del proceso migratorio.
Yenys Laura Prieto
Una mochila con poca ropa, algunos alimentos y un bebé en brazos. Así comenzó la travesía de Joelys, Erisdel y la pequeña Aitana en Serbia. Caminaron durante más de 60 días para llegar a España a través de selvas y montañas. Atravesaron cinco países. Algunas veces viajaron en autobús; otras a pie. Hasta aquí, encontramos una historia similar a la de cientos de cubanos que han utilizado la ruta en Europa para moverse. Pero en este relato hay una singularidad.
El sacerdote Bladimir Navarro fundó la iniciativa en la parroquia Santa María de la Esperanza de Alcobendas, Madrid. Foto: cortesía de la Asociación Cobijo Cubano.
En dos meses, Joelys, Erisdel y Aitana aprendieron que el miedo puede ser un compañero más persistente que el cansancio. Entraron en Madrid el 8 de agosto de 2022 sin recursos y sin familiares que los acogieran. Sobre ellos, la intemperie, el calor del verano, poco dinero para comprar alimentos y el peso de dos palabras: “inmigrante indocumentado”. Sin embargo, la primera noche en España el temor se disipó cuando unas manos desconocidas y desinteresadas les ofrecieron techo, apoyo y comida.
La pareja de cubanos, oriundos de Camagüey, se convirtió en los primeros amparados por la Asociación Cobijo Cubano, una iniciativa humanitaria para la acogida de cubanos en Madrid. Su fundador, el sacerdote Bladimir Navarro, cuenta que el proyecto comenzó a materializarse en una fiesta benéfica de la parroquia Santa María de la Esperanza de Alcobendas. Poco después, Bladimir rentó un piso que se convertiría en el primer hogar extranjero de la pequeña Aitana. El primer alojamiento oficial de Cobijo.
Como parte de la crisis migratoria desatada en la isla, muchos cubanos han emprendido el camino hacia el territorio español por las semejanzas culturales, las genealogías y el idioma compartido. Según datos del Instituto Nacional de Estadística del país ibérico, alrededor de 200.000 cubanos vivían en España hasta febrero de 2024, la cifra más alta desde que existen registros. Solamente entre 2021 y 2023 llegaron casi 22.000.
A casi dos años de su surgimiento, el Proyecto Cobijo ha acogido a 195 cubanos. También ofrece ayuda a través de su banco de ropa y alimentos. Foto: cortesía de la Asociación Cobijo Cubano
La mayoría de los migrantes que viajan a España son jóvenes en edad laboral y familias con niños menores de edad. Después del arribo a Madrid, muchas personas no tienen acceso a una vivienda porque no poseen un sustento económico estable o un contrato de trabajo que los avale. La mayoría tampoco conoce las herramientas legales para comenzar a estabilizar su vida. Ante la vulnerabilidad creciente y la nueva oleada migratoria, surgió Cobijo.
¿Qué es Cobijo?
(Cobijo: lugar en el que se cobija alguien o algo. Amparo, protección.)
Cobijo es una asociación católica que surgió en agosto de 2022, cuando un pequeño grupo de cubanos asentados en Madrid recibió a la primera familia de emigrantes procedentes de la isla. Sin embargo, el proyecto se dio a conocer públicamente un mes después, el 8 de septiembre de 2022, a propósito de la fiesta de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba.
“El texto de la Biblia ‘he visto la humillación de mi pueblo’, del libro de Éxodo, fue la inspiración para fundar Cobijo, ver a tantos cubanos llegar a España sin hogar”, dice Bladimir Navarro y añade: “Cuba se ha ido deteriorando cada vez más y los cubanos están saliendo como pueden y por donde pueden porque allá están agonizando. Toda esa realidad no podía dejarme inmóvil, sin hacer nada”, revela el sacerdote.
La asociación surgió de un anhelo personal y después llegó a convertirse en el sueño de un equipo que mantiene iguales deseos de ayudar y de ser hogar para los más necesitados. A casi dos años de su surgimiento, el Proyecto Cobijo ha acogido a 195 cubanos. También ofrece ayuda a través de su banco de ropa y alimentos. Actualmente, dispone de 17 apartamentos que atenúan la vulnerabilidad de quienes llegan sin redes de apoyo y sin recursos a Madrid.
Alrededor de 3.082 cubanos solicitaron la Protección Internacional en España en 2023. “Además, hay que tener en cuenta los que llegan como ciudadanos españoles y los miles que han cruzado fronteras arriesgando su vida o han entrado por otras vías y aún permanecen en situación irregular”, afirma el líder religioso. Cada uno huye de la crisis económica y política que vive la isla.
Bladimir reconoce: “el equipo de Cobijo ha crecido mucho y con cada acogida, con cada cambio que realizamos en la vida de una persona, nosotros vamos cambiando también. Nada nos hace más felices que verlos encontrar su sitio e integrarse a la sociedad madrileña”, dice Navarro a pocos días de lanzar la campaña Tu ayuda, mi cobijo, que tiene el objetivo de recaudar fondos para ampliar y sostener la labor humanitaria que realizan.
Material de la última campaña de la Asociación Cobijo Cubano: “Tu ayuda, mi cobijo”.Imagen: cortesía de la Asociación Cobijo Cubano.
“Los recursos se destinarán a cubrir los gastos de alquiler y suministros de los alojamientos, así como a la compra de alimentos, medicinas, ayuda a la educación, combustible, mobiliario, entre otros”, especifica la nota oficial de la campaña. No obstante, el acompañamiento no es solo económico, pues la asociación no pierde de vista la salud mental de los acogidos.
¿Cómo funciona el proyecto?
En el grupo de trabajo hay varias psicólogas voluntarias. Para ellas es prioritario poder crear espacios para el acompañamiento y apoyo emocional. Glaisys Carbonell, miembro del equipo de la Asociación Cobijo Cubano, señala: «Nos centramos en el duelo cultural, en los recursos de afrontamiento, en el estrés y en otros procesos vinculados con el duelo migratorio».
También se realizan visitas periódicas a los apartamentos para conocer la dinámica y ambiente del hogar. Se hacen intervenciones puntuales y personales cuando el acogido lo solicita o cuando el equipo cree que puede ser de ayuda. “La psicóloga se encuentra en comunicación directa con los responsables de los hogares, lo que permite mantener un feedback de las casas. Asimismo, se realizan encuentros en los que siempre hay espacio para una charla motivacional que impulse a los acogidos a seguir enfocándose”, comenta Bladimir.
Los voluntarios son fundamentales para la realización del proyecto. Han estado desde el inicio en las funciones de organización, acogida y distribución de alimentos. “Una de las tareas más importantes que realizan es que son parte del comité de bienvenida para los recién llegados”, afirma el fundador del proyecto. De igual modo, son los encargados de organizar el ropero y los medicamentos.
La asociación cuenta con 24 personas que colaboran de manera asidua. “Entre ellos hay feligreses de la parroquia de Alcobendas, personas jubiladas que han tenido un largo historial de voluntariado y vecinos de los lugares de acogida”, añade el sacerdote.
Integrantes de la Asociación Pickup Solidaridad visitan a los acogidos de las dos casas de Alcobendas y una de Alcalá de Henares. Foto: cortesía de la Asociación Cobijo Cubano.
¿Cuál es el reto de cobijar cubanos en España?
Legalmente, existen muchos procedimientos que dificultan la inserción. “Tenemos que lidiar no solo con las instituciones, sino también con la incertidumbre de los acogidos que muchas veces se encuentran a la espera de un documento necesario para agilizar su búsqueda de empleo”, reconoce Bladimir Navarro.
En ese sentido, resulta vital manejar información legal actualizada. Por esa razón, mediante un equipo de voluntarios intentan proporcionar asesoría jurídica sobre las leyes españolas y los derechos de los emigrantes en el país.
La asociación también está en contacto con los ayuntamientos en los que se encuentran los alojamientos “de modo que se puedan agilizar procesos como el empadronamiento, la inserción escolar de los niños y adolescentes y la obtención del asilo político”, enfatiza él. No obstante, la duración de los procesos legales y la comunicación con las instituciones gubernamentales puede fluctuar de una localidad a otra.
En este punto, el equipo de Cobijo reconoce que es muy importante el trabajo en red. Sobre esa base, colaboran con la Fundación Integra que capacita a los acogidos en la búsqueda de empleo e igual ocurre con los centros de participación e integración de inmigrantes (CEPI) municipales en los que se inscriben.
“Muchos vecinos se han incorporado al proyecto como voluntarios atraídos por el impacto positivo que tiene en las personas. De esta forma, hemos visto que ha aumentado la población activa de la localidad y se ha contribuido al desarrollo del comercio local. La participación de los recién llegados en actividades comunitarias posibilita el enriquecimiento de la diversidad cultural, la integración y el tejido social”, dice el sacerdote que vio nacer a Cobijo.
“Todo lo que implique atender a una población vulnerable y en riesgo de exclusión debe ser tomado en cuenta para adaptarlo a otras poblaciones similares. Es necesario darles visibilidad y demostrar sus capacidades para ser parte activa de la sociedad”. El impacto es notorio en la comunidad que rodea nuestras casas de acogida», asegura Bladimir.
“Recuerdo cuando llegamos a fundar una casa en Algete, en marzo de 2023. La realidad del barrio ha cambiado con la presencia de la comunidad cubana”, concluye el sacerdote.
Migrar, enraizar, nutrir….
Recuerdo que alguien me dijo:
—Tienes miedo, ¿verdad?, de crecer y liarla en España con Cobijo.
Le respondí:
—Sí
Entonces, ese amigo afirmó:
—Pues hazlo con miedo pero, por favor, haz algo por los cubanos que llegan a Madrid.El diálogo, revelado desde Cobijo, muestra la incertidumbre de los primeros meses. Según el sacerdote: “el mayor desafío ha sido creer que sí era posible realizar la obra en Madrid. Desafiar nuestros miedos, dejar atrás los prejuicios y las etiquetas que ponemos al hermano”.
“El mayor desafío ha sido creer que sí era posible realizar la obra en Madrid. Desafiar nuestros miedos, dejar atrás los prejuicios y las etiquetas que ponemos al hermano”. Foto: cortesía de la Asociación Cobijo Cubano.
La experiencia inicial con Joelys, Erisdel y Aitana —quienes han logrado independizarse y regularizar su estatus migratorio— creó un antecedente de éxito. Hoy la familia camagüeyana en Madrid “camina sola”. “Ambos tenemos trabajo y nuestra pequeña Aitana va a la guardería”, cuenta la joven pareja que ha logrado estabilizar su vida en la capital española.
Detrás de la historia de empoderamiento, se encuentra la cooperación de “muchas organizaciones, entidades sociales, fundaciones amigas que desde el minuto cero nos tendieron la mano”, apunta Bladimir y agrega: “Trabajamos con ellas en un espíritu de colaboración; es decir, todos aportamos lo que tenemos”.
El líder religioso revela que, en ocasiones, las viviendas del proyecto no han tenido capacidades y la Mesa de la Hospitalidad de la Arquidiócesis de Madrid ha recibido a los inmigrantes. «Bocatas (ONG) nos facilita alimentos para llevar a nuestras 17 residencias o para los que no tienen qué comer. Las fundaciones Fabre y Esperanza y Alegría nos colaboran con modos de acceder a las ayudas del Gobierno, mientras que la Fundación Ámbito abre las puertas de uno de sus pisos para acoger a cubanos. En fin, Cobijo no está solo, muchas manos nos ayudan», precisa.
El anhelo mayor es que en el futuro se pueda replicar la experiencia de Cobijo en otras ciudades españolas. ¿Cómo se logra? Demostrando la estabilidad de las casas de acogida y, sobre todo, la movilidad de los migrantes cubanos “de forma tal que sea visible cómo construyen su propio futuro y se integran socialmente”, especifica Bladimir.
El camino ha sido difícil. Pero la intención sigue siendo dar abrigo y tejer redes contra el desamparo y la intemperie.
Rosa Ramaipadi, una activista de la agricultura en Sudáfrica, enseña a su comunidad a implementar métodos de pequeña escala para producir sus propios alimentos.
Lucas Ledwaba
Es principios de diciembre, sin embargo, el paisaje de las granjas en Onverwacht, Limpopo, en el noreste de Sudáfrica, es de un marrón opaco y seco. El polvo rojo sube hacia el cielo mientras un viento caliente barre la zona a media mañana. Normalmente, en esta época del año, la tierra luce verde, pero las lluvias no han sido buenas hasta ahora.
La agricultora orgánica y mentora Rosa Ramaipadi trabaja con una red de agricultores rurales en Limpopo para promover prácticas de agricultura agroecológica. (Foto: Lucas Ledwaba / Mukurukuru Media)
Sin embargo, la agricultora Rosa Ramaipadi (58) aún tiene esperanza. “No hemos tenido mucha lluvia, así que aún no hemos sembrado. Pero todavía tenemos una oportunidad [si llueve] a finales de diciembre”, dice desde su finca de 12 hectáreas. Ramaipadi es presidenta de Mzansi Climate Smart Agriculture, una red de pequeños agricultores de base rural y de traspatio que practican la agricultura orgánica y la permacultura para reducir su impacto ambiental negativo.
“Hasta ahora, tenemos más de 100 agricultores a quienes animo a practicar la agricultura orgánica y a plantar nuestros alimentos y frutas autóctonos”, dice. La red también trabaja para construir un banco de semillas de cultivos autóctonos. Las semillas de cultivos como mijo, frijoles, verduras y hierbas se distribuyen entre los agricultores para aumentar su uso.
La red está intentando construir un banco de semillas de cultivos orgánicos con la ayuda de otros agricultores locales. (Foto: Lucas Ledwaba / Mukurukuru Media)
“Los cultivos autóctonos son muy resistentes a la sequía”, dice Ramaipadi. “Por eso los ancianos los plantaban cada año. Incluso cuando no había mucha lluvia, podían cosechar”. Ramaipadi afirma que los sistemas agrícolas indígenas que sustentaron generaciones han sido reemplazados por sistemas no orgánicos que han incrementado el impacto del cambio climático. “Nuestros sistemas agrícolas ya no funcionan como en el pasado. Nuestra tierra y nuestro suelo han sido destruidos por demasiados químicos y fertilizantes sintéticos. Por eso necesitamos volver a nuestras raíces y plantar nuestros alimentos autóctonos”, explica.
La agroecología promueve métodos de agricultura orgánica como los fertilizantes verdes, la captación de agua de lluvia, el compostaje y la conservación del suelo y del agua. “Lo que estamos haciendo ahora tiene que ver con la seguridad y la soberanía alimentaria, y también estamos abordando la justicia climática”, añade Ramaipadi. “Cuando cultivamos de manera orgánica, al menos estamos intentando limpiar el aire porque nuestro entorno está lleno de productos químicos”.
Un informe de 2020 del Departamento de Agricultura, Pesca y Medioambiente señala que los impactos del cambio climático incluyen la reducción de la cantidad de tierras arables y pastoriles aptas, la disminución de la temporada de crecimiento y la baja en los rendimientos de los cultivos. Las comunidades rurales, donde las oportunidades económicas son limitadas y los niveles de pobreza son altos, son más propensas a sentir estos impactos.
Enfoque inclusivo y sostenible
Pero Ramaipadi y sus colegas trabajan para alentar a las comunidades a utilizar métodos agrícolas inteligentes para el clima para producir su comida y vender el excedente de la cosecha. “Nuestras comunidades han llegado a entender lo que estamos haciendo. Como organización, vamos a los pueblos, casa por casa, para decir que todos deben tener un jardín trasero donde cultivar su comida”.
El amor de Ramaipadi por la agricultura se desarrolló durante su crianza en Sekhukhune, donde sus padres tenían una granja lechera. “Crecí ordeñando vacas. Mi madre dirigía esa granja lechera. Después de la escuela, iba a la granja y estaba con mi madre ordeñando las vacas”, recuerda.
Una de las lecciones importantes que aprendió durante este período fue procesar la leche agria, una habilidad que ahora utiliza como formadora y agroprocesadora. Después de obtener su diploma de maestra, Ramaipadi se inscribió en la Universidad de Limpopo y más tarde obtuvo un grado en Educación. Aunque enseñó Matemática y Ciencias Naturales durante años en diversas escuelas, eventualmente dejó la enseñanza en 2007 para dedicarse a la agricultura. Sin embargo, continúa enseñando con un currículo diferente y colabora con diversas ONG para organizar a los agricultores y facilitar talleres. “Les enseño producción vegetal, producción animal y otras habilidades agrícolas”, dice. La anima el hecho de que muchos agricultores emergentes que participan en estos talleres y programas son jóvenes.
El mijo era un alimento básico del pueblo bantú en el sur de África antes de la introducción del maíz. (Foto: Lucas Ledwaba / Mukurukuru Media)
“Muchos están involucrados en el agroprocesamiento. Un chico está procesando moringa y haciendo jabones, bebidas y jugos de moringa. Están produciendo detergente utilizando moringa y otros productos naturales como cúrcuma y laurel, están produciendo muchas cosas”.
En junio, el Municipio Local de Polokwane proporcionó a los agricultores un espacio en la capital provincial para establecer su primer mercado de agricultores. El evento atrajo una respuesta abrumadora de la población, fascinada por tipos de cultivos como el mijo que prácticamente han desaparecido de sus comunidades.
Las Naciones Unidas y su Organización para la Alimentación y la Agricultura destacaron la importancia del mijo como fuente alimenticia importante al declarar 2023 el Año Internacional del Mijo.
“Lo que estamos tratando de hacer es asegurar que la gente vuelva a consumir alimentos saludables. Estamos tratando de decir que estamos consumiendo muchos cultivos modificados genéticamente. No nos funciona porque hay demasiadas enfermedades. Ni siquiera podemos explicar lo que está sucediendo”, comenta Ramaipadi.
Los efectos del cambio climático siguen afectando gravemente a los agricultores, pero Ramaipadi no cree que todo esté perdido. “El clima no va a volver a la normalidad. Nosotros deberíamos volver a la normalidad para ayudar al clima a volver a la normalidad”, afirma.
También desea más apoyo por parte del Gobierno: “Son lentos para acercarse a nosotros”.
Aunque SMA en Tlaxcala defiende islas del Corredor Urbano del Zahuapan, estudio de impacto ambiental omite su funcionalidad.
Tlaxcala, Tlax. Construcción del Corredor Urbano en Tlaxcala tuvo una inversión de $146,245,318.60 y, a casi siete meses la instalación, vecinos, sociedad civil y activistas han cuestionado la efectividad de este megaproyecto debido a la falta de transparencia respecto al presupuesto y la funcionalidad del mismo.
El 28 de noviembre de 2022 la gobernadora de Tlaxcala, Lorena Cuéllar, anunció la construcción del «Proyecto Integral del Corredor Urbano sobre el primer tramo del Río Zahuapan» con la intención de transformar ambientalmente la ciudad mediante la rehabilitación del entorno del río.
La construcción del primer plano del Corredor Urbano inició en marzo de 2023 y finalizó en noviembre del mismo año.
ASCH, S.A. DE C.V. la empresa encargada de la construcción del Corredor Urbano del Zahuapan
De acuerdo al contrato emitido por el Gobierno de Tlaxcala, la construcción del Corredor Urbano fue ejecutada por la empresa ASCH, S.A. DE C.V., representada por José Gil García. La autorización del contrato estuvo a cargo de Alfonso Sánchez García, quien en ese momento era el titular de la Secretaría de Infraestructura.
A continuación el contrato íntegro para la construcción de la obra, obtenido vía transparencia.
ASCH S.A de C.V es una empresa legalmente constituida constituida en febrero de 2008 (escritura pública 300, 286 con folio mercantil número 0378866) cuyo objeto social es la realización y ejecución de toda clase de construcciones, tanto pública como privadas de cualquier clase y la aplicación de ingeniería pública y privada, tal y como puede leerse en el contrato de obra pública número DGCOP- LPN- F- 4 321- 19.
Su sitio oficial de internet señala que participó en el mantenimiento de infraestructura y vía del ferrocarril suburbano y obtuvo la adjudicación del Hospital de Alta Especialidad de Ixtapaluca. Además, participa en el sector carretero y es proveedor de PEMEX en el área de exploración y producción.
Con información del portal QuienesQuien, ASCH en 2020 obtuvo dos contratos por 91.2 millones de pesos con la Comisión Nacional del Agua. Otro de los contratos obtenidos con el Gobierno de la Ciudad de México fue para realizar obras entre 2019 y 2020 en la línea 5 del Metrobús en la Alcaldía Coyoacán, las cuales ascendieron a 106 millones de pesos.
Hasta el momento la construcción del Corredor Industrial en Tlaxcala es uno de los proyectos con mayor inversión pública en los que ha participado ASCH.
Construcción de taludes y su ausencia en el estudio de impacto ambiental
De acuerdo a las declaraciones realizadas por Cuéllar Cisneros durante la presentación del Corredor Urbano Zahuapan, la superficie total del proyecto abarcaría 4,836.45 m², enfocándose en la recuperación del paisaje urbano y la sostenibilidad ambiental de la capital tlaxcalteca.
El estudio de impacto ambiental emitido por la empresa ASCH, S.A DE CV. menciona lo siguiente:
«El objetivo es la mitigación de olores y polvos derivados de la contaminación y asentamiento de la corriente del rio Zahuapan» dentro de una fracción del área urbana de la capital del Estado de Tlaxcala, por lo que a través de la renaturalización de la zona federal y el establecimiento del canal piloto se intenta recuperar un estado más sano y natural para la población, proveyendo a está con los servicios ambientales correspondientes a la rehabilitación y conservación de la vegetación raparía original.»
El proyecto se dividió en dos secciones principales: la primera llamada «Parque la Ribereña», donde se procuró la rehabilitación de la flora nativa en los márgenes del río, junto con la creación de caminos peatonales, miradores, estacionamiento y una pasarela peatonal.
La segunda sección implicó la construcción de un canal piloto en el lecho del río Zahuapan, destinado a conducir la mayor parte del caudal durante la época de estiaje para mitigar olores y mejorar la calidad del agua.
La construcción del canal piloto implicó la creación de taludes circulares, los cuáles han sido cuestionados debido a que en temporadas de lluvias estos se hunden.
Imagen: Cristihan Martínez / Nierika Images
Al respecto, la Secretaría del Medio Ambiente (SMA) en Tlaxcala, dio a conocer el pasado 25 de junio del presente año una publicación a través de sus redes sociales, donde menciona que este tipo de construcciones se «encuentran de forma estratégica para el mantenimiento del cauce del Río y no fueron diseñados con fines recreativos.»
En la misma publicación la dependencia menciona lo siguiente:
«Los “Taludes” son superficies ligeramente inclinadas que se ubican a lo largo de los ríos y están configurados por la fuerza y velocidad del cauce. En nuestro Río Zahuapan se forman por el arrastre de arena, piedras, suelo y moléculas orgánicas cuya función en el cauce es la oxigenación del agua, regular la velocidad de arrastre de partículas y formar parte del coeficiente de escurrimiento.»
En ese sentido, se menciona que el adecuado manejo de taludes asegura la estabilidad del suelo y previene estancamientos y malos olores en el río. Y fue a través de un análisis en donde se determinaron la construcción es estas islas, con la intención culminar una infraestructura de transición, evitando colapsos por socavación en las paredes o el fondo del río.
A pesar de la declaración de la SMA respecto a la construcción de las islas, su utilidad no se menciona dentro del estudio de impacto ambiental realizado por la empresa ASCH, S.A. DE C.V., aunque en el archivo hace de conocimiento en dos ocasiones solo para ejecutar su construcción.
El estudio ambiental señala las acumulaciones de azolve natural, las cuáles fueron modificadas para integrar las islas. A continuación se muestra el lugar donde actualmente fueron colocadas:
Extracto del Estudio de Impacto Ambiental emitido por la empresa ASCG S.A. DE C.V. para el Gobierno de Tlaxcala
Sobre la funcionalidad del azolve natural, el estudio de impacto ambiental menciona lo siguiente.
«Para el trazo del canal piloto se dejaron intactas las acumulaciones de azolve que de manera natural se forman en la parte interna de las curvas del río, considerando que el depósito de azolve es constante en dichas zonas.»
Pese a que menciona que los azolves naturales se quedaron de manera exacta, la realidad es que fueron modificadas para la construcción del proyecto turístico; como puede observarse en la siguiente imagen:
Imagen: Cristihan Martínez / Nierika Images
La Cuenca del Río Zahuapan es una fuente de contaminación grave y, aunque la construcción del «Proyecto Integral del Corredor Urbano sobre el primer tramo del Río Zahuapan» busque reducir los daños que ha ocasionado, en el estudio de impacto ambiental tampoco se mencionan los factores por el que el Río se encuentra contaminado.
Conoce el estudio de impacto ambiental realizado por la empresa ASCH, S.A. DE C.V para la construcción del del Corredor Urbano Zahuapan:
Gabriela Pérez Castresana, académica e investigadora del Instituto de Investigaciones en Medio Ambiente (IIMA) de la Universidad Iberoamericana Puebla, menciona que aproximadamente 26 mil empresas descargan sus aguas residuales en la Cuenca del Atoyac, que abarca el río homónimo, Alseseca y Zahuapan; y para mitigar los problemas ambientales, es necesario un plan integral que involucre a entes gubernamentales tanto estatales como federales; que vayan más allá de una infraestructura hidráulica.
Aunque el Corredor Urbano ha finalizado su construcción, puede observarse que aguas residuales siguen tirando sus desechos al Río Zahuapan, sobre la Ribereña, lugar donde se ejecutó el proyecto.
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Tras muchas crisis, mujeres y hombres construyen alianzas comunitarias paso a paso: una red de agroecología, una programa de becas para estudiantes y espacios de arte autogestionados, algunas de las iniciativas
Emmanuel Haddad
George Tekle, exconductor de taxi, se dedicó durante la crisis a cultivar la tierra en su ciudad natal, Majdel Meouch, ubicada en la región de Chouf. “Necesitaba llegar a fin de mes”, le dijo a L’Orient-Le Jour. Pero el aumento de los costos de los fertilizantes importados afectó su presupuesto.
Afortunadamente, un día se encontró con un grupo de jóvenes apasionados por la agroecología. Estas personas formaban parte de una ONG llamada Jibal, que dirige un programa de apoyo para los agricultores que están en proceso de transición hacia la agroecología. El programa aprovecha los fondos de emergencia enviados tras la explosión de 2,750 toneladas de nitrato de amonio que ocurrió en el puerto de Beirut en 2020. Con la ayuda de Jibal, Tekle revitalizó la cooperativa local del pueblo. Otros tres agricultores también adoptaron el método integrado y redujeron su uso de pesticidas al mínimo.
En el mercado de agricultores de Nation Station, George Tekle conversa con un cliente. (Crédito: Emmanuel Haddad)
“Mi perejil prospera únicamente con agua del río Damour”, dijo Tekle mientras entregaba a un cliente cuatro manojos frescos en Nation Station en Geitawi, Beirut, donde vende sus productos. Nation Station es una antigua estación de gasolina transformada en una cocina solidaria tras la explosión del puerto de Beirut en 2020.
“La crisis presentó una oportunidad”, explicó Jad Awada, uno de los miembros del equipo de Jibal y exejecutivo de la firma de auditoría Deloitte. “Después de la explosión, un policía me disparó en la cara durante una manifestación”, le dijo a L’Orient-Le Jour en las oficinas de al-Beit al-Aam (“La casa común”) en Ashrafieh. Al-Beit al-Aam alberga diversas iniciativas y cooperativas. “Renuncié de la noche a la mañana. Trabajar para el sistema que causó la crisis ya no tenía sentido para mí”.
Actualmente, Jibal capacita a aproximadamente 15 agricultores en técnicas de agroecología y establecimiento de cooperativas y los ayuda a ingresar a nuevos mercados. Varios agricultores, incluyendo a Hadi Awada, el hermano de Jad, ya han adoptado las ventajas de la agricultura sostenible. Hadi inició una granja de lombrices. Desafortunadamente, enfrenta interrupciones debido al conflicto en curso entre Hezbolá, un partido político musulmán chiita y grupo militante con base en el Líbano, y el ejército israelí en la frontera sur.
Aquellos que han adoptado la agricultura sostenible actualmente se encuentran en un dilema. Para acceder al mercado orgánico, que sigue siendo un nicho, deben obtener certificación de organizaciones como Libancert o el Instituto Mediterráneo de Certificación (IMC), lo cual lleva varios años. De lo contrario, venden sus productos a precios reducidos en el mercado mayorista. Por eso necesitan una alternativa: “Establecimos el ‘mercado de cosechadores’ en Nation Station [en Geitawi] el año pasado para mejorar la accesibilidad a la agroecología y proporcionar una plataforma para los productores en transición”, dijo Awada.
Creando un ecosistema autosostenible
Sin embargo, ¿cómo se puede proporcionar comida de calidad a precios asequibles sin subsidios públicos? Karim Hakim, miembro de una tienda de comestibles cooperativa en el vecindario de Basta en Beirut, cree haber resuelto este aparentemente imposible rompecabezas a través de la tienda de comestibles Dikken al-Mazraa.
La tienda cuenta con puestos que venden coles de Tekle, productos de limpieza naturales y productos de mouneh caseros (alimentos secos o conservados) de 40 productores libaneses comprometidos con prácticas agrícolas sostenibles. La tienda también tiene una característica única. “Cuando los clientes se registran con nosotros, pueden llenar un cuestionario que nos permite evaluar su capacidad y ajustar el precio de los productos según su categoría social”, explica Hakim. “Para mantenernos a flote, hemos introducido canastas de alimentos en Nation Station en colaboración con la asociación Mada”, dijo Hakim.
“Estamos explorando fuentes de ingresos adicionales, como talleres y servicios de catering”. “Además, estamos contemplando iniciativas de reparto de costos con emprendimientos afines”, agregó.
El agricultor George Tekle lleva las verduras de un cliente al mercado de Nation Station. (Crédito: Emmanuel Haddad)
Aunque Hakim reconoce que la tienda de comestibles Dikken al-Mazraa aún no ha descubierto el modelo ideal en los últimos tres años, Layal Boustani, directora de Mada, cree que la supervivencia de estos actores emergentes depende de su capacidad para establecer un ecosistema autónomo. Su sitio web indica que Mada es una ONG libanesa que tiene como objetivo reforzar la relación entre las comunidades locales y su entorno natural.
“Estamos desarrollando un proyecto para un modelo agrícola alternativo que empoderará a alrededor de una docena de iniciativas similares para interactuar directamente con 20 agricultores, con el objetivo de agrupar los costos de transporte y reducir los gastos en ambos extremos de la cadena”, dijo Boustani.
Mada, que colabora con Jibal en un proyecto de coalición nacional de agroecología, también está interesada en “formular la estrategia a largo plazo para estas iniciativas, muchas de las cuales han surgido espontáneamente en respuesta a la crisis”. Surgiendo después de la crisis, esta red de iniciativas, cooperativas y empresas de solidaridad social, algunas con mucho tiempo de gestación, se está fusionando en lo que Joan Chaker describió como “una masa crítica”.
Hace tres años, Chaker inscribió a su única hija Dunya en Horshna (“nuestro bosque” en árabe), una escuela al aire libre donde la asistencia mutua es un valor central. Alrededor de una docena de alumnos de 3 a 5 años se reúnen tres veces a la semana en el bosque de Baabda y dos veces a la semana en Horsh Beirut bajo la guía de educadores en educación alternativa, junto con su directora Dahna Abourahmeh.
“Nuestro programa se adapta a las estaciones, y son los niños quienes lo moldean a través de sus observaciones, lo que lleva a la creación de juegos e historias”, dijo Abourahmeh. “Por ejemplo, durante el invierno, muchas historias se originan a partir de la exploración de hongos”.
Al igual que el micelio de los hongos, la red vital subterránea en la vida del bosque, los niños de diversos orígenes sociales están aprendiendo la importancia de la cooperación sobre la competencia. “Nos esforzamos por fomentar la empatía mezclando géneros y edades y respetando el ritmo de cada individuo”, explicó Abourahmeh. La directora de la escuela y las familias colaboraron para crear un sistema de redistribución para evitar el cierre debido a la disminución del poder adquisitivo.
“Cada uno paga lo que puede”, explicó Chaker. “Esto varía desde USD $8,000 al año para los más acomodados hasta $250 para las familias sirias con trabajos precarios”.
Dos niñas del programa escolar Horshna examinan un hongo con una lupa en el Pinewood. (Crédito: Emmanuel Haddad)
Sarah al-Sharif, directora de la ONG Ruwwad al-Tanmeya en Trípoli, ya aprovechaba los beneficios de la colaboración desde mucho antes de la crisis. “Desde 2012, hemos estado ofreciendo becas de educación superior a jóvenes en Bab al-Tabbaneh y Jabal Mohsen, proporcionando una alternativa al conflicto que afecta a estos vecindarios empobrecidos. Reconociendo la necesidad de empleo para las mujeres, establecimos Atayeb, un servicio de catering, en 2014″, explicó. “¿Quién vino al rescate de nuestros becarios durante la crisis? ¡Estas cocineras! Mientras los fondos de los donantes estaban bloqueados en los bancos, Atayeb aseguró hasta el 65 por ciento de las becas estudiantiles”.
Hace un par de meses, la organización inauguró Beit al-Mina, una casa tradicional restaurada que sirve como restaurante en el distrito portuario de Trípoli. “La experiencia de la crisis enfatizó la necesidad de diversificar nuestras fuentes de ingresos para una mayor independencia”, dijo Sharif. “Este restaurante actualmente sostiene a 15 familias”.
“En el futuro, también nos permitirá financiar las becas de nuestros estudiantes, y reducir nuestra dependencia de los donantes”, dijo mientras se sentaba en una mesa en el restaurante, donde Rozana Mohammad y Ali al-Ali, dos becarios de Ruwwad, llegaron a tomar su pedido. No muy lejos, en las alturas de Jabal Mohsen, Laurence Dergham trabaja en la empresa social Roof and Roots, fundada por la residente local Julia Abbas. Su esposo es trabajador jornalero.
“Sin salario fijo, luchábamos por llegar a fin de mes para nuestras dos hijas, y no quería depender completamente de él”, dijo Dergham. Durante los últimos tres años, Dergham ha producido toallas sanitarias junto con quince empleados de los vecindarios más pobres de Trípoli. Este negocio, 100 por ciento propiedad de mujeres, ha recibido apoyo de ONU Mujeres y la ONG Acted, especialmente para la adquisición de máquinas.
“Sin embargo, la mayor parte del tiempo son las ganancias de la empresa las que cubren los salarios [$100], por lo que no podemos depender únicamente de las ONG”, explicó Abbas. Y enfatizó la importancia de ajustar el precio de sus toallas: “Las vendemos a menor precio en los distritos vecinos que en el resto del Líbano”.
“Es lo que llamamos el efecto dominó”, dijo Charif. “Inviertes una vez en una beca estudiantil o en formación profesional, y esa inversión inicial crea un efecto dominó duradero”.
Recuperando el control
En Beirut, las ondas de Mansion, un espacio de arte público autogestionado, continúan extendiéndose a pesar de su cierre el pasado septiembre. “Era un espacio vital que nos permitía albergar numerosos talleres y reuniones gratuitos, lo que llevó a la formación de varias cooperativas”, dijo Rasha Ghanem, quien estaba sentada en un sofá en Beit al-Aam, uno de los nuevos lugares que asumieron el legado de Mansion.
El otro es Hostel Beirut, un albergue juvenil dañado en la explosión de Beirut. Ghanem es miembro de las iniciativas de Beit al-Aam y Hostel Beirut. “El propietario había cerrado [Hostel Beirut], pero no estábamos dispuestos a dejar que el lugar pereciera”, dijo Ghanem. “Junto con un colectivo, recaudamos fondos para renovarlo, y lo hemos estado operando de manera cooperativa desde su reapertura hace tres años.”
Un empleado de Roof and Roots hace toallas sanitarias en Jabal Mohsen. (Crédito: Emmanuel Haddad)
Hostel Beirut se ha transformado en un centro de eventos gratuitos, con exposiciones de arte, noches de cine y cenas colectivas, una bienvenida variedad de actividades en una ciudad cada vez más inaccesible para sus residentes.
En Beit el-Aam, se creó una nueva cooperativa de artes escénicas, Baah. Ghanem también es miembro allí. “Los artistas están atrapados en un sistema competitivo donde todos compiten por fondos y lanzan sus proyectos”, dijo Ghanem. “A través de la cooperativa, todos contribuimos a las tareas administrativas, logísticas y creativas.”
“Las cooperativas nos empoderan para recuperar el control sobre cómo queremos vivir”, añadió. Sin embargo, la mayoría de las cooperativas que surgen después de la crisis operan de manera informal. “Es casi imposible registrar una cooperativa, especialmente si no está relacionada con la agricultura”, dijo Ghanem.
Con una ley cooperativa que data de la década de 1960, una dirección de cooperativas marginada dentro del Ministerio de Agricultura a principios de la década de 2000, y el mal uso de este estatus por parte de empresas políticamente conectadas que buscan exenciones fiscales, abundan los desafíos. “El sector cooperativo actual está sofocado por marcos legales deficientes, brechas significativas de financiamiento y politización cínica”, afirmó un informe de 2020 del Triangle Research Center, revelando que 300 cooperativas habían sido cerradas ese año debido a la inactividad.
“El sistema está bloqueado”
Pero Alaa Sayegh, cofundador de Daleel Tadamon en 2020, una organización que apoya cooperativas y empresas sociales, se mantiene optimista. “Convencidos de que necesitábamos una economía diferente al sistema que nos llevó directamente a la pared, nos acercamos a la dirección de cooperativas”, dijo. “Sorprendentemente, ¡no tenían ningún contacto para nosotros!”
“Así que, durante tres meses, viajamos por el Líbano para compilar una lista de unas 1,000 cooperativas existentes, especificando aquellas que estaban inactivas y aquellas que necesitaban apoyo”, explicó Sayegh. Puso la lista a disposición de la dirección y del público en el sitio web de la organización, que ayuda a las cooperativas en dificultades y apoya a las personas que buscan establecer nuevas. Cuando el economista Jad Chaaban inició Shreek (en árabe para “socio”), el primer banco cooperativo del Líbano, en 2021, que ahora está paralizado, enfrentó desafíos para obtener el estatus oficial.
Sin embargo, como otros, perseveró en lanzar esta iniciativa y proporcionó préstamos en dólares a microempresas que luchaban con la falta de crédito. “Durante dos años, demostramos que existía una alternativa, pero también encontramos obstáculos”, comentó.
Shreek fue sometido a un escrutinio inmediato por la comisión del banco central, responsable de supervisar el sector de microcréditos desde la adopción de la Circular No. 93 del Banque du Liban (BDL) en 2004. “El sistema está bloqueado”, dijo Chaaban, investigador y activista político. “Hay numerosas soluciones en el Líbano, pero el sistema corrupto les permite existir solo mientras no perturben los monopolios establecidos.”
Los niños de Horshna en el parque Bois des Pins en Beirut. (Crédito: Emmanuel Haddad)
Mientras tanto, las iniciativas continúan surgiendo de manera informal, abordando necesidades prácticas en lugar de aspiraciones grandiosas. “En este momento, estoy movilizando una red de personas influyentes para abordar casos de emergencia, especialmente cuando un refugiado sirio enfrenta la deportación o una trabajadora doméstica es amenazada por sus empleadores”, dijo Ghassan Halwani, padre de la pequeña Dunya y cofundador de Mansion. “La prevalencia de crisis nos obliga a buscar soluciones caso por caso.”
En la Patagonia argentina, un equipo de rugby ayuda a bajar los niveles de violencia en cárceles. La Fundación Espartanos es un programa de reinserción social que ayuda a bajar los índices de reincidencia del 65 % al 5 %. En 65 unidades penales participan 3.030 jugadores y más de 650 entrenadores voluntarios.
Lorena Vicenty
Frío. No solo se trata del invierno. Es el hormigón, el hierro de las rejas y la soledad. En la cárcel, el frío es íntegro y cala en los huesos, en la mente y congela la vida en un tiempo en el que sobrevivir es la meta. Entrar en calor puede dar una pausa y, por eso, 24 integrantes del equipo Tehuelches XV de la Unidad de Detención 11 de Neuquén, provincia de la patagonia argentina, salen a la cancha de rugby a poner en movimiento el cuerpo y el futuro.
El equipo Tehuelches XV nació en 2019 con el modelo implementado en Buenos Aires con el equipo de Los Espartanos. Foto: Matías Subat.
Eduardo se levantó temprano como cada domingo que le toca ir a la U11. Se abrigó, agarró dos bolsas de mandarinas y manejó hasta el barrio Parque Industrial. Todo estaba detenido: para la ciudad era un día de descanso, para él, de compromiso.
Esperó un poco afuera de la unidad hasta que llegaron Juan Pablo, Flavio y Thiago. Cruzar infinidades de puertas es la manera de ingresar a una cárcel. Después de la primera, una mujer les pidió los documentos. En la segunda, otra les pidió los celulares y dejaron las llaves de los autos. En la tercera un hombre les dijo que “ya los estaban sacando” y los invitó a seguir sus pasos.
El rugby intramuros es una práctica de resistencia a las lógicas penitenciarias. Foto: Matías Subat.
Un espacio grande al aire libre se abrió. Ahí, algunos animales dieron la bienvenida. El caballo pintado de negro quería tocar el cielo con las patas y un guanaco entre la niebla los miraba fijo, con sus ojos de hierro, fríos.
“Después de pasar la mañana en el entrenamiento, el domingo en casa tiene otro sabor. Valorás diferente esa picada y el asado con la familia. Para nosotros también es un aprendizaje”, dijo Juan Pablo mientras se acomodaba el cuello de su buzo de polar azul, con el símbolo de Neuquén Rugby Club en el pecho.
Pasaron frente a una cancha de fútbol de cemento, y al fondo, se veía al grupo de jugadores que llegaban cargados de lonas rojas, vestidos de pantalones cortos, medias largas de colores, algunos traían puestas sus típicas camisetas a rayas: celestes y blancas.
El índice de reincidencia en la Argentina es del 65 %, entre los participantes de Espartanos, del 5 %. Foto: Matías Subat.
Se encontraron con los prisioneros frente al portón y se saludaron. Eduardo señaló la cancha que se veía al fondo. En cinco años de trabajo y perseverancia lograron sacar las piedras y desterrar el suelo árido de la meseta. Contó que al principio quedaban llenos de tierra, rasguñados por las toscas, pero de a poco la gramilla va avanzando sobre el terreno, como los Tehuelches.
Armar un equipo
Esta historia comenzó en Buenos Aires, en marzo de 2009, cuando el abogado Eduardo “Coco” Oderigo visitó por primera vez el penal de máxima seguridad. Su mayor percepción fue la desesperanza y días después volvió con una pelota de rugby y entrenó a unas 15 personas privadas de su libertad, y creó el equipo Los Espartanos. Hoy Oderigo es además presidente de la Fundación Espartanos. La iniciativa se creó en 2016 y la experiencia les permitió consolidar un programa de reinserción social que ayuda a bajar los índices de reincidencia del 65 % al 5 %. Y está cambiando la vida de familias enteras y de la sociedad.
El modelo Espartanos se aplica en 47 cárceles de la Argentina y en otras 13 de la región. Foto: Matías Subat.
Hoy, Espartanos trabaja en 65 unidades penales, en 21 provincias de la Argentina y 7 países del mundo. Actualmente, hay 3.030 jugadores y más de 650 voluntarios que los acompañan. En Neuquén, desde 2019, se llama Tehuelches XV. “Empezamos con un esfuerzo conjunto. Nunca había funcionado un equipo de rugby en la cárcel, había que adaptar muchas cosas. Los jugadores nunca habían jugado, y los entrenadores no habían entrenado adultos que no supieran jugar. Por suerte pudimos hacerlo, dice Eduardo y repite: “por suerte”. Pero hubo algo más que suerte.
Aquel día arrancó con algunas complicaciones. El inflador parecía que no quería andar y trataban de buscar una solución. Había niebla. En el centro de la cancha se movían con velocidad para arrancar y, en los márgenes, los penitenciarios abrigados se agrupaban de a dos agarrados a sus escopetas Ithaca y miraban serios. Después estaba el muro, el alambrado de púas, el hombre que caminaba sobre él, yendo de un lado al otro.
Se escuchó el portón y se sumaron algunos jugadores más, y llegaron a ser 24 en total. Los últimos vinieron esposados porque pertenecían al pabellón de máxima seguridad. En la cancha también había cuatro de los siete entrenadores, ya que rotan cada domingo.
Tehuelches XV es el primer equipo de rugby conformado íntegramente por personas privadas de libertad de la Patagonia. Foto: Matías Subat.
Flavio desde hace tres años colabora en temas administrativos y habló de la importancia de ir ahí cada domingo. “Son varios sentimientos encontrados. Pero estando acá, me di cuenta de que tampoco es descabellado que te pueda tocar estar en una cárcel. Por ejemplo, podés matar a alguien en un accidente. Realmente creo que hay que dar otra oportunidad”, aseguró mientras amarraba los protectores de las H (los arcos) que hizo “el tapicero”. Son rojos y les pintaron la imagen de Patoruzito.
A la cancha
“El tackle se lo comen entre las tetillas y las caderas por eso hay que fortalecer la parte abdominal”, Juan gritaba y todos, en línea, hacían los ejercicios. Después se paró, le pidió a uno de ellos que se acercara, le hizo un movimiento y lo derribó. El joven desde el piso le dijo: “Che, te quiero ver adentro”, y todos se largaron a reír.
Por Espartanos ya pasaron más de 80 jugadores, algunos dejan de jugar, y varios ya recuperaron la libertad. Foto: Matías Subat.
Atrás de la cancha había algunos árboles desperdigados y una casa. De ahí salió un hombre con muletas, delgado, al que le faltaba una pierna. Al verlos, estiró el mentón al cielo para saludarlos. Vive junto a dos más que podrían salir de la unidad, pero no tienen familias que los reciban. “Es difícil, muy triste, porque si entraste hace diez años, el mundo cambió”, decía Eduardo y su compromiso sigue extramuros. Contaba que el día anterior había ido a buscar a un chico que había salido en libertad y lo había llevado a lo de un conocido para que hiciera un trabajo de pintura.
Hoy Tehuelches lleva más de 220 entrenamientos y pasaron aproximadamente 80 jugadores por el equipo. Algunos dejaron de jugar, y varios recuperaron la libertad. Los entrenadores son todos voluntarios y su trabajo no da créditos para disminución de pena. Pero les da pertenencia y una sensación de estar un rato con personas que son como amigos.
“Acá podés recuperar un rato la tierra, el pasto, el barro, el frío, todo eso que hace años que no tenés”. Foto: Matías Subat.
El chico que organiza la biblioteca no podía jugar por una lesión, pero salió igual y ofició de aguatero. “El rugby me llevó a descubrir lo que ignoraba de mis capacidades tanto físicas como mentales, que la condena se me haga más ligera, poder sonreír, despejarme”, dijo. Hasta que entró a Tehuelches no conocía el rugby y pensaba que era de mucho riesgo, sobre todo en contexto de encierro, y que sería arriesgarse a lesiones, pero después vio que suma al respeto con sus compañeros.
“Me gusta jugar, te da adrenalina. Te motiva y tocás la tierra. En la cárcel a veces te tocan actividades, pero ninguna es al aire libre y todo adentro es cemento, el cielo lo ves tras las rejas. En cambio acá podés recuperar un rato la tierra, el pasto, el barro, el frío, todo eso que hace años que no tenés”.
En Neuquén, desde 2019, el equipo de la iniciativa Espartanos se llama Tehuelches XV. Foto: Matías Subat.
Otro de los chicos llegó y se sentó a su lado. Una bala le había lastimado la pierna y no lograba aguantar todo el entrenamiento. Desde ahí, dijo que nadie lo visitaba, y que cuando saliera, buscará hacer otra vida. También mostró su admiración por los profesores. “La actitud que le meten. El tiempo que se toman de venir un domingo a la mañana. No muchos hacen eso hoy día, es contado. Se aprecia el empeño para que esto salga a flote, es algo de valorar”, destacó.
“No quieren faltar“
“Oportunidad, autocontrol, inspiración, reflexión, humildad, empatía, compromiso, unión, integración, fortaleza, resiliencia y libertad”. Las palabras pintadas en el paredón las eligieron los jugadores y, según Eduardo, cada una refleja una situación en particular. Tienen muchos proyectos por delante, como el organizar un partido afuera del penal, en el Neuquén Rugby, para octubre.
In the Tehuelches team, prisoners from the different pavilions coexist. Photo: Matías Subat.
Thiago también se acercó a charlar. Es hijo de uno de los entrenadores, de Carlos “el abuelo” y en la Universidad le habían pedido prácticas solidarias. “Estuve entrenando mucho tiempo rugby y está mi viejo en esto. Entonces uní las dos partes, hicimos la vinculación con la Fundación Espartanos y en marzo arranqué. Está muy bueno, es un shock de realidad”, anunciaba.
Al terminar todos hicieron una ronda. Los profesores y los jugadores hablaban y escuchaban. Todos tenían el barro pegado en la ropa y una bandada de pájaros rondaba sobre sus cabezas. Al final, se abrazaron y gritaron “¡Tehuelches carajo!”.
El famoso tercer tiempo fue corto y compartieron mandarinas. A los jugadores de los pabellones de máxima seguridad les pusieron las esposas. “Se lograron combinar distintos pabellones que es muy raro. Esto es como un cable a tierra para nosotros, como una semilibertad, digamos”, decía uno de ellos y sumó que nunca pensó que iba a estar preso y menos que iba a extrañar la tierra, pero tiene esperanza.
“Luego del partido y un corto tercer tiempo, a los jugadores de los pabellones de máxima seguridad les pusieron las esposas”. Foto: Matías Subat.
“Uno sabe cuando está yendo por la banquina y hay que tratar de ser un poco más consciente. Este es el final del barranco y no lo recomiendo para nadie. Estás lejos de tu familia, extrañás muchas cosas acá. Ahora hay que salir y volver otra vez al camino correcto”, dijo mientras le indicaban que se parara para salir o, mejor dicho, entrar.
Los profesores cruzaron el portón y mientras les devolvían sus pertenencias relataron que saben que las principales víctimas de esto son las víctimas de lo que ellos hicieron, y su solidaridad es con esas personas. Pero ante esos hechos, ya fueron juzgados y tienen que cumplir su pena.
“Apostamos a que salgan como mejores personas que las que entraron”, explica uno de los entrenadores. Foto: Matías Subat.
“Un día van a salir en libertad, entonces como sociedad ¿qué queremos?, ¿que salga una persona peor de la que entró? Nosotros apostamos a que salga una mejor. Ese es nuestro trabajo, el que podemos hacer, es inmenso, pero vemos que mejoran mucho la conducta, la mayoría está estudiando, hay respeto, nosotros logramos eso”, concluyó Eduardo.
Carlita conoció al tratante que la prostituyó a los 13 años, comenzaron una relación de noviazgo que no duró más de un mes, mientras ella trabajaba como empleada doméstica en la Ciudad de México. En este lugar le pagaban muy poco y el dinero ganado, era utilizado principalmente en la compra de alimentos y ropa para sus hermanos y hermanas, quienes vivían en la pobreza extrema.
Fue violada por el tratante y tan grave fue el daño que su mamá la tuvo que llevarla al doctor. Después, el tratante la buscó y la convenció de irse con una amiga a un viaje a Aguascalientes, estando ahí, la amiga del tratante la llevó a un cabaret, en el cual comenzó a ser prostituida.
A los 17 años Carlita ya había sufrido la pérdida de un hijo, que tenía un daño en el cerebro, ocasionado por los golpes que él le daba. Cabe decir que su explotador era adicto al alcohol y las drogas, en eso se gastaba el dinero producto de la explotación sexual.
Fue prostituida en Monterrey, Guadalajara, Tijuana, Torreón, Aguascalientes y Oaxaca. Tenía que trasladarse a donde estaba el tratante para darle el dinero cuando él hacia comentarios como “…tienes que venir o mándame dinero porque ya no tengo”.Carlita ganaba 10,000 pesos a la semana aproximadamente.
Había varias razones que a ella le impedían dejarlo, algunas de éstas son: la vergüenza de dejar a su marido (pues hacerlo era mal visto por la comunidad), temía que la golpeará y que le faltará dinero para ella y sus hijos y la carencia terrible que había vivido en su familia. Ella, como varias chicas que también estaban siendo prostituidas, en ocasiones eran detenidas por la policía, con el argumento de que estaba prohibida la prostitución, pero en el fondo lo que querían era quitarles dinero.
Carla no sabía de medios de protección para prevenir infecciones sexuales, así que recurría a lavarse con benzal (sustancia para matar microbios) y alcohol después de cada relación sexual.
La experiencia de Carlita fue un hecho real publicado en 2004 en el libro “Un Grito silencioso”, es decir, fue contada hace 20 años. Ella nació en 1961, y de acuerdo a su testimonio en 1974 comenzó a ser explotada. A cuántos y cuántas de nosotras nos recordó algún caso reciente de una víctima de trata con fines sexuales que hemos visto en las notas periodísticas o comparten las familias de las víctimas en sus comunidades.
Esta historia nos muestra los aspectos que favorecen la existencia de la trata de mujeres desde hace 50 años, a saber: la pobreza, violencia en la familia, construcción de ideas impuestas sobre lo que a las mujeres nos debe dar vergüenza, la desinformación sobre lo que es una relación sexual, la violencia sexual, el falso significado de lo que es amor y la impunidad con la que se conducen las autoridades ante la existencia del consumo de prostitución.
Es muy indignante que después de 50 años del caso de Carlita, las redes de tratantes se siguen aprovechando de la construcción de la vergüenza que las mujeres sienten cuando han sido prostituidas, siguen enemistando a las víctimas con sus familias y comunidades; sigue existiendo la desconfianza hacia las autoridades y funcionarios públicos, que en algunos casos son quienes recurren a bares, table dance, cabaret, salas de masaje, casa de citas donde solicitan prostitución, o porque las autoridades señalan a las mujeres como las responsables de lo que les pasa o dejan libres a los tratantes y no actúan para clausurar los lugares donde las mujeres son prostituidas.
El problema sigue siendo tan grave en el país que el Departamento de Estado de Estados Unidos ha colocado por varios años a México en un segundo nivel de atención del problema, es decir, no ha hecho lo suficiente para atacar está problemática de raíz.
En nuestro estado existe desde 2009 una Ley en la materia, un programa estatal (2022) y un supuesto presupuesto (2023 y 2024), pero que no han tenido impactos. Como muestra un dato, tomando en cuenta el inicio del gobierno de Lorena Cuéllar y hasta diciembre de 2023, se han detenido 18 tratantes tlaxcaltecas y a ninguno se le ha dictado sentencia condenatoria firme.
La trata de mujeres sigue existiendo en nuestros municipios, eso amerita que nuestras autoridades estatales miren críticamente su responsabilidad en la transformación de esta realidad y reorienten su acción en estos 3 años que les quedan en la actual administración estatal y que las nuevas autoridades municipales vayan revisando cuáles son sus funciones frente a esta problemática para que, por fin, cumplan con su responsabilidad. Socialmente seguiremos denunciando la situación que vivimos, realizando acciones comunitarias y tejiendo redes que contribuyan en la prevención desde el ámbito educativo.
Marisol Flores Garcia
Centro Fray Julián Garcés Derechos Humanos y Desarrollo Local A.C.
#Oaxaca 27 Jun (#Istmopress) – Aunque el crimen ocurrió el pasado lunes y sin que se conozcan los motivos, esta noche apenas fue confirmada por las autoridades municipales y de justicia el feminicidio de Reyna Olea Nieva, regidora de Educación y Salud del Ayuntamiento de San Mateo Nejápam en la mixteca oaxqueña.
Las autoridades de justicia de Oaxaca confirmaron que el feminicidio de la joven regidora de 31 años ocurrió en la vía publica, y fue por impacto de bala, sin que se conozca quién o quienes son los responsables.
Dijeron que el personal de la Viscefiscalía Regional de la Mixteca acudió al sitio donde ocurrió el feminicidio para el levantamiento del cuerpo.
También informó que se inició con la investigación y se aplicó el Protocolo de Actuación Ministerial, Pericial y Policial en el Delito del Feminicidio.
Hasta el momento, la autoridad municipal no se ha pronunciado respecto a este feminicidio ocurrido contra la regidora de salud y educación.
De acuerdo con el Grupo de Estudios para la Mujer “Rosario Castellanos”, del 1 de enero al 27 de junio del 2024 han sido asesinadas 44 oaxaqueñas, siendo los valles Centrales, la región oaxaqueña con más feminicidios, seguida del Istmo de Tehuantepec y la costa oaxaqueña.
Diana Manzo / Agencia de Noticias IstmoPress.
Esta nota es posible gracias a la Alianza de Medios de la Red de Periodistas de a Pie. Lee la nota original aquí.
Tlaxcala., Tlax. Hacinamiento, deficiencias en los servicios de salud y en atención a indígenas son algunos de las condiciones existentes en los 3 centros de readaptación social de Tlaxcala, registradas en el Diagnóstico Nacional de Supervisión Penitenciaria 2023 elaborado por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH)
El Diagnóstico de la CNHD tiene como objetivo supervisar centros penitenciarios federales, estatales y militares de México, de acuerdo con su atribución constitucional, abarcando 290 establecimientos: 273 centros estatales, 14 centros federales y 3 prisiones militares.
En Tlaxcala se evaluó al Centro de Reinserción Social de Apizaco (491 personas), el Centro de Reinserción Social de Tlaxcala (436 personas) y el Centro de Reinserción Femenil de Tlaxcala (81 personas), con una población carcelaria total de 1 032 personas privadas de la libertad:
Imagen extraída del Diagnóstico Nacional de Supervisión Penitenciaria 2023.
Centro de Reinserción Social de Apizaco
Con calificación de 6.61, la CNDH detectó deficiencias como: hacinamiento, sobrepoblación, deficiencias en condiciones de higiene y alojamiento, falta de normatividad en el centro (ausencia de reglamentos), insuficiencia de personal de seguridad y custodia, además de deficiencia en atención de personas adultas mayores.
Por otra parte, la Comisión observó condiciones de gobernabilidad- capacitación a personal penitenciario e inexistencia de robos y extorsión-, además de que el centro cuenta con actividades laborales, de capacitación y atiende a personas LGBTT.
Centro de Reinserción Social de Tlaxcala
Con calificación de 6.03, el informe mostró que en este centro existe una deficiencia en servicios de salud, deficiencia en condiciones de higiene y de atención en el área médica, falta de capacitación al personal penitenciario, falta de normatividad interna e insuficiencia de personal de seguridad y custodia, entre otras observaciones negativas.
En cuanto al aspecto positivo, no hay sobrepoblación, no se hacen cobros (extorsión y/sobornos), existen actividades laborales o de capacitación y, además, se atiende a personas que tienen VIH/ SIDA.
Centro de Reinserción Social de Tlaxcala
Este centro fue calificado con 6.47, encontrando durante la supervisión: insuficiencia para vías de remisión de quejas por probables violaciones a derechos humanos, deficiencias en servicios de salud, condiciones materiales y de higiene en comedor y cocina, instalaciones de alojamiento y de instalaciones de comunicación con el exterior.
Respecto a las condiciones de gobernabilidad, el centro tiene insuficiencia de personal de seguridad y custodia.
Además, existen deficiencias en la integración del expediente- técnico jurídico, en separación de procesadas y sentenciadas, insuficiencia de actividades deportivas y deficiencias en atención a personas adultas mayores.
El centro cumple en los aspectos relacionados con atención a personas LGBTTTI, capacitación de personal penitenciario e inexistencia de actividades ilícitas.
El informe completo pueda leerse en línea. Compartimos en este enlacelos números rojos de las poblaciones carcelarias previo a su detención.
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