- El cierre de los basureros en Panotla y Huamantla marcó un avance hacia la economía circular, pero tras más de 30 años sin control ambiental no existen diagnósticos claros sobre contaminación. Aunque se aplican coberturas conforme a la NOM-083, especialistas advierten que no hay una verdadera remediación y persisten riesgos para las comunidades.
Tlaxcala, Tlax. El pasado 3 de noviembre inició de manera oficial el cierre de los tiraderos a cielo abierto de Panotla y Huamantla, como parte de la estrategia federal para transitar hacia un modelo de Economía Circular mediante el proyecto de Polos de Desarrollo, impulsado por el Gobierno Federal.
Este hecho para la entidad tlaxcalteca, marca el comienzo de una transición largamente postergada, luego de décadas de abandono institucional, debido a que ambos espacios operaron durante 34 años sin regulación ni controles ambientales y sin intervención de las entidades gubernamentales.
No obstante, los esfuerzos emprendidos resultan aún insuficientes. Actualmente no existen diagnósticos claros sobre los niveles de contaminación generados en estas zonas, lo que mantiene en la incertidumbre a las comunidades que habitan en su entorno y deja sin atender las condiciones reales en las que viven.
Cierre de tiraderos, el primer paso a la economía circular
Durante su participación en el diálogo circular con medios de comunicación, realizado en el mes de noviembre de 2025, el secretario de Medio Ambiente de Tlaxcala, Pedro Aquino, informó que los tiraderos de basura a cielo abierto ubicados en Huamantla y Panotla trabajaban en condiciones fuera de la NOM-083-SEMARNAT-2003, lo que llevó a que la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) impusiera multas multas por un monto total de 56 millones de pesos debido a irregularidades y riesgos ambientales.
En cuanto a su remediación, Aquino explicó que los predios donde operaban ambos tiraderos serían sometidos a procesos de rehabilitación ambiental, con el propósito de recuperar el suelo y transformarlos en áreas verdes. Para ello, se implementarían acciones de control de lixiviados durante al menos los próximos 20 años, mediante sistemas de recirculación, reoxidación, extracción y disposición final. Estas labores estarían a cargo de las empresas Shaddai y Colec, responsables del cierre técnico de los tiraderos, bajo la supervisión de la PROFEPA.
Finalmente, dio a conocer que para el cierre de los basureros de Panotla y Huamantla, se realizó una inversión inicial de ochenta millones de pesos.
Remediación de basureros en Panotla y Huamantla resulta inviable: Pedro Aquino
A pesar de que el titular de la Secretaría de Medio Ambiente había señalado que se estaban realizando acciones para la rehabilitación de los tiraderos a cielo abierto en espacios verdes, en entrevista con Escenario Tlaxcala, Pedro Aquino explicó que la normativa vigente no contempla la remediación de los basureros a cielo abierto. Precisó que, aunque algunas leyes hacen referencia a la remediación, este concepto implica devolver un sitio a su estado original en la mayor medida posible, lo cual resulta inviable en el caso de los residuos sólidos, salvo que estos desaparecieran.
Indicó que los desechos ya fueron depositados y manejados de forma inadecuada en el pasado, por lo que las acciones actuales se centran en poner fin a la disposición de residuos y en aplicar medidas de contención para lo ya existente.
Aquino señaló que el proceso de cierre y clausura de los basureros se realiza conforme a la Norma Oficial Mexicana NOM-083-SEMARNAT-2003, vigente desde 2004, la cual establece que los sitios que no cumplen con la regulación deben regularizarse o cerrar cuando ya no cuentan con espacio o las condiciones necesarias para operar.
«Esta norma define obligaciones técnicas específicas, como la realización de estudios previos a la clausura para evaluar las condiciones físicas del sitio, así como posibles ajustes al diseño del cierre que pueden ser solicitados por la Profepa, entre ellos modificaciones en los sistemas de venteo o en los materiales de cobertura»
Asimismo, explicó que las acciones técnicas para el cierre incluyen el movimiento y la conformación de los residuos para dar estabilidad al terreno, la aplicación de capas de tierra con compactación conforme a la norma, la instalación de puntos de captación de biogás, el drenaje y manejo de lixiviados por empresas autorizadas por la SEMARNAT, y la colocación de una cubierta orgánica con vegetación.
La norma también establece un programa de seguimiento post-clausura de 20 años, durante el cual se monitorean aspectos como la emisión de gases, posibles hundimientos y la conservación de la infraestructura perimetral, reiterando que el enfoque de estos procesos no es la remediación, sino el control y la contención de los impactos ambientales a largo plazo.
No obstante, como parte del proceso de cierre y clausura de los sitios de disposición final, se están aplicando las coberturas finales previstas en la NOM-083 de la SEMARNAT. Pedro Aquino precisó que la selección y colocación de los materiales se realiza conforme a lo establecido en dicha norma y explicó que estas coberturas se integran por dos capas.
La primera consiste en un material de carácter pétreo, el cual fue enviado a laboratorio para identificar bancos que, además de cumplir con criterios de impermeabilidad, alcancen un grado de compactación suficiente para impedir la infiltración. Sobre esta capa se coloca una cobertura orgánica, cuya función es facilitar la recuperación gradual del sitio y propiciar, con el tiempo, el establecimiento de vegetación y otros procesos ecológicos.
«No se puede hablar de una rehabilitación real» Javier Gómez
Respecto a la rehabilitación de espacios verdes en los sitios donde anteriormente operaban los basureros de Panotla y Huamantla, el Doctor Javier Gómez Maturano, investigador por México en el Centro de Investigación en Materiales Avanzados (CIMAV), explicó que la Norma Oficial Mexicana en materia de disposición final de residuos no contempla la remediación ambiental, postura en la que coincide con Aquino, ya que parte del supuesto de que, si sus lineamientos se cumplen, no debería existir contaminación.
Por ello, proyectar la rehabilitación de los basureros en espacios verdes, como lo había declarado previamente Aquino, resulta poco probable. Señaló que, dadas las condiciones y el contexto en el que se encuentran estos sitios, no es posible hablar de una rehabilitación real. Sin embargo, esto no significa que los estos sitios no necesiten una remediación ante los daños que ocasionaron al medio ambiente y a las comunidades.
La remediación de los basureros de Panotla y Huamantla es necesaria, pero la SMA carece de diagnósticos reales sobre los niveles de contaminación
De acuerdo con Gómez Maturano, en Panotla la norma no se cumplió durante años, lo que derivó en procesos de contaminación que hacen indispensable una remediación integral. Para hablar de remediación —subrayó— primero es necesario identificar cuáles son los contaminantes presentes y en qué niveles se encuentran, lo que exige diagnósticos ambientales formales en ambos sitios.
Gómez Maturano ha estudiado desde 2019 las condiciones de operación del tiradero de Panotla, y ha presentado sus conclusiones en publicaciones como “Uso de percepción remota en el análisis de lixiviados en vertederos”. En este contexto, señaló que existen indicios y estudios previos que identifican posibles vectores de contaminación derivados de la actividad del basurero.
«En Panotla, por ejemplo, la falta de cobertura en octubre de 2024 provocó el escurrimiento de lixiviados hacia barrancas y posteriormente al río utilizado para el riego agrícola, lo que evidencia una cadena de contaminación ambiental y alimentaria.»
Precisó que la clausura establecida por la norma —que incluye la cobertura final, la conformación del sitio, su mantenimiento y monitoreo— no equivale a una remediación ambiental, ya que asume una operación adecuada desde el inicio. En contextos como Panotla y Huamantla, donde existen evidencias de afectaciones al medio ambiente y a la población, la remediación no sólo es necesaria, sino urgente. Sin embargo, en este momento, lo que está haciendo la SMA es justamente aplicar las coberturas finales previstas por la norma, como parte del proceso de clausura y contención de los sitios, aunque esto no revierta los daños previos ni constituya una remediación completa.
Sobre los resultados de las investigaciones en las que ha colaborado, Gómez Maturano señaló que dichos estudios fueron entregados al titular de la Secretaría de Medio Ambiente, Pedro Aquino, para su análisis y posible ejecución. No obstante, al ser cuestionado el funcionario sobre la existencia de diagnósticos ambientales, reconoció que el gobierno estatal aún no cuenta con estudios definitivos que permitan dimensionar con precisión los niveles reales de contaminación en suelo, agua y aire.
«Los diagnósticos no fueron realizados previamente para determinar los niveles de contaminación del suelo y el agua en los basureros de Panotla y Huamantla. Los estudios de la norma no los consideran. Sin embargo, como parte del proceso de clausura, se están realizando estudios de daño ambiental que deben considerar los tres factores: suelo, agua y aire.»
Sobre estos estudios, puntualizó que corresponden a la segunda etapa del cierre de los tiraderos.
Estudios de CONAGUA niegan contaminación de agua en zonas aledañas al basurero en Panotla, aunque estudio demuestre lo contrario
En entrevista, Aquino reconoció que ha habido esfuerzos institucionales, principalmente por parte de la CONAGUA, para evaluar la contaminación —al menos en el tiradero de Panotla— aseguró que no se ha detectado afectación a los mantos acuíferos, una conclusión que difiere de la planteada por Gómez Maturano.
«En temas de agua no encontramos que hubiera contaminación directa de o indirecta del sitio a cuerpos de agua muestreados»
En cuanto a la información sobre contaminación, hasta el momento solo se cuenta con datos del basurero de Panotla. Las condiciones del basurero de Huamantla y su impacto ambiental no han sido hechas públicas, y existe muy poco trabajo de investigación disponible que permita conocer su estado actual.
Comunidades de Panotla y Huamantla, las más afectadas si no hay remediación real
Por su lado, el Mtro. Marco Antonio Rodríguez Gómez, integrante del equipo nacional de investigación e incidencia Basura Cero Estratégico, advierte que las comunidades cercanas al basurero han convivido durante años con olores tóxicos, riesgos sanitarios, infiltración de lixiviados y posibles afectaciones en cuerpos de agua. Señala que el cierre del tiradero no significa el fin del problema ambiental ni social, sino apenas el inicio de una etapa que exige responsabilidad, vigilancia y recursos públicos.
“Aunque el sitio de disposición final de Panotla fue cerrado, los impactos ambientales y sanitarios no terminan ahí. Los residuos permanecen y durante décadas continuarán generando lixiviados y biogás. El principal riesgo es la contaminación del entorno. Si no existe un control adecuado, los lixiviados pueden seguir desplazándose por el terreno y alcanzar barrancas, corrientes de agua, incluso el subsuelo, afectando la calidad del agua que utilizan comunidades y zonas agrícolas cercanas”
Ante este panorama, Rodríguez Gómez insiste en que el cierre fue un paso, pero no suficiente, debido a que lo indispensable ahora es una clausura técnica responsable y un monitoreo ambiental de largo plazo, tanto en Panotla como en Huamantla.
En ese sentido, explica que antes de hablar de transición ecológica o economía circular, el principal pendiente en materia de disposición final radica en dos dimensiones: por un lado, la remediación ambiental de los sitios clausurados y, por otro, la planeación técnica de la clausura de los vertederos que siguen operando. De no realizarse conforme a las normas mexicanas vigentes, Tlaxcala corre el riesgo de consolidar pasivos ambientales, es decir, territorios que seguirán generando contaminación durante décadas, sin control, supervisión ni responsabilidad institucional que mitiguen los daños en zonas aledañas.
Rodríguez mencionó que en México existen antecedentes claros de tiraderos abandonados sin remediación efectiva —como Milpillas en Morelos, Las Matas en Coatzacoalcos o el tiradero de Cholula en Puebla— y advierte que la posibilidad de repetir el patrón en Tlaxcala no es remota.
«Esto se vuelve aún más crítico en un territorio como la cuenca Atoyac–Zahuapan, históricamente vulnerada por descargas industriales y urbanos, donde el impacto ambiental se conecta directamente con la salud pública»
Desde la perspectiva del Mtro. Rodríguez Gómez la clausura de tiraderos no puede verse únicamente como una acción administrativa ni limitarse a una medida temporal que “cierra” el problema. La Secretaría de Medio Ambiente, señala, no puede enfrentar sola este escenario; es indispensable la participación de la Secretaría de Salud mediante diagnósticos epidemiológicos, estudios toxicológicos y atención directa a las comunidades que han convivido durante años con posibles contaminantes, lixiviados, olores tóxicos y afectaciones en cuerpos de agua.
Finalmente Rodríguez Gómez advierte que el reto no sólo es ambiental, sino ético y político. Sin remediación efectiva, sin vigilancia de largo plazo y sin una responsabilidad compartida entre instituciones, cualquier estrategia de transición ecológica corre el riesgo de convertirse en un discurso desconectado de la realidad social y ecológica del territorio.
Mientras tanto, las comunidades cercanas a los tiraderos de basura siguen conviviendo por con olores tóxicos, riesgos sanitarios, infiltración de lixiviados y posibles afectaciones en cuerpos de agua.
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