Tlaxcala, Tlax. Se escucha el grito del magisterio, no quieren irse, no se irán hasta que sean respondidas sus más de 20 demandas incluidas en un pliego petitorio, son más de 50 docentes, tal vez un centenar adheridos a la delegación D – III – I de la sección 31 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).

Preguntan por su líder, Demetrio Rivas, preguntan por el titular de la Secretaría de Educación Pública del Estado (SEPE), Manuel Camacho Higareda, pues solo hay decepción en sus representantes, por las promesas incumplidas, por el abandono al gremio magisterial.

Más de 5 horas han pasado desde el primer ataque, o en palabras de las autoridades “desalojo”, de maestros en el complejo que alberga la Unidad de Servicios Educativos de Tlaxcala (USET), con resultado de 4 personas detenidas.

En el aire: tensión, frustración, enojo, contra ellos, los granaderos, defensores de la ciudadanía, ahora al servicio por y para el estado. Forman un muro con escudos antimotines, toletes en mano y bombas lacrimógenas pendiendo de las pecheras antiproyectiles.

Marchan queriendo intimidar a los revoltosos, chocan contra la valla de civiles, los repelen, empujan, gritan hombres y mujeres por igual: gritos, jaloneos, empujones, un golpe en el rostro, deja una herida abierta, otro más con un golpe en la cabeza y fluye la copiosa sangre caliente sobre el sudoroso rostro del maestro.

Y nadie que lo atestigue, ni Derechos Humanos, ni la SEPE, o personal de la Procuraduría, sólo algunas cámaras que documentan la escena: son maestros contra uniformados, servidores contra servidores. Es Tlaxcala contra Tlaxcala.

Se cuentan casi 30 heridos, son replegados mientras el enemigo a vencer Claudia Xochihua accede a su oficina y extrae información de la dirección de relaciones laborales que dirige; no hay diálogo, no hay acuerdos, sólo represión.

Horas después, inamovibles los policías apostados a 80 metros de la entrada de USET, 40 hacen guardia, el resto espera su turno, son casi 100 agentes.

Algunos de los docentes esperan y entre risas nerviosas rememoran lo vivido; llega un costal de naranjas para apaciguar la sed y el hambre, no se irán.

Las mujeres cuentan lo ocurrido, algunas de ellas recibieron parte de los golpes, otras insisten que fueron indebidamente tocadas, están molestas, no dejan acercarse a nadie que no sea docente.

Esperan respuesta de Wendolyne Amaro quien está en Palacio Nacional esperando ser atendida y denunciar a la autoridad federal los actos que el gobierno que rige Marco Antonio Mena Rodríguez cometió contra el magisterio.

Sin más por hacer al filo de las 4:30 se retiran, pero no todo esta dicho, al siguiente día regresean y a temprana hora ya los esperan los granaderos.

La respuesta es contundente: continuará la protesta, y de los 4 detenidos nada se sabe.