Tlaxcala, Tlax.- Cuando hablamos de violencia contra las mujeres, en automático nuestra mente evoca golpes, gritos, insultos, y no es para menos, pues la realidad en el país es devastadora para las mujeres y niñas, de acuerdo con el informe que entregó la Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos “Todos los Derechos para Todas, Todos y Todes” (Red TDT) y el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio al Comité para la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la mujer (CEDAW) ante la décima evaluación al estado mexicano, indica que en promedio, son asesinadas 10 mujeres diariamente en nuestro país.
De 2015 a abril de 2025, se han registrado 34,715 asesinatos de mujeres, adolescentes y niñas, y lo más alarmante es que solo el 24.6% de estos casos se investigan como feminicidio, a pesar de que la ONU la describe como «una forma devastadora de violencia de género».
El #ComitéCEDAW (@CedawUn) publicó sus observaciones finales a #México tras evaluar la eliminación de la violencia contra las mujeres.
Compartimos las recomendaciones para atender la violencia persistente hacia mujeres defensoras de #DDHH, #Periodistas y #Buscadoras📢
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— Red TDT (@RedTDT) July 15, 2025
A estas cifras se suman actos de crueldad extrema, como las 3,354 mujeres que en 12 años han sido ingresadas al hospital por quemaduras con sustancias corrosivas, casi siempre a manos de hombres y en el país cerca de 20,000 niños y niñas son víctimas de delitos como la explotación sexual, y aunque instituciones como la SECTUR estiman el total de víctimas entre 50,000 y 500,000, según la Agenda Integral de Política Pública, Acceso a la Justicia, Reparación del Daño y Restitución de Derechos de las Personas Sobrevivientes a la Trata de Personas con Fines de Explotación Sexual, las carpetas de investigación de 2017 a 2024 apenas suman 5,271.
Además de estas violencias graves, se suman aquellas que se encubren y pasan desapercibidas, pero que también generan un impacto alto en la vida de quien la recibe, nos estamos refiriendo a los micromachismos. Estas sutilezas cotidianas que se ven como inofensivas; son violencias que facilitan y normalizan la desigualdad entre mujeres y hombres y allanan el camino para las violencias más brutales.
El Psicólogo Luis Bonino Méndez fue quien acuño el término micromachismos y hace referencia a que existen prácticas y mecanismos sutiles de dominación que ejercen principalmente los hombres hacia las mujeres, prácticas de violencia que surgen en la vida cotidiana y que son naturalizados, legitimados e invisibilizados, que se realizan de manera consciente o no.
Para ir reconociendo las prácticas de micromachismo que se reproducen, pondremos algunos ejemplos: un hombre interrumpe constantemente a una mujer al hablar, minimizando su voz, en una relación de pareja el hombre le dice a su compañera “si me pongo celoso es porque te quiero, porque me importas”, o el clásico comportamiento que sucede cuando se vive la friendzone, concepto que se utiliza para describir una situación donde una persona, (generalmente hombre), siente atracción por alguien y le hace una propuesta para tener una relación sentimental, pero ella (generalmente una mujer), lo único que quiere es tener una amistad, pareciera que aquí hay un comportamiento inofensivo, pero el micromachismo se ejerce en el momento en que se culpa o menosprecia a la mujer por no corresponder a la propuesta que el hombre le hizo, originando que el hombre se victimice por haber sido rechazado, este comportamiento viene a reforzar la idea de que el deseo que tiene o siente el hombre debe ser atendido y respondido por las mujeres sin detenerse a pensar en que la otra persona también tiene derecho a decidir y elegir.
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Para desmontar los micromachismos se necesita el aporte de varios actores, una sociedad que visibilice y nombre los micromachismos y evite coludirse; hombres que tomen conciencia de sus propios comportamientos, que reaprendan formas distintas de relacionarse; hombres que aprendan a relacionarse como pareja de una manera sana, sin ejercer presión; autoridades que prevengan, sensibilicen, eduquen y transformen estructuras de desigualdad.
El sistema escolarizado es una oportunidad ideal para poder integrar programas que vayan a la raíz de la violencia, por ello se vuelve pertinente y urgente integrar un programa de prevención de la violencia desde la educación básica, que integre un enfoque de masculinidades del buen trato, para que de esta forma se coloque en el imaginario que es posible relacionarnos de una manera sana, igualitaria y con respeto.
Centro Fray Julián Garcés Derechos Humanos y Desarrollo Local A.C.

