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Derechos Humanos

Olga y la maternidad desde la ausencia; 6 años sin Karla Romero Tezmol

San Pablo del Monte, Tlax. Olga es una mujer dedicada a su casa, a su esposo y a sus tres hijos: una niña de 7 años, uno de 17 y Karla, quien el pasado 9 de abril cumplió la mayoría de edad. Es estilista y tiene una estética que lleva el nombre de su hija mayor.

Su familia es su mundo, su razón de existir, su motivación por no dejarse vencer ante el difícil reto de la maternidad, porque ella, ella la vive desde otra perspectiva, desde la incertidumbre.

El 13 de enero de 2016 fue un día lluvioso. Desde entonces no ha habido días totalmente soleados para Olga. Su hija Karla desapareció a los 11 años cuando se dirigía a la primaria Cuaúhtemoc, ubicada en el municipio de San Pablo del Monte. Testigos afirman que vieron cómo fue obligada a subir a un automóvil. Vecinos aseguran haber escuchado los gritos de una niña pidiendo ayuda, pero pensaron que se trataba de algún berrinche por no querer ir a la escuela, que se encontraba a unos metros de distancia. Desde ese día han pasado 6 años, y de Karla Romero Tezmol aún no se sabe nada.

Aquel día se fue sola porque no había luz en casa, su hermano de 9 años no tenía clases y atravesaba una edad donde era muy miedoso. Su hermana menor tenía 9 meses y seguía dormida. Olga dudó en llevarla a la escuela, pero su maestro pronto sería papá y no acudiría a trabajar mientras acompañaba a su esposa. Pensó que serían muchos días perdidos si no la llevaba esa mañana sólo por el clima. Todo convergió para que aquel día saliera sola de casa. Pero de eso se trata la vida, de pequeños detalles que la construyen hacia un destino incierto. Karla nunca llegaría a la escuela.

Sentada en el sofá, con voz suave y ritmo lento para controlar el llanto, Olga  comienza a narrar lo complicados que han sido estos años en la búsqueda de su hija. No contiene las lágrimas mucho tiempo y sólo así comienza a evocar con claridad los recuerdos, los miedos y la incertidumbre. Afirma que le gusta recordarla pero en soledad, porque no le gusta que la vean llorar.

Así transcurre cada día de los 2309 que lleva desaparecida. Olga se levanta temprano para preparar el desayuno de sus hijos y su esposo, desayunan juntos. Le pide a Dios que cuide a su esposo que se va al trabajo. Va a dejar a sus hijos a la escuela… y Karla siempre está presente; en sus pensamientos, en su corazón.

Las cifras

Actualmente en México existen 98 mil 933 casos de personas desaparecidas. De 2016 a 2021, se han registrado un promedio de 8 mil desapariciones al año. Tan sólo en los primeros 100 días de 2022, se registraron 3 mil 735 desapariciones. 

El Comité contra las Desapariciones Forzadas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), señala en su más reciente reporte que existe un repunte en los casos de niñas, niños y mujeres desaparecidas. Donde, además menciona que son las mismas autoridades ya sean municipales, estatales o federales quienes perpetran desapariciones forzadas.

En Tlaxcala existen 95 casos de personas desaparecidas, según la Comisión Nacional para la Búsqueda (CNB).  En una reciente declaración del secretario de gobierno, Sergio González Hernández, señaló que de esos 95, sólo tres están activos. 

La vida sin Karla

Olga comenta que recuerda a su hija entre lágrimas y con mucho dolor, porque ella está en su pasado, mas no en su presente, y conserva la esperanza de que se encuentre en su futuro. Han transcurrido 6 años difíciles como familia, como mujer, como madre.

“Todos los días nos levantamos con optimismo, con esas ganas de seguirla buscando, con la confianza de que ella regrese. La desaparición de Karla ha sido en nuestra vida algo muy difícil, así como puedo despertar hoy con los ánimos hasta arriba, hay días en que uno se quiebra ante el dolor”. 

Constantemente escucha comentarios que la califican como una mujer fuerte, pero asegura que la fuerza no viene de ella, sino que Dios se la da, “Esas ganas de seguir y vivir con esto es ver que tengo dos hijos más y tengo a mi esposo que es mi gran apoyo. No es fácil pero tengo que hacerlo, forma parte de mi vida, porque hoy vivo con la ausencia de mi hija pero no quiero que mis hijos vivan con la ausencia de su madre”.

Buscar a un hijo desaparecido es algo muy complicado de comprender para los hermanos cuando aún son niños. Recuerda que cuando Karla desapareció su hijo tenía nueve años, ella desde muy temprano salía de casa para buscarla o para ir a la Procuraduría. Una ocasión la cuestionó “¿Por qué tienes que salir tanto? A mi hermana la deben buscar los policías, porque yo me levanto y no encuentro a mi mamá”, esas palabras marcaron a Olga y se prometió nunca estar ausente pero tampoco dejar de buscar a su hija mayor.

“Cuando llegaba veía a mi pequeña de 9 meses, yo sin ganas de cuidarla, ni a mi hijo, yo lo único que quería era encontrar a Karla. Pero al final, eso es lo que me está impulsando a seguir adelante, mis hijos. Al vivir con un hijo desaparecido tenemos que partirnos en dos como papás, porque él tiene que salir a trabajar y yo estar al pendiente por cualquier información sobre mi hija, por un lado debo buscar a Karla y por otro no descuidar a mis otros dos hijos”.

Al principio todo fue muy difícil, Olga no podía seguir con su vida. Su estética la cerró durante dos años en los que se sumergió en una profunda depresión. Como consecuencia, actualmente sufre de ansiedad. La vida sin Karla sigue siendo lo más doloroso en la familia Romero Tezmol; el tiempo pasó y su vida debía continuar, tuvieron que encontrar la  manera de sobrellevar el día a día con la ausencia y la incertidumbre.

“Me costó mucho volver a abrir mi negocio, no lo abrí por ganas de trabajar, sino por distraerme un rato. Yo no quería volver a empezar sin mi hija, llegó un momento en que no salía de estas cuatro paredes, tenía miedo a salir y que la gente me señalara porque escuchaba comentarios negativos de que no la cuidé”.

Los rumores llegaban a ella, calificaban a Olga como una mala madre porque dejó ir sola a su hija a la escuela, por la distancia de su casa a la escuela e incluso como consecuencia de un supuesto divorcio. Nada de ello era verdad; “Somos una familia como otra, y como familia seguimos juntos en el caso de Karla”. 

Vivir sin Karla es la resignificación de la maternidad, Olga asegura que se trata de etapas y procesos. Al principio no soportaba la idea de que su hijo saliera a la calle solo y vive con el miedo de que algún día su hija menor lo deberá de hacer. Es consciente de que no puede mantenerlos por siempre a su lado, por ello ha aumentado las medidas de protección, aunque, entre suspiros evoca todas aquellas recomendaciones de autocuidado que le daba a Karla.

“Siempre les he dicho que miren quién va adelante, atrás, a los lados, que no acepten nada de desconocidos. Esto desde antes de que Karla desapareciera, sin saber que en algún momento lo iba a vivir. He platicado con mi hijo y cada que él sale, aprendí a decirle de qué manera cuidarse, pero también sin meterle ese miedo, eso también lo iba a dañar en un futuro”. 

En el día a día, después de llevar a sus hijos a la escuela, Olga enfrenta la parte más dura de su vida desde hace 6 años: estar sola. Es ahí cuando vienen los recuerdos, cuando sentada se queda pensando en ella.

Cuando Karla desapareció su casa se encontraba en obra negra; hoy ya no. Una pared blanca en la sala resguarda los recuerdos de su niñez, de su presencia donde se conserva como una niña de 11 años. En medio de la casa, entre la cocina y el comedor, una escalera de caracol dirige a las habitaciones, donde hoy crecen sus hermanos, donde a ella le quitaron la posibilidad de crecer. Es el silencio en casa lo que le trae los peores sentimientos. 

La esperanza

Olga intentó muchas cosas para sobrellevar la ausencia de su hija, nada funcionó más que la religión.

Ella es Testigo de Jehová y en su comunidad ha encontrado la fuerza para seguir. La esperanza que dios me da, mi religión, me ha ayudado a sobrellevar la desaparición de mi hija. He entendido por qué pasan sucesos imprevistos. A veces no sabemos si vamos a regresar a casa. Le pido a Dios por mi hija. En mis oraciones le pido mucho que me de fuerzas para soportar este gran dolor que llevo dentro pero en especial se las pido para ella, porque yo no sé qué dificultades mi hija esté enfrentando. Como sea yo estoy rodeada de familia, de hermanos espirituales y carnales. Siento ese apoyo pero mi hija, mi hija no sé en qué manos esté”.

Así recuerda su mamá a Karla

Olga habla de su hija como si estuviera presente, para ella, aunque no esté físicamente, sigue ahí. Con una fugaz sonrisa dice que Karla es enojona y le gusta mucho andar en bicicleta. Karla a los 11 años juega con su hermano todos los días, no le gustan las muñecas. Tampoco bailar, le gusta ir a la escuela pero no hacer tarea. Le molesta que la manden a lavarse los dientes. Es muy reservada y prefiere la ropa que la cubra completamente. Tiene un osito de peluche, su favorito. Mismo que ahora cuida su hermana menor para cuando regrese; así mantiene vivo el recuerdo de a quien prácticamente no ha podido conocer.

Es muy complicado para Olga tener una maternidad diferente, recuerda a su hija que era cariñosa, recuerda a una niña de 11 años, pero la destruye pensar en todas las cosas que no pudo vivir con ella: Karla pasó de niña a adolescente lejos de casa, siendo víctima de desaparición forzada.  Se pregunta qué le hubiese gustado a Karla en esta etapa, qué ropa vestiría hasta el proceso de encontrar su propia personalidad.  Lo que conserva de su hija son las fotografías, sus libretas, ropa y los recuerdos.

Todos los días Olga come en familia, con su esposo, su hija y su hijo. A veces platican de Karla, pero ella termina llorando y con dolor de cabeza. Siente que su hijo evita tocar el tema porque sabe cuanto le duele a su madre. 

No hay justicia

Hace un año, Olga publicó en redes sociales que ahora busca a su hija en silencio. Al respecto comenta que ya no cree en las instituciones; “En todos lados nos han dicho que nos van a ayudar y no hacen nada. Puedes ir, llevar documentos, entregarlos, pero tristemente son palabras que el viento se lleva”. 

El manejo del caso de Karla fue soslayado por las autoridades locales, la Procuraduría de Justicia del Estado (PGJE) dirigida entonces por Alicia Fragoso Sánchez, no lanzó a tiempo la Alerta Amber. Cuestionaron a Olga sobre la relación con su hija, si ella tenía envidia de sus hermanos o si había escapado con su novio. Sí, plantearon que una niña de 11 años se fugó con su novio.

A raíz de la evidente violación a sus derechos, en enero de 2019 la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) emitió una recomendación, pero Olga lamenta que tampoco dicha institución le dio seguimiento. Asimismo, no pretende acercarse a la actual gobernadora de Tlaxcala, Lorena Cuéllar pues sabe “que siempre es lo mismo”. Así le pasó con Anabel Alvarado Varela y Tito Cervantes Zepeda, quienes fungieron como secretarios de gobierno durante la administración de Marco Antonio Mena Rodriguez, con quiénes Olga tuvo reuniones y nunca le dieron seguimiento. 

Comenta que fue algo desgastante, pues tuvo que presentar el caso ante todos los que tuvieron el cargo mencionado, pues en 4 años de gobierno, 4 personas diferentes ocuparon el puesto -además de los mencionados, también Florentino Domínguez Ordóñez y José Aarón Pérez Carro- con quienes se presentó para preguntar los avances, los cuales nunca existieron. 

“Hay mucha falta de empatía, hoy muchas familias salen a marchar y exigir justicia, pero tristemente no la habrá. Durante estos 6 años lo he confirmado, ver cómo tantas mujeres salen, piden, pero ahí queda. Yo la busco hoy de otra manera, a veces por tus propios medios, buscas, compartes. Prácticamente las investigaciones las tienes que hacer tú y llevarlas hasta sus escritorios. No hemos quitado el dedo del renglón, hemos recibido información, pero de nada han ayudado las supuestas investigaciones”. 

 

Un problema en el sur del estado

Durante la histórica marcha del pasado 8 de marzo, Olga Tezmol vio el rostro de su hija en varias fotografías de organizaciones y mujeres que llevaban carteles con consignas o el rostro de su hija. Se siente agradecida de que la sigan buscando y la tengan presente. Sin embargo, ha decidido no manifestarse más de esa manera porque es desgastante física y emocionalmente para ella.  

Olga desconocía la inmensidad del problema de trata de personas que enfrenta la zona sur de Tlaxcala, donde ella vive. “No sabía en medio de dónde estoy viviendo, yo estoy en medio de tantas personas que se dedican a eso. Si yo supiera que alguien vigilaba a mi hija nunca la hubiese dejado ir sola”.

Según el Primer Informe Trata de Personas en México que abarca de 2019 a 2020, elaborado por el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia Ciudad de México, Tlaxcala es uno de los estados donde tiene origen la trata. Siendo el sur de la entidad la zona con mayor presencia de proxenetas, específicamente en el municipio de Tenancingo.

Sin embargo, Oscar Montiel Torres, catedrático e investigador en trata de personas con fines de explotación sexual denunció a finales del año pasado que este delito se ha extendido a más de 40 municipios.

Un día sin Karla, 2309 días sin Karla

Al pasar los años Olga percibe que se va normalizando la ausencia de una mujer desaparecida ante los ojos de la sociedad. Reconoce que el caso de su hija es emblemático, que “fue muy sonado”, pero cada vez comparten menos su ficha de búsqueda. 

“He visto falta de interés en las personas, en el gobierno, recuerdo una vez que le di un volante a un señor, lo agarró, lo hizo bola y me lo aventó, me dijo: ‘no la cuidan y ahora la andan buscando’ eso, eso me desanimaba”.

Piensa en todo, en todas las posibilidades. Si algún día llega a faltar y Karla regresa, quiere que su hijo le diga que la buscó desde el primer hasta el último momento, desde que ella supo que no estaba en la escuela.

Si Karla leyera esto, Olga tiene muy claro lo que quiere decirle “Que la amo mucho, que no he dejado de buscarla, que en casa todos la esperamos; su papá, sus hermanos y yo. Queremos que sepa que la seguimos y seguiremos buscando, siempre la esperaremos”.

Tanto Olga como su esposo y toda su familia tienen la confianza de que Karla aparecerá. Han encontrado la manera de adaptar el dolor de tener un hijo desaparecido a su cotidianidad.

Así concluyen un día de cada uno de los 2309 días sin Karla hasta hoy: Olga piensa en ella antes de dormir, a veces puede conciliar el sueño, a veces no; se pregunta dónde está, cómo está o incluso si sigue viva, pero mientras ella no aparezca, mientras no sepan nada, a Karla Romero Tezmol su madre la seguirá buscando. 


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