En el norte de nuestro estado, se encuentra Tlaxco, reconocido como pueblo mágico desde 2015. Este destino es un santuario para quienes buscan la calidez de la cantera rosa, la historia de las haciendas pulqueras y el sabor inigualable de sus quesos artesanales. Pero además de eso, existe una obra arquitectónica muy peculiar el Barco de la Fé en Buenavista Santa Cruz.
Al llegar, el visitante se encuentra con una imponente estructura en forma de barco, conectada a un faro monumental a través de un puente. El diseño es una experiencia inmersiva: espejos de agua en sus costados simulan el mar, mientras que en los jardines circundantes, el pasto es cortado meticulosamente para imitar el movimiento de las olas.
En su interior, la temática náutica cobra vida en cada detalle. Sogas, amarras y un cuarto de mando con timón en el Castillo de Popa. Desde su toldilla, entre mástiles y perchas, se puede disfrutar de una de las vistas más espectaculares de la región: un horizonte donde se dibujan las siluetas del Popocatépetl, el Iztaccíhuatl, la Malinche y el Citlaltépetl.

La historia de este suelo se remonta a tiempos prehispánicos, cuando era territorio otomí bajo la influencia del Imperio Tlaxcalteca. Tras la Independencia, estas tierras albergaron la Hacienda de San Andrés, famosa por sus enormes tinacales de pulque y una pequeña capilla original. Con el fin de la Revolución y el reparto agrario, nació la comunidad que hoy conocemos.
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Fue en 1974 cuando la comunidad decidió, mediante plebiscito, construir un nuevo templo. Los trabajos formales iniciaron en 1984 bajo la visión del arquitecto y sacerdote Arnulfo Mejía Rojas. La inspiración nació de San Andrés Apóstol, quien antes de seguir a Jesús fue pescador. La barca, símbolo de la iglesia y púlpito desde el cual Cristo predicaba, se convirtió así en el eje de este proyecto que fusiona la fe con la creatividad arquitectónica.

Gastronomía y artesanía: El alma de la fiesta
Visitar San Andrés Buenavista es también una oportunidad para sumergirse en la riqueza artesanal de la zona. Durante sus festividades, la comunidad se convierte en una Expo Feria de Artesanías donde convergen creadores de Ixtacuixtla, Tzompantepec y Españita con ollas y jarros de barro. Además, la herencia otomí y náhuatl se hace presente con artesanos de Hidalgo y Puebla que ofrecen piezas únicas en madera y plata.
Si planeas tu visita, el momento ideal es durante la Fiesta Patronal en honor a San Andrés Apóstol, que se celebra entre el 29 de noviembre y el 12 de diciembre. Es la ocasión perfecta para degustar el tradicional mole de la región, una joya culinaria que corona las celebraciones y une a las familias tlaxcaltecas.

