Estamos a punto de iniciar un nuevo año legislativo en San Lázaro, un año de desencuentros, de puntos de vista encontrados y de intentonas de Morena por anteponer los intereses particulares sin escuchar razones y dejando de lado el ejercicio de debate y parlamento abierto.

La razón de ser del Congreso de la Unión, es lograr tener un país con contrapesos para evitar acciones unilaterales que dañen a las y los mexicanos. EL poder absoluto no es sano, nunca lo ha sido, y en este momento que vive México es impensable.

Para lograr ese contrapeso necesario, la propia Cámara de Diputados tiene una ley orgánica que regula su funcionamiento y establece un mecanismo incluyente donde las tres principales fuerzas políticas tienen el derecho de conducir los trabajos de la mesa directiva de la Cámara de Diputados; sin embargo, en un acto más de soberbia y con una actitud poco federalista, Morena intenta terminar con estas prácticas parlamentarias.

Resulta que la diputada Dolores Padierna presentó una iniciativa para que la próxima mesa directiva, que por ley le corresponde al PAN, sea ocupada otra vez por MORENA, derivado del argumento de que “cambió la realidad de la política en México”. Con ello, Padierna intenta que su grupo parlamentario se quede al frente de la mesa directiva los tres años, haciendo a un lado a la oposición.

La actitud de la legisladora lastima al federalismo y al derecho a la representación de las minorías. Anular la posibilidad de que otro partido tenga oportunidad de dirigir los trabajos de la mesa directiva, fomenta al autoritarismo y deja de lado la construcción incluyente de una democracia, misma que se debe reflejar también desde el poder legislativo.

Morena está confundido, cree que 30 millones de votos le dan la posibilidad de hacer con el país lo que le venga en gana, al mismo tiempo olvida, que en la minoría se encuentran representados todos aquellos quienes no coincidimos con el gobierno de López Obrador.

El autoritarismo jamás le hará bien a la democracia. El poder total conlleva una serie de causas, entre ellas el abuso de poder, que debemos impedir a toda costa desde el Congreso de la Unión.

La realidad cambia en cada elección, de aprobarse esta reforma el mismo partido podría estar condenando su futura participación en la mesa directiva, pues nada es garantía de que el mapa político continuará como hasta ahora.

Si algo es garantía de la construcción firme de una democracia, es la participación de todas y todos independientemente de la ideología. No se puede creer en la construcción de un país con una visión única, dejando de lado a todas aquellas voces que son necesarias para que México tome el rumbo del crecimiento y la prosperidad para todos.

Agradezco el favor de su lectura.