Algunas maestras, otros enfermeros, unos más quieren ser arquitectos, pero hay niños y niñas que también quieren ser militares o doctores para acabar con el dolor de la guerra en Sinaloa.
Por: Daniel Villaman de Revista Espejo.
¿Qué quieres ser de grande?, se le preguntó a 136 niñas y niños que tienen entre 11 y 12 años de edad y, aunque sus respuestas son varias, lo que predomina es el deseo de transformar su entorno en busca de paz para ellos y sus familias.
ESPEJO realizó una encuesta a niñas y niños en cuatro escuelas de distintos sectores de Culiacán, quienes compartieron qué desean ser cuando sean mayores.
Las aspiraciones de niñas y niños de Culiacán están profundamente marcadas por el contexto de violencia que vive la ciudad. Hay un número importante de infancias con interés en profesiones vinculadas a la justicia, como militares, policías o médicos forenses, las cuales relacionan con su deseo de enfrentar la inseguridad en sus comunidades.
Por ejemplo, la categoría de justicia, que incluye profesiones como militar, marino, policía, abogado y forense, se ubicó como la sexta aspiración más frecuente entre estudiantes de sexto de primaria, con el 11% de las respuestas y una prevalencia similar entre niñas y niños.
Uno de esos casos es el de Erick, de 12 años, quien mencionó que lo que menos le gusta de su colonia son las balaceras. Él desea ser militar.
Las respuestas se sitúan en un contexto de crisis de seguridad en Culiacán, que suma 19 meses desde septiembre de 2024, a partir de una disputa interna del cartel de Sinaloa.
Iván, también de 12 años, dijo que para sentirse seguro opta por no pensar en el peligro, y cree que una opción para su futuro es “ser infante de Marina, para ayudar a mi país contra la fuerza del narco”.

A lo largo de casi dos años, la fiscalía general del Estado de Sinaloa ha registrado 2,607 víctimas de homicidio doloso en la entidad, de las cuales cerca de un centenar corresponde a menores de edad.
Pero eso no detiene el deseo de María José, de 11 años, quien señaló que no le gusta “que se quemen las casas y las balaceras”, por eso quiere ser policía o doctora.
Niños y niñas: Dos caminos distintos desde la infancia
Más allá de la violencia, las infancias de Culiacán también sueñan con ser profesionistas, dedicarse a la enseñanza, seguir el oficio de sus padres y contribuir a construir una comunidad más segura.
Hay quienes quieren ser maestras, doctoras, veterinarias, arquitectos, abogados, chefs y futbolistas. En algunos casos, las aspiraciones están directamente influenciadas por el entorno familiar. Hay niñas y niños que dijeron querer ser “como mi papá” o “como mi mamá”.
Las profesiones más mencionadas fueron las relacionadas con la enseñanza, particularmente entre las niñas. El 13% de las respuestas incluyó ser maestra o maestro en educación básica. Le siguen médicos y doctoras, con un 9%.
Si se observa con perspectiva de género, se puede observar que hay una persistencia en los roles de género tradicionales. Las niñas tienden a inclinarse por profesiones vinculadas al cuidado, como salud y educación, mientras que los niños muestran mayor interés en oficios manuales y deportes.

Aunque las encuestas también revelaron que hay niños que piensan en oficios y carreras influenciados por sus familiares a quienes admiran, como Edén Fernando, quien quiere ser enfermero como su mamá, o Carlos Abdiel que piensa en ser mecánico como su abuelo. En total, el 4% de los encuestados mencionó a un familiar al explicar sus aspiraciones profesionales.

¿Qué quieren los niños de Culiacán para su futuro?
Las aspiraciones explicadas en los cuestionarios tienen una relación directa sobre lo que las niñas y niños quieren de su futuro, no solamente laboral, sino también como proyecto de vida y de su entorno.
Por ejemplo, cuando se les pregunta qué cambiarían de su colonia o de su ciudad para sentirse mejor o más seguros, las respuestas de niñas y niños de Culiacán apuntaron con claridad a dos grandes preocupaciones: la violencia y las condiciones del entorno urbano.
Hay expresiones como “que ya no haya violencia o personas que te quieran hacer daño” (Dulce Isabella, 12 años) o “que las personas no sean malas” (Alisson, 11 años) que reflejan cómo la inseguridad se ha convertido en parte de la vida cotidiana y percepción del entorno de las infancias.
A la par, también aparecen necesidades y deseos concretos sobre los espacios donde viven. Varios niños mencionaron la falta de lugares para jugar y convivir, proponiendo transformar zonas abandonadas en parques o rehabilitar juegos dañados.
“Hay una escuela abandonada, quisiera poner un parque ahí, ya que no tenemos dónde jugar”, dice Sofia, de 11 años.
La mejora de la infraestructura urbana apareció de manera frecuente como una prioridad. Hay peticiones sobre pavimentar calles, mejorar la iluminación o colocar cámaras de vigilancia.
Sus contestaciones muestran que la niñez en Culiacán está atravesada por la inseguridad, pero también por un claro rechazo a ella, por lo que lejos de normalizarla, su esperanza está puesta en transformar sus comunidades para encontrar la paz que hoy no tienen.

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