La prostitución, un sistema de violencia y tortura

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Las mujeres en situación de prostitución viven violencias y padecen tortura todos los días, sin embargo, el sistema patriarcal y neoliberal han hecho que no se visibilice está realidad, que no se reconozcan los privilegios de los hombres en la prostitución e incluso se promueve que se acepte la prostitución como un trabajo.

La violencia hacia las mujeres en la prostitución y los privilegios machistas no son fáciles de revelar, por ello, Ana de Miguel plantea que es necesario tener una visión crítica de los conceptos, que nos ayuden a ver la violencia patriarcal que se esconde.  La Real Academia Española plantea que la prostitución es la “actividad de quien mantiene relaciones sexuales con otras personas a cambio de dinero”, por su parte, Ana de Miguel nos dice que la definición hegemónica de prostitución  es “el intercambio de sexo por dinero” y para que sea permitida la prostitución, se plantea como “el intercambio de sexo por dinero entre adultos, de forma consentida y por un módico precio”, pero desde sus investigaciones, la prostitución no es un intercambio ni es trabajo, es abuso, violencia y tortura.

Sonia Sánchez, mujer argentina y sobreviviente de la trata, afirma que en la prostitución “las mujeres son cuerpos sacrificables, cuerpos que no importan como tal, son un producto comercial, un objeto de placer para los varones, un envase donde pueden volcar todas sus violencias los torturadores-prostituyentes -hombres que demandan prostitución-… son cuerpos penetrados hasta 30 veces de forma anal, bucal y vaginal diariamente… son cuerpos violados, golpeados, matados y alquilados, y aún así, siguen produciendo dinero”. En su relato cuenta que, a los 16 años, ella buscaba trabajo, pero en lugar de eso, los tratantes la colocaron en un lugar donde los consumidores-prostituyentes la consideraban prostituta, era usada por los hombres para su placer, vivía múltiples violaciones todos los días por los consumidores-prostituyentes-, los tratantes y las autoridades, que la condujeron a crear una realidad paralela, aquella donde no se quiere reconocer, ni tomar conciencia de las violencias que viven.

Sonia nos revela una realidad que el patriarcado ha ocultado bastante bien, pues los hombres que recurren a bares, casas de masajes, table dance, hoteles, moteles, no dicen voy a violentar y torturar mujeres, desde la perspectiva masculina, ellos tienen el derecho a usar mujeres para satisfacer su placer, a partir del poder que se dan y del dinero que tienen, dicen; voy a divertirme, relajarme, voy a echarme una canita al aire, entre otros calificativos más que invisibilizan la violencia que los hombres ejercen hacia las mujeres en la prostitución e  incluso, de manera ilegal les permite tener acceso a niñas, como el relato de Sonia lo confirma, pues al tener 16 años, por derecho, se le consideraba niña.

Para que los hombres puedan sostener su privilegio sexual y tener libre acceso a un grupo de mujeres se ha creado la prostitución, sistema desde el que se invisibiliza socialmente la violencia. Esto opera a través de creencias como “la prostitución es el trabajo más antiguo del mundo” cuando en realidad, dice Sonia, es “la esclavitud más antigua”, por lo que no puede considerarse un trabajo qué te violenten, te anulen, te torturen y no reconozcan tus derechos socialmente y a partir de estas historias de vida, preguntémonos ¿Esto es lo que queremos que aspiren las niñas y adolescentes como trabajo? ¿Realmente queremos ser parte de este sistema donde a los niños y adolescentes se les convierte en consumidores-prostituyentes-torturadores (es decir se les deshumanice)?

Carole Paternan, plantea en su libro El Contrato sexual que “la prostitución es la utilización del cuerpo de la mujer por un varón para su propia satisfacción. No hay deseo o satisfacción por parte de la prostituta. La prostitución no busca el placer mutuo en el intercambio de los cuerpos, sino que es el uso unilateral por un varón del cuerpo de la mujer a cambio de dinero.”

“Ninguna mujer nace para puta” es una consigna clara que Sonia Sánchez promueve, para que ninguna mujer este en situación de prostitución, es necesario que las autoridades asuman su responsabilidad de implementar políticas públicas que por una parte garanticen desde la infancia sus derechos humanos, especialmente la alimentación, salud, vivienda, educación y trabajo bien remunerado; y que por otra, visibilicen que en la prostitución las mujeres viven violencias, es decir, que tenga como objetivo principal concientizar a los hombres para prevenir que se conviertan en prostituyentes-consumidores, si estas política públicas no se implementan, entonces seguiremos teniendo un gobierno que se colude con el sistema capitalista y patriarcal que a diario violenta y explota a las mujeres y las niñas.

Marisol Flores Garcia

Centro Fray Julián Garcés Derechos Humanos y Desarrollo Local A. C.

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