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No queremos volver a la normalidad, porque la normalidad es el problema…

Por: Federico Luis Pöhls Fuentevilla. 

  • Así se ha escrito en las paredes de varias ciudades del mundo, y México y Tlaxcala no son la excepción.

Casi desde la llegada de la pandemia a México y a Tlaxcala, y un poco antes en varias partes del mundo, muchos analistas y comentaristas empezaron a publicar sus consideraciones acerca de las causas de la aparición del virus, haciendo ver que se trata, al menos en buena parte, de una consecuencia de la manera en que se han venido organizando la producción, el consumo y el crecimiento urbano, y no sólo una mutación espontánea causada por un mero proceso biológico. Así, investigadoras e investigadores de diversos países han ido coincidiendo en que los procesos de deforestación y la desertificación, la destrucción de territorios por el extractivismo, la industrialización de todos los procesos tanto de manufactura como de producción intensiva de plantas en invernaderos gigantes y animales en megagranjas, como cerdos y pollos, los cambios de uso de suelo para favorecer la creación o ampliación de concentraciones urbanas y, en términos económicos, el considerar que el crecimiento económico es la única medida válida para considerar que un país es desarrollado o está en vías de llegar a serlo, han provocado situaciones que favorecen la destrucción de los procesos de control que tiene la naturaleza y sus mecanismos de equilibrio. Y con esto se ha llegado no sólo al cambio climático y sus efectos físicos sino a afectaciones biológicas como esta, que pone en peligro la vida de toda la humanidad.

A partir de estas consideraciones analíticas, se han expresado posturas diversas acerca de cómo deberíamos reorganizarnos para enfrentar el proceso que vendrá cuando se vaya superando la etapa fuerte de los contagios, junto con la crisis económica y de precarización de la vida que ya teníamos desde hace años, pero que se va agravando también por esta situación. En términos generales, podríamos agrupar en dos bloques esas posturas:

Un bloque, como se podría esperar, expresa la postura de quienes se aferran a que nada cambie, a que la normalidad que nos trajo a esta situación se recupere como si nada hubiera pasado. O, si acaso, como si se tratara solamente de una lluvia fuerte o un temblor de los que tendremos que esforzarnos por superar pronto y volver, quizá luego de algún duelo irremediable, a lo que veníamos haciendo. Al fin que el tiempo lo cura todo.

En esta primera postura están gobiernos, empresas e industrias que se esfuerzan en este periodo por brindar asistencia para solucionar las necesidades inmediatas que se presentan (despensa, préstamos, descansos solidarios…) mientras la población y las y los trabajadores son autorizados a salir libremente a la calle y regresar a sus líneas de producción, a sus escritorios, a sus campos, sus corrales o a sus invernaderos.

Se esfuerzan pues, porque el sistema de colonización impuesto por las industrias y administrado por los gobiernos en México, y en Tlaxcala por supuesto, no se modifique. Quieren evitar, como lo describió José Emilio Pacheco hace años, que la población tome conciencia de las condiciones de desigualdad a las que se le ha sometido desde hace años, de que este sistema puede brindar posibilidades de supervivencia, pero que fundamental e irremediablemente es un negocio cuyo objeto último lo constituye la ganancia de la empresa y de la industria. Y que en esa ganancia radica su interés real, que la buscan a costa de lo que sea, y a veces a costa de la vida de quien sea, y que, para asegurarla se basan en desregulaciones o regulaciones negociadas y hechas a modo que les permiten producir lo que pretenden, aunque con esto destruyan el ambiente, la salud y la organización de las comunidades donde se asientan.

El otro bloque expresa la posición de quienes, al contrario, estamos convencidos de que no debemos regresar a la normalidad en que vivíamos, pues es justo esa normalidad la que nos trajo a esta situación. Una normalidad provocada por un sistema económico que busca a toda costa convertirlo todo en mercancía, se trate de los productos manufacturados, de los alimentos, del agua, de la energía y hasta de los servicios básicos como la educación y la salud; un sistema que en México se ha impuesto desde hace ya más de 30 años y que ha provocado la mala alimentación en la gran mayoría y la pobreza de más de la mitad de la población.

En esta postura estamos gran cantidad de ciudadanas y ciudadanos en México, en Tlaxcala y en muchas otras partes del mundo, que hemos apostado desde hace años por la construcción de un mundo diferente, en el que todas y todos cabemos y podemos vivir con dignidad, un mundo en el que se coloca a las personas en el centro y no al capital y la ganancia. Esto se ha ido logrando ya, poco a poco, en diversos lugares del país, y de Tlaxcala, y consideramos que estamos ahora ante la posibilidad de que se fortalezcan las bases para que las familias y las comunidades retomemos el rumbo, desde nuestros valores comunitarios, llevando a cabo los cambios que sean necesarios para mejorar nuestros procesos ya iniciados de producción sana, comercio justo y consumo responsable.

Es tiempo de reconstruir el tejido social para que las personas se conviertan en las protagonistas del proceso de construcción de condiciones más justas y dignas para sus familias y sus comunidades hoy, y para las generaciones futuras. Es tiempo de procurar el establecimiento de un verdadero diálogo social por el que se invite al gobierno y a las empresas en Tlaxcala y en México a guiarse por criterios éticos, y desde ahí a construir de manera corresponsable, junto con la población de las comunidades, políticas, programas y acciones que lleven realmente a la solución de los problemas públicos más urgentes. Es tiempo de realizar los cambios que sean necesarios en la legalidad de manera que no se siga construyendo con base en la inmoralidad que provoca el afán de ganancia y a costa de la salud de la población y de la destrucción del ambiente, sino que se legisle y se establezcan normas sustentadas en la búsqueda del bien común.

Es tiempo de cambiar los parámetros de medida en México y en Tlaxcala, asumiendo que ya se ha demostrado hasta el cansancio que el PIB y el ingreso promedio no son medidas reales de los procesos de desarrollo de los pueblos. Ya desde los años 60, Roberto Kennedy en los Estados Unidos afirmaba que el PIB es un indicador que “…no mide la salud de nuestros niños, ni la calidad de su educación, ni mide nuestro coraje, ni nuestra sabiduría o nuestro aprendizaje. En suma, este indicador mide todo, excepto todo aquello por lo que merece la pena vivir (…)” Y bueno, es claro que prefirieron matarlo en 1968 antes que hacerle caso, y ahora están pagando las consecuencias de la manera más cruel.

Pero, como lo hemos dicho varias veces, y lo seguiremos insistiendo, afortunadamente no todo está perdido en Tlaxcala. Desde lo que ya se ha logrado en las comunidades, mantenemos la esperanza de que las ganas de vivir de la población, y sobre todo de ejercer sus derechos para vivir con dignidad, se irán imponiendo poco a poco desde las comunidades mismas de manera que lograremos desnormalizar la normalidad que nos trajo a esta situación.

1 Coordinador del Programa de Procesos Organizativos Comunitarios Socioambientales, del Centro Fray Julián Garcés Derechos Humanos y Desarrollo Local.

2 Cfr., por ejemplo, el artículo y las referencias que cita Ángel Luis Lara en: Causalidad de la Pandemia, Cualidad de la Catástrofe (https://www.eldiario.es/interferencias/Causalidad-pandemia-cualidad-catastrofe_6_1010758925.html)

3 Cfr.: La libertad y las cadenas, en: Fernando Benítez y José Emilio Pacheco, Crónica del Puerto de Veracruz. Universidad Veracruzana, reedición. México, 2019.

4 Citado por Pedro Rangel, en su artículo ¿El fin de la era del PIB?, publicado como invitado de la Revista Forbes, en febrero de 2020. (https://www.forbes.com.mx/el-fin-de-la-era-del-pib/fbclid=IwAR1iYcmBIO1G6CWMe_GqyxV3IxuDfEjWrvCsUZ0reneD7GpmLrSSEdg8n48) Escenario Tlaxcala no recibe dinero por convenios oficiales y no pretendemos hacerlo. Necesitamos de ti que eres parte de esta comunidad de lectores. Suscríbete a nuestro ejército de guerreros y luchemos juntos por más periodismo independiente y contra la desinformación.

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